Cuatro peleas de Boxeo entre los críticos de cine quedan por definir. Hoy, las dos primeras. Más tarde, un texto sobre la película que debe ganar en la Categoría de Películas de Ficción: Luz silenciosa.
PRIMER MATCH
Película:Sur la trace d´Igor Rizzi, de Noel Mitrani (2006)
Esquina roja- José Romero (Revista godard!) En contra
Un ex-jugador de fútbol, devenido en torpe ladronzuelo, añora sólo recuperar el amor perdido, mientras que –sin darse cuenta- debe cumplir su primer trabajo como asesino a sueldo. En el níveo escenario de Québec, se inscribe esta historia de redención claramente influenciada por el estilo de Aki Kaurismaki. No importa quién es Rizzi ni las razones por las que nuestro protagonista es contratado para matarlo. Lo que realmente interesa es por qué se dio la separación que convirtió a este hombre en la patética sombra de lo que fue; y hacia dónde lo llevará su extravío.
Pero esta información básica es dada a cuentagotas y de manera confusa, lo que termina por dañar el conjunto; ni mencionar el lento arranque del filme. Aún así, vale resaltar la conmovedora interpretación de Laurent Lucas como Jean-Marc Thomas, un sujeto solitario que transita desesperado y arrepintiéndose (siempre de manera tácita) por el instante en que su vida cambió drásticamente.
Esquina azul - Jaime Akamine (Revista godard!) A favor
Esta es la historia de reconciliación de un hombre con su vida. Pero lejos de apostar por una visión tortuosa del tema, la cinta está manejada con soltura. Es decir, desde una sensibilidad que privilegia el humor, el tono relajado y absurdo, la teatralidad y el contraste de lo ridículo con lo íntimo.
Por eso, los mejores momentos del filme son aquellos donde reina el despropósito y donde las situaciones descabelladas se redoblan como señales permanentes de un entorno insólito. Bajo esta lógica los personajes aparecen y desaparecen sin tantas referencias; las acciones se confunden a favor de la fuerza evocativa del relato y la trama es un mero vehículo para dosificar el peso de la reflexión. Tras esa nube de distorsiones, hay finalmente un aire nostálgico que envuelve a las imágenes, logrado a partir de una voz en off que narra un pasado sentimental doloroso y de unos escenarios invernales que parecen coincidir con el ánimo del protagonista.
La jueza decide:
Suena la campana. Akamine se juega el repechaje, así que entra más curtido que en un match anterior, directo a marcar el territorio. Romero avanza con moderación. Conoce el ring, se toma el tiempo para avanzar, alza el brazo derecho, lanza algunos golpes, recibe otros, todo con tranquilidad. Akamine ataca con la diestra, pero tiene la zurda muy abajo y deja opción al contragolpe. Habla del humor, del tono absurdo, del despropósito. Esto es señal de lo “no tortuoso” y de la “soltura” del filme (hay que recordarle que muchas veces ocurre lo contrario: el tono absurdo resulta tortuoso). Así parece entenderlo Romero, quien justamente ataca por ahí: “la información es dada de manera confusa” (hay que recordarle que muchas veces la confusión hace encantador a un filme). Ambos apelan al mismo confuso swing, aunque sin contundencia. Akamine, ahora más experimentado, expone más razones para su ofensiva. Para cuando suena la campana, ha vencido y su alma está salva.
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SEGUNDO MATCH
Película: Cara de queso, mi primer gueto, de Ariel Winograd (2006)
Adriana Murguía – Redacción de Vértigo (Asumo que) Le gustó
Cara de queso, mi primer gueto suele ser equívocamente confundida por una película para niños, cuando en realidad se trata de una mirada fría e irónica a una infancia que cada día se acerca más a la adolescencia. En un club de verano para judíos en Argentina, conocemos a los varios personajes y las características que los definen. Así, el director Ariel Winograd crea un mosaico del mundo que da vida a este entorno familiar.
Cara de queso… nos recuerda a Bienvenidos a la casa de las muñecas, de Todd Solondz. Ambas tienen en común el relato sobre el comienzo de una larga pubertad llena de incomprensiones, secretos y humor negro. Esta autobiografía cinematográfica dice mucho con pocas palabras y simplicidad. Si hay algo erróneo, tal vez sea desaprovechar al gran reparto que compone este largometraje, que incluye a Mercedes Morán, Federico Luppi y un nuevo grupo de jóvenes con talento que debutan en escena.
Manuel Bonilla – RevistaTren de sombras ¿También le gustó?
En las afueras de Buenos Aires, el club El Ciervo resulta un universo cerrado, dividido en lotes y bungalows debidamente enumerados. La comunidad judía que convive en este espacio no vive prisionera: permanece a salvo detrás de muros con otros que presume como iguales, librándose a la vez del encuentro con el otro.
La película transcurre y demuestra que ello no es garantía por cobrar. El choque y la propia discriminación dentro de este espacio ya controlado, vigilado y que propone leyes de juego propias, conduce al desmoronamiento tragicómico de lo que podría configurarse en las mitologías de los adolescentes del film como una villa idílica, un club, un resort, un condominio donde la felicidad parece concreta y es patrimonio de los socios. El director Ariel Winogrand recibe el apodo fatal de su álter ego ficcional: Cara de Queso, y bajo él se identifica y confiesa en ese verano dentro del country, junto (y lejos) de otras familias judías que lo habitan, en una cómica danza de pretensiones, vanidades, hipocresías, y sobre todo, incertidumbres.
La decisión de la réferi es...
La campana suena… pero los boxeadores –categoría Juniors- no quieren pelear. Debe ser que algo huele mal en la escuela de la crítica. Faltan maestros que, a la manera del viejo Clint en Million Dollar Baby, se dediquen a entrenar con firmeza a los jóvenes valores, deseosos de consistencia. Tienen poco tiempo para ganar, sino por K.O., al menos por puntos, pero parecen peleados con la argumentación. Murguía, aún encapsulada en los esquemas clásicos, se demora en calentar. Bonilla es retórica pura. ¿Hasta cuándo frases como “la película transcurre”. Por golpes así, esta réferi se ve obligada a amonestarlo. Murguía lanza los primeros golpes haciendo referencias informativas, pero sin mucha fuerza (se parece a la de Solondz… ¿y eso es bueno, malo, o ni una ni otra?). Bonilla no reacciona. Murguía termina tomando partido, con timidez aún. Bonilla, como sucedió con otro púgil de su equipo, parece haber escrito todo su texto como introducción al de Murguía. Esta señorita, sin despeinarse, gana casi por walk over.
Mientras esperaba la proyección de la película Luz silenciosa, me encontré con el amigo Gabriel Quispe, uno de los críticos responsables de la página Cinencuentro.com, quien me detuvo para hacerme una observación amistosa. Resumiendo, era algo así como:
"Oye, Fernando, ¿cómo es posible que mientras estamos discutiendo la discriminación existente en el Festival debido al afiche, su página saque bronquillas entre críticos? ¿Por qué no lo comentas? Está bien que la página vaya a terminar pronto, pero no hay que terminar con frivolidades".
Observación amistosa, repito. Tan amistosa como la que el señor Óscar Contreras les hizo a Cinencuentro hace una semana al reclamarles por comentar películas antes que el Festival arranque. Al igual que en ese momento, me atrevo aquí también a opinar, ante el afanoso pedido del crítico amigo.
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De pronto, la correcta sociedad civil se revuelve y hace gestos de ascos por un afiche.
"¡El Festival discrimina!", aúllan. Vaya novedad, niños y niñas. Parecen nuevos. ¿Primer año en el Festival?
En Lima, lo que se llama "cultura", es discriminatorio casi por esencia. Discriminar, en el sentido pleno del término. ¿Cuántas veces alguno de ustedes, lectores, ha ido al Teatro Plaza de Larcomar o a un concierto en el Vértice de la Nación? Un amigo antropólogo tenía hace unos años de llenar la sala del Británico en Miraflores -entonces, El mercader de Venecia- con miembros de una comunidad indígena. Faltó dinero para hacerlo. ¿Qué hubiera sucedido?
¿Qué sucede en San Isidro? ¿En estos años de Festival alguien vio a algún amigo de Comas o Independencia? ¿Van grupos enteros de la UNI? ¿Alguien vio a Tula? (Uf, y ahora nadie llore por estas frases).
¿Quiénes van al Festival? Van pues las señoras de cabello teñido y abrigo. Van señoras un poco más jóvenes y atractivas, ya entraditas en años pero con membresía en el gimnasio. Van los jóvenes abogados, socios minoritarios de exitosos buffets. Van las chicas de Letras y la mancha de Artes. Van los comunicadores de las universidades privadas y algún economista con aspiración de artista. Van los críticos con saco y jean. Van los empresarios aspirantes a conversaciones de moda. Así ha sido desde el inicio y eso ha sido objeto de burla muchísimas veces.
¿Y ahora?
De pronto todos se arañan. El afiche del Festival de Lima es criticable, pero más que por un afectadísimo afán de corrección social, por una visión de la mirada que el Festival tiene de sí mismo (el club de amigos de los organizadores en medio de un barrio de tercera y no un encuentro de conocimiento y exploración de lo que se viene realizando en este arte).
Resolver el asunto del racismo aquí es absurdo, pero habría que tomar en cuenta un detalle: antes que discriminación, creo que valdría la pena pensar en autodiscriminación. Es otro cantar que en algún libro o, bueno, algún blog -el de Tanaka, Portocarrero u otro noble señor- encontrarán quizás mayores detalles.
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Termino diciendo que me sorprende que una página tan inmaculada como Cinencuentro se quiera comprar un pleito tan monse. Recuerdo que cuando publicamos una nota contra el productor Jaime Carbajal en esta página, alguien de esa página dijo, pulcramente, que mejor era no meterse, que eso "era política". También recuerdo que cuando se ha criticado posturas, ideas y obras mismas de algunos cineastas, siempre Cinencuentro -primero el Perú- ha apostado por la diplomacia y su buena onda.
Que la mayoría de películas de este Festival sean olvidables no es justificación para que lo más trascendente de este evento sea un póster. Prefiero, diez veces, leer las discusiones de los críticos -y eso es mucho decir-.
Amigo Gabriel, te recuerdo que, como en las películas malas, muchos petardos ocultan el vacío del discurso.
¿Qué puede significar para uno el quedarse quieto? Detenerse, pisar el freno, hacer una pausa para reflexionar, para mirarse, para hacer esas evaluaciones de retiro espiritual que a anestésicos puertos usualmente llevan.
¿De eso trata esta película? No. Es distinto elegir detenerse que aparecer (permanecer) quieto. En Hamaca paraguaya, permanecer es una constante, un vivir-así. No hay voluntad explícita de detenerse para mirarse. Lo que hay es quietud a priori, inmovilidad de dos vidas seniles hace rato estancadas.
¿Por qué motivos se puede estancar una vida, un personaje, una historia?
Uno de las principales razones es verse afectado por una pérdida terrible. Ocurre que uno se estanca, no porque no hayan opciones de escape, sino porque no hay voluntad de hacerlo. A los ancianos de esta película, el hijo se les fue a la guerra y no ha vuelto. Ellos, incómodamente sentados sobre la hamaca, y más por necesidad que por placer, se empeñan en recordarlo, viviendo entonces -el presente- en el pasado. Casi sin moverse. Prácticamente sin hablar.
“¿Y qué? ¿De qué trata? ¿De verlos sentados sin hacer nada excepto lamentarse? ¿Es todo?”, se oye en el corredor. No, no es solo eso. Hay una lucha que se percibe tímida, delicadamente, como la brisa que nunca llega a la selva paraguaya, pero de un terrible atractivo:
Permanecer quietos no solamente impide el desarrollo, la superación y todos esos estados ennoblecidos por la era moderna. Estar paralizado es, a ojos de todos, señal de inquietud. Hacer nada es ridículo en estos tiempos –en todo nivel-. Y, sin embargo el no-avanzar hacia algún punto es también el no-avanzar hacia el final de todo, es decir, estar quieto significa la ilusión de que la muerte no lo alcance a uno.
Los viejos saben de seguro que la muerte les llegará. Pero, aunque parezca que esperan con resignación, hay una notoria señal de su vitalidad: Madre y padre discuten sobre el regreso del hijo, se oponen, dicen que sí regresa, dicen que no. Estar vivo –enmarcados en la inmovilidad existencial-, estar vivo es asumir una posición y defenderla. En cambio, no tener ninguna, resignarse, esa es la muerte. Son discusiones, aunque envueltas en amargura latente, pero con esperanza al fin. Sobre la hamaca, dejar de discutir es avanzar hacia la verdad incómoda. Para vivir, los ancianos prefieren quedarse quietos (esto basta por ahora, aunque la lectura se estirará en los siguientes párrafos).
El pasado está presente. Quietud es vitalidad. Como usualmente se dice del amor, en este filme las antítesis se unen. Con una entereza conceptual bien depurada, Paz Encina, la responsable de esta película, lleva ahora estas ideas al plano formal.
LO FORMAL
El concepto de una película puede estar claro, pero sucede muchas veces que, al momento de llevar las ideas al celuloide, la fuerza inicial se pierde e las etapas de realización. Este no es el caso, ni de lejos.
¿Cómo registrar a unos personajes que se quedan en el pasado? Desde luego, lo más lógico es hacer que estos personajes tengan flashbacks o hablen siempre del personaje ahora ausente. Paz Encina asume estos recursos, de los más sencillos del cine, y les da su toque renovador, puliendo una piedra de toque en el aspecto sonoro:
Ves a los ancianos sentados, ya ni abren la boca, pero hablan, escuchamos sus voces. El hijo no está, pero ellos escuchan –y escuchamos- la voz del joven ausente, presente en ellos, casi masoquistamente. Los ancianos ya no se miran, pero saben qué le sucede al otro. Como vecinos lejanos de Pedro Páramo, existen y no. Hablan con otras personas, a las que no vemos. Y hablan, de nuevo, sin mover los labios. ¿Conversaciones imaginadas o ancladas en la memoria? ¿O ambas?
El diálogo sonoro, no visual, está presente en todas las escenas. Con esto se consigue, no solamente que el pasado se muestre en tiempo presente, sino también queda marcada la doble lectura de toda la obra: ¿en qué tiempo viven esos ancianos? ¿Son recuerdos? ¿Son sus diálogos recuerdos? ¿No serán sus diálogos con el cartero y el veterinario recuerdos también? ¿No estarán viviendo, ya, la resignación de la muerte mientras recuerdan el reciente pasado donde todavía, al menos, discutían?
¿O es que se trata de una región tan olvidada que ni siquiera hace falta abrir la boca –basta con los ojos monótonos- para comunicarse con el otro? La variante de lecturas aumenta la riqueza de esta obra. Mi interpretación va por afirmar que el tiempo de las palabras, de la voz, de lo hablado, es el pasado. Hace tiempo que esperaban. Hace tiempo que los anuncios de la guerra y de la muerte les fueron anunciados. Hoy solamente son los últimos resquicios de memoria que los mantienen “vivos” (bien podría decir “inertes”). Ahora, toca el silencio.
Los sugerentes elementos sonoros no terminan ahí. Antes, en el pasado, los ancianos hablaban y sus diálogos resultaban inacabados, para no acabar con uno mismo. De pronto uno de ellos deja las preguntas sin contestar para que el rastro permanezca. O de pronto oímos una bandada pero no vemos ningún ave. El estar presente, a dos niveles (pasado y presente), formalmente se presente también a dos niveles (audio, visual). ¿Dónde están los momentos débiles de esta apuesta? Cuando el diálogo, justificado por la vejez de sus personajes, se vuelve explícito (uno de los ancianos dice “ya, estoy triste”, lo cual es evidente a todas luces). Con todo, es una película desde su concepción, decididamente sonora. Cualquier aspirante a buen sonidista debería analizarla.
¿Y la cámara? Está inmóvil y alejada de los personajes. ¿Por qué la cámara fija? ¿Por qué los planos de “larga” duración? Porque la expresión va en búsqueda, consecuentemente, de la quietud, la inmovilidad. Todo parece estancado, las conversaciones no alcanzan ningún punto, los pájaros y la lluvia nunca aparecen. No hay que decirlo, sino verlo. Esperar y concluir. Es el cine que te permite llegar a una reflexión en tu mente y regresar a la pantalla. Que encuentra su riqueza en la contemplación, no en la información.
¿Por qué la cámara alejada? Creo que, principalmente, existen tres motivos. Primero, asumir un distanciamiento formal sobre el asunto en cuestión: analizar sin sentimentalismos un escenario que se presta a la emotividad (nostalgia, tristeza, pérdida, ancianos). Puede resultar un recurso antipático el contemplar cómo resultan afectados dos personas, de manera científica, para que luego el espectador haga su propia evaluación. Segundo, la cámara alejada crea la posibilidad de sostener el juego sonoro de hacernos pensar que los ancianos hablan, cuando no es así. Es decir, permite no ver sus bocas. Además, la cámara distante es también una acertada muestra de respeto a la memoria de una generación.
Y, sin embargo, la cámara también se acerca ¿Por qué se acerca? Por el habitual recurso de dar énfasis a lo que está sucediendo: Oímos determinada conversación con el hijo, con el veterinario, con el cartero y aparecen los cortes del montaje: del plano general pasamos al medio y después al primer plano. Esto, así, es el aspecto más convencional de la película, donde ésta, si bien no decae, abandona su propuesta formal, al menos con sus primeros planos.
Por último, aunque casi nadie haga referencia a ellos, sin duda hay que mencionar a los actores de la película, Georgina Genes y Ramón del Río. A pesar que el peso de la película recae, para mí, en un nivel conceptual, estos actores no son simples muñecos funcionales que pelan naranjas, se paran y se sientan, que cuentan hasta diez y se mueven. Hay en ellos un evidente trabajo actoral, dominio del espacio, del tiempo y una tremenda expresividad cuando la cámara está cerca. Y si sus personajes son fuertes por su amarga expresividad, las locuciones guaraníes, esas voces que llenan la sala sin descanso, son estas dicciones sin las cuales toda la película (y su concepto y su cámara fija y su lluvia que demora) no sería lo que es.
Da gusto que en un país como Paraguay, sin tradición cinematográfica, sin industria ni laboratorios, sin festival ni escuelas, apelando a su propia historia, a lo que acá muchos –exigiendo vergüenza- llaman “regionalismo” o “costumbrismo”- aparezca una obra como Hamaca Paraguaya conceptualmente tan bien construida y, por lo mismo, tan abierta a cualquier espectador de cualquier parte del mundo. Deberíamos avergonzarnos un poco todos.
No me gusta por ser una obra con un concepto detrás. Lo agradezco, sin duda, pero, por ejemplo, La soledad, de Jaime Rosales, es una película conceptual, pero se vuelve tan manipuladora y falsa que hace sospechar de su vaciedad. Me gusta porque hay coherencia en llevar ese concepto a la pantalla, porque se atreve a explorar un tratamiento distinto a temas conocidos, porque exhala seguridad de una directora debutante -Paz Encina-, porque implícitamente hace referencias al cine mismo y porque estimula el pensamiento, al menos el mío, aburrido de ver tantas películas que desaparecerán de la memoria en poco tiempo. De este Festival, una de las pocas películas que permanecerá como un buen referente, será Hamaca Paraguaya.
Fernando Vílchez Rodríguez
* Esta es una opinión no de la página sino del redactor.
FILM: Das Leben der anderen / La vida de los otros (2005),
de Florian Henckel von Donnersmarck
Esquina roja - César Miranda (revista godard!)
En contra
Una primera mirada deja ver del filme su correcta factura en cuanto a fotografía y producción, pero la cinta alemana peca por su ortodoxia y formalidad, desperdiciando un tema interesante y prometedor. Falla al no mostrar un sólido retrato de una época funesta, así como de la desesperanza, paranoia y sumisión de los que viven dentro de la Alemania comunista de inicios de los ochentas, debido a que sigue al pie de la letra las reglas del género.
Son los personajes del dramaturgo Dreyman (Sebastián Koch), la actriz Christa-Maria Sieland (Martina Gedeck) y los artistas que forman su círculo en donde se ven las grietas al construir sus personajes: sus registros no poseen la densidad para mostrar el ánimo general de constante peligro y acoso, recurriendo a estereotipos que debilitan las intenciones de fotografiar un país sumido en el miedo. Y con un final bastante arbitrario, su director quiere dejar a todos satisfechos, responder todas las preguntas y cerrar con un final feliz perdiendo la premisa generadora del filme.
Esquina azul - Martín Sánchez (revista Tren de sombras) A favor
Fue una sorpresa saber que la cinta del alemán treintañero Henckel von Donnersmarcks se alzó con el Óscar al Mejor filme Extranjero del 2007, superando a El laberinto del fauno, la gran favorita. El marco del filme es la represión, el acoso a los disidentes y el clima social en la RDA, a poco de caer el Muro de Berlín. El guión, también de autoría del director, desarrolla la rutina de un implacable celador y fisgón, y la vida cotidiana de sus ocasionales víctimas: un respetado intelectual y su esposa, los otros.
Se exponen los férreos mecanismos del sistema y también el arribismo y la corrupción, inherentes a cualquier totalitarismo. Pero el engranaje no termina por anular el fuero íntimo del fisgón y una suerte de conversión es posible: la vida que se filtra a través de los receptores le revela su soledad. Von Donnersmarcks tiene el talento para acercarnos y también para hacernos mirar desde lejos, sin apelar al manierismo.
And now... Judge´s veredict:
Pelea de antesala. Suena la campana y Miranda se acerca rápidamente. Demuestra seguridad, quiere ser contundente, pero la prisa en los golpes lo obliga a dejar algunos flancos sueltos: habla de un género, sin precisar a cuál se refiere (¿el espionaje?¿thriller político? ¿un drama a secas?). Sánchez no ataca, tampoco defiende. Encima del ring, saca una pizarra, dibuja el contexto, anota datos y para cuando se da cuenta, ya va perdiendo. Dos tercios de su defensa pueden servir, tranquilamente, de introducción al texto de Miranda, quien agradece la ayuda involuntaria. Sánchez, con la inocencia de un gancho al aire, termina su largo trote descriptivo diciendo que el director tiene talento. Suena la campana. Miranda, sin sudar, vence cómodamente y clasifica.
Luego de su desaparición a causa de demasiados exámenes finales, nuestra simpática columnista María José Rey abandona sus latigazos contra Hollywood y escribe sobre un detalle agradable que viene apareciendo en Vértigo, el Diario del Festival de Lima:
Vemos en este folleto una sección llamada BOXEO, en donde dos críticos tienen unas 150 palabras para agarrarse a parrafazos y defender, uno, y atacar, el otro, a la misma película. Aquí, los textos de los dos primeros encuentros, con el inapelable fallo de la jueza al final.
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PELEA 1
El espíritu de la pasión (Bin-Jip), de Kim Ki-Duk (2004)
Esquina roja - MARIO CASTRO (Revista godard!) No le gustó
Si Coelho fuera cineasta y menos torpe de lo que es escribiendo; si sus fábulas fuesen tan rotundamente budistas cual impertérritos muñequitos regordetes de porcelana que tugurizan hogares de tías y madres; añadiendo –calculadora ingenuidad perversa- el sabio toque de la sumisión siniestra, propio de la ética tarada de la telenovela; entonces el resultado sería el Kim Ki-Duk angélico-parabólico de El espíritu de la pasión (3-Iron).
El amor de dos mudos funcionales (no intercambian verbalmente ni medio haiku) se realiza ¿plena?, calderonianamente (vida igual sueño, etc.), cuando uno de ellos redondea, sutiliza, su vocación de fantasma (queda en la conciencia del espectador si se come la metáfora). ¿Todo para eso? El idealismo más (des)consolador y la más pura tontería se unen en un abrazo masoquista, que de no ser tan increíble y ridículo sería, quizás, escalofriante. La ejecución cinematográfica solvente y elegante se agradece y es insuficiente. La Ghost coreana. (MCC)
Esquina azul - GABRIEL MESETH (Blog La cinefilia no es patriota)
Le gustó
Qué difícil seducir con la trillada fórmula de la muchacha cautiva y el caballero que aparece en pos de su rescate emocional. Pero Kim Ki-Duk no se desanima ante ello y, reinventándola para el presente y en coreano, se enfrenta a un riesgo del cual sale bien librado.
El director hace uso de un motivo propio de su cine más reciente: señalar un camino hacia la purificación espiritual. En esta ocasión, se trata de superar las adversidades del destino mediante un romance donde el silencio adquiere una fuerza expresiva más poderosa que la palabra, y en el que (como dicta la filosofía sanjuanista del “toda ciencia trascendiendo”) se abandonan las limitaciones del cuerpo para dar paso a la ubicuidad del alma como única posibilidad para la consumación de un amor en apariencia inasequible. Todo esto impregnado de una melancólica elegancia, la cual concede primacía a los sentimientos, hallados aquí por encima de cualquier perspectiva conceptual. Por eso, románticos incurables, bienvenidos sean. (GM)
El veredicto de la jueza:
Los boxeadores se saludan y suena la campana. Castro sabe que no tiene mucho espacio y entra con la pierna en alto. Además, ataranta con su lenguaje. Juega a la boquilla y hace recordar a Alberto Angulo (¿qué fue de ese señor?). Meseth, con estilo más clásico, gira alrededor de su oponente, aunque se demora para entrar en calor, quedando en desventaja de arranque. Ambos mencionan el tema del silencio como base de su gusto o disgusto, y de manera similar: Castro se burla y hace una referencia intelectual a Calderón. Meseth se vuelve místico y hace una referencia intelectual a San Juan. A estas alturas, ambos defienden sus subjetividades con el mismo molde. Lo bueno de Meseth es que te inspira atmósferas. Lo bueno de Castro es que te proyecta escenas, y además, sigue golpeando, aunque sea al aire. Meseth termina con movimientos sobrios y elegantes. Castro lanza un uppercut. Suena la campana. Ninguno cayó pero, por puntos, gana Castro.
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PELEA 2
El pequeño teniente (Le petit lieutenant), de Xavier Beauvois (2005)
Esquina roja - RODRIGO BEDOYA (Ventana Indiscreta – U Lima)
¿No gustó?
El pequeño teniente, de Xavier Beauvois, es un policial atípico: no importan las causas de los asesinatos, la tensión por atrapar a los responsables o el triunfo que significa haber resuelto el enigma. La película desdramatiza la acción y elimina picos narrativos a partir de una cámara que se dedica a registrar, de forma distante, los hechos narrados. El entusiasmo que siente Antoine (Jalil Lespert) ante la acción que le permite su trabajo de policía, choca siempre con una puesta en escena desprovista de cualquier elemento que permita crear tensión o suspenso. El triunfo y la derrota están igualados en este largometraje: conseguir una pista más, así como perder a un compañero de trabajo, son acciones filmadas siempre desde cierta distancia que impide una identificación hacia lo que significa la acción policíaca. Esto le da al film un tinte melancólico: la actividad policial es una labor en la que el éxito se ve opacado por el dolor o los fantasmas personales. El pequeño teniente, a partir de su tristeza, nos señala eso. (RB)
Esquina azul - JAIME AKAMINE (Revista godard!)
¿Gustó?
Las primeras imágenes de El pequeño teniente (Le petit lieutenant) hacen presagiar un policial sobrio orientado desde la perspectiva de un iniciado. Sin embargo, la película se describe mejor como una crónica pulcra y detallada, a la vez que propone un retrato conjunto de una división policíaca. Su verismo radica precisamente en el tratamiento contenido y casi seco de la acción, y en la mirada neutral que Beauvois dirige a sus personajes: la cámara parece acechar a cierta distancia, a la expectativa de algún indicio que sirva al caso, pero descarta por anticipado el mínimo esbozo de emoción o cualquier gesto desnaturalizado. La elección resulta entonces implacable. Entre esos seres lánguidos y despojados destaca la presencia de la comandante Vaudieu (estupenda Nathalie Baye), como una personalidad fría, atormentada por las culpas y por un pasado que la acerca a una condición de sacrificada absoluta. (JA)
Las palabras de la referee:
La campana suena y los boxeadores se acercan, se observan, saltan, giran, se dan media vuelta y se sientan. Hacen tiempo. No hay pelea. Es un amistoso, un match benéfico. Bedoya habla de la cámara que registra a la distancia, Akamine hace eco con la cámara que acecha a distancia. Akamine intenta golpear con el tratamiento contenido y casi seco, Bedoya responde con la puesta en escena desprovista de tensión. Juegan a lo mismo. No hay golpes, sino fintas. Descripciones y nada más. ¿Dónde quedó la opinión de cada uno? El público se pone de pie y empieza a irse. Error de la Federación de Boxeo. Se programó a un solo boxeador amagando frente al espejo. Suena la campana. Eliminados los dos.
Empezó el Festival de Lima y, por lo que vimos hasta el momento, la emoción no nos embarga. Dado que nos interesa, más que el evento, las proyecciones en sí mismas -razón de ser de un festival-, tenemos motivos para no estar saltando en un pie.
Hagamos un rápido recuento con otras ediciones del Festival y veamos si, año tras año, el evento mejora o no.
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SÉPTIMO ENCUENTRO LATINOAMERICANO
Intimidad, de Patrice Chéreau
El año 2003 peleaban en la Competencia películas como Historias mínimas (quizá el pico más alto de Sorín), Kamchatka, El bonaerense (creo que la mejor de la edición), Carandiru, Madame Satá y la popular Ciudad de Dios. Con eso, la mesa -y la discusión- estaba servida. Además, podemos agregar Mil nubes de amor… La espera y, vamos, El destino no tiene favoritos. En total, unas nueve películas que interesaban a más de diez.
A eso, sumemos las obras de las Muestras paralelas -casi siempre, lo más atractivo del Festival-. Vimos ahí Edificio Master, Yo no sé qué me han hecho tus ojos, Balseros, En construcción, Bowling for Columbine, El juego de la silla, Un oso rojo, Ocho mujeres, Intimidad, Audición, Together, Los lunes al sol, Hija de Danang, Raising Victor Vargas y Hedwig and the angry inch, y hasta para reír un poco, Imposible amor.Veinticinco películas que valían la pena mirarse. Incluso, seguramente, me olvido de otras más.
¿Nada mal, no? ¿Qué fue eso? ¿Coincidencia, una racha o buena selección en la organización? Veamos lo que pasó al año siguiente.
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OCTAVO ENCUENTRO LATINOAMERICANO
Los muertos, de Lisandro Alonso
En la Competencia, la atención se dirigió a películas como El abrazo partido, Extraño, Los muertos, Días de Santiago, Salvador Allende, Ómnibus 174, Whisky y, como mantequilla, María llena eres de gracia. Además, se proyectaron simultáneamente las siguientes películas:
Los amantes del círculo polar, Tierra, Ararat, Código 46, Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, Fahrenheit 9/11, La mala educación, La piscina, Los soñadores, Primavera, verano, otoño, invierno… y otra vez primavera, ¡Adiós Lenin!, Dogville y, mano al pecho, hasta Diarios de motocicleta. De nuevo, más de una veintena de películas que encendían la curiosidad del cinéfilo local.
Ahora demos un salto a este año.
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DECIMO PRIMER ENCUENTRO LATINOAMERICANO
Una novia errante, de Ana Katz
A diferencia de los años mencionados, ahora hay más secciones dentro de la Competencia Oficial -un total de 52 películas compitiendo-. Los que compramos entradas, nos apuntamos para ver -incluso más de una vez- Una novia errante, El otro, La antena, XXY, Luz silenciosa, El violín y Hamaca Paraguaya, además de los documentales Copacabana, El tiempo que se queda y Calle Santa Fé. Hasta ahí, vamos diez.
¿Cuáles son las otras muestras? Viene otra vez Canadá, esta vez sin mencionar a Egoyan o recordar a Cronenberg u otros nombres, pero trae el documental Manufactured Landscapes. Francia también está en la casa con Le petit Lieutenant y el documental S-21, la machine de mort Khmère Rouge. En las imprescindibles, están Hierro 3, La vida secreta de las palabras y La soledad. ¿Diescisés, diescisiete?
Incluso, puede casuar cierta desazón que algunas películas ya estén disponibles en DVD, desde hace algún tiempo -caso El violín, Hamaca paraguaya, Hierro 3 o La vida secreta de las palabras-.
En todo caso, un Festival de cine es también un punto de encuentro entre productores, cineastas y artistas. Por ello, resulta valiosa la charla que darán los representantes del World Cinema Fund, de Alemania, a los peruanos que deseen presentar algún inteligente proyecto a dicha fundación.
Por lo visto hasta ahora, entonces, podríamos ponerle un subtítulo al Festival local:
Hace unas horas se armó una pequeña conversación en la página Cinencuentro.com que vale la pena comentar. Esta página, horas atrás, decidió que valía la pena ir criticando las películas en competencia que se han venido mostrando en las funciones para la prensa y el Jurado, como anticipación al Festival.
Días atrás, Edgar Saba había hecho una petición pública a los periodistas: abstenerse de comentar las películas, especialmente aquellas que -luego de verlas en estas funciones de prensa- los periodistas consideren que son de baja calidad y esperar al marco del Festival para, ahí sí, destrozarlas a placer.
La nota de Cinencuentro dice:
El 11 Festival de Lima aún no comienza, pero las funciones especiales para la prensa cinematográfica ya han comenzado hace unos días. Por lo que en Cinencuentro iremos comentando, en subsiguientes entregas, las cintas que veamos en estas proyecciones o por otras vías. Trataremos de resaltar las que más nos gusten, pero indicaremos también si alguna nos ha decepcionado, de acuerdo al gusto personal de cada colaborador. Como siempre esperamos vuestros comentarios.
Y, de hecho, ya han comentado una de las películas más esperadas: Hamaca Paraguaya -aunque comparándola con "Historias Mínimas" (?)-. Rápidamente, un señor llamado Óscar Contreras, crítico de cine, escribió un comentario en la página Cinencuentro, diciendo:
No pueden comentar las películas -favorable o desfavorablemente- sino hasta después de su estreno en el Festival de Lima. Es un anuncio que hizo Edgar Saba en la Conferencia de Prensa. Vulnerarían un código de honor. Pueden recomendar aquello que han escuchado pueda valer la pena, o quizá hacer una puesta considerando la trayectoria de los directores. Tengan en consideración este comentario amigo.
Laslo Rojas, uno de los administradores de la página en cuestión, respondió:
Respetamos tu posición, la de Saba, y la de otros críticos, pero en Cinencuentro consideramos que es mejor hablar del festival y sus películas (a favor o en contra), que guardar silencio. Esto, creemos, favorecerá a que exista mayor expectativa, debate y discusión alrededor del festival. Saludos.
Óscar Contreras retrucó:
Nadie dice que CINENCUENTRO no opine o guarde silencio. Solo es una cuestión de manejar tiempos, de publicar la noticia (léase crítica o crónica) en la oportunidad debida. Es una cuestión ética. La expectativa ya existe. Y el debate y la discusión alrededor del festival se debe dar en el marco del mismo festival.
Déjame recordarte Laslo, que muchos críticos asistimos desde hace varios años como invitados del Festival a las funciones de las mañanas. Pero las funciones de las mañanas no son el festival. El Festival comienza el 02 de agosto. No soy vocero ni del CCPUC, ni de Saba, solo hablo a título personal. Y creo que muchos colegas están haciendo el gran esfuerzo de reservarse una opinión antes que ganar un titular.Sobre la base del respeto a un medio tan importante como CINENCUENTRO transmito esta inquietud amiga. Porque somos INVITADOS de las funciones matutinas. Y tranquilamente se nos puede retirar esa invitación. Saludos.
Exagera el afectado señor Contreras cuando dice que se "vulneraría un código de honor". Saba hizo un pedido a la prensa. Un pedido, no un anuncio. Hay que ser bien ingenuo para pensar que el público interesado en el festival no se interesará en averiguar un poco por las películas vía internet, antes de pagar sus entradas.
Si el público lo hace -como seguro ya lo ha hecho-, sabrá que LUZ SILENCIOSA y HAMACA PARAGUAYA serán dos de las obras más atractivas -pones los títulos en google y te saltarán buena cantidad de críticas desde la primera página, sin contar los antecedentes. En internet, rápidamente encontrarás en BUTACA:
De igual manera, si lo hace con una película, digamos, la chilena FIESTAPATRIA, en la primera página de google encontrará la crítica de la página MABUSE y se informará sobre las terribles críticas que preceden a esta cinta:
¿Tampoco se pueden comentar las películas que ya se han visto? HAMACA PARAGUAYA, seguro lo saben, está en Polvos Azules (Pasaje 18, puesto 3). Y desde hace buen tiempo. Igual que El camino de san Diego y varias otras.
Nosotros, igual, esperaremos al inicio del Festival para cuestionar todas las cuestionables películas que vienen y para aplaudir las películas aplaudibles. Pero pedir silencio, apelando a un "código de honor", resulta absurdo y, al mismo tiempo, subestima al público.
Por primera vez el Festival de Lima presenta una sección para cortometrajes, espacio llamado Filmo Corto. Esta es la programación de estas proyecciones.
FILMO CORTO – PROGRAMACIÓN
1er.- PROGRAMA (87 min.) Viernes 3: CCPUCP – 9.30 p.m. Martes 7: CC Ricardo Palma – 6 p.m.
A CHINA EL GOLPE Director: Eduardo Mendoza de Echave Género: Ficción Duración: 18 min.
A LA MAÑANA SIGUIENTE Director: Max Gamero Paredes Género: Ficción Duración: 22 min.
DESPUÉS DE OZ Director: Percy Kiyabu Género: Animación Duración: 2 min.
ALEJANDRA, MAESTRA DE ESCUELA Dirección: Christian Declercq Género: Documental Duración: 30 min.
AQUELLA MADRUGADA Director: Luigi Súmar Albújar Género: Ficción Duración: 15 min.
2do.- PROGRAMA (87 min.) Sábado 4: CCPUCP – 9.30 p.m. Miércoles 8: CC Ricardo Palma – 6 p.m.
ARRANCA EL XI ENCUENTRO DE CINE - Lista de películas
El otro, de Ariel Rotter
11 FESTIVAL DE LIMA
Encuentro Latinoamericano de Cine
¿Cuándo?
El Festival va del 2 al 11 de Agosto, aunque las entradas se irán vendiendo desde el Domingo 22 de Julio, de 9am a 9pm en el Centro Cultural PUCP y en la cadena Cineplanet.
¿Dónde?
Las salas aumentaron: CCPUCP, Cnieplanet Alcázar, San Miguel, Primavera, La Molina, Auditorio de la Municipalidad de San Isidro, CC Ricardo Palma, CC España, Antiguo Cine Metro, Alianza Francesa de Miradores, CC CAFAE, CC La Noche, Biblioteca Nacional del Perú, Centro de Arte y Cultura Vichama y sub-sede Arequipa.
¿Cuáles vienen?
Vamos por categorías:
Una novia errante, de Ana Katz
SELECCIÓN OFICIAL FICCIÓN
El otro, de Ariel Rotter (2007) - 83´ - Argentina Una novia errante, de Ana Katz (2007) – 85´ - Argentina El camino de San Diego, de Carlos Sorín (2006) – 98´ - Argentina La antena, de Esteban Salir (2007) – 120´ - Argentina Suspiros del corazón, de Enrique Gabriel (2006) – 94´- Argentina Los andes no creen en Dios, de Antonio Eguino (2005) – 105´- Bolivia Olor a caño, de Heitor Dalia (2006) – 105´ - Brasil El año que mis padres se fueron de vacaciones, de Cao Hamburguer (2006)– 103´- Brasil Caixa Dois, de Bruno Barreto (2007) – 90´- Brasil
Luz silenciosa, de Carlos Reygadas
Fiestapatria, de Luis Vera (2007) – 120´- Chile Soñar no cuesta nada, de Rodrigo Triana (2006) – 96´- Colombia Madrigal, de Fernando Pérez (2006) – 110´- Cuba Páginas del diario de Mauricio, de Manuel Pérez (2006) – 135´- Cuba Morirse en domingo, de Daniel Gruener (2006) – 120´- México Luz silenciosa, de Carlos Reygadas (2007) - 145´ - México Una sombra al frente, de Augusto Tamayo (2007) – 135´- Perú
¿Cuáles recomendamos?
1. El otro, que obtuvo en Berlín premios para director, actor y productor. 2. La nueva película de Ana Katz, la directora de El juego de la silla, quien ahora presenta Una novia errante. 3. Y la favorita, Luz Silenciosa, de Reygadas, recientemente premiada por el Jurado de Cannes.
Luego, causa interés saber en qué anda Sorín, filmando a un fanático de Maradona en El camino de San Diego. Otro que regresa, para bien o para mal, es Bruno Barreto, el director de Cuatro días en septiembre y El matrimonio de Romeo y Julieta. Y, desde luego, las miradas estarán pendientes en la única película peruana que aparece en esta lista: Una sombra al frente, de Augusto Tamayo, que llegará casi salida del horno para el Festival.
¿Y las otras categorías?
Calma, sigamos.
SELECCIÓN OFICIAL ÓPERA PRIMA
Hamaca Paraguaya, de Paz Encina
XXY, de Lucía Puenzo (2007) – 90´- Argentina La punta del diablo, de Marcelo Paván (2006) – 90´- Argentina La velocidad funda el olvido, de Marcelo Schapces (2006) – 110´- Argentina El asaltante, de Pablo Fendrik (2007) – 67´- Argentina A casa de Alicia, de Chico Teixeira (2007) – 90´- Brasil Cafundó, de Paulo Betti-Clóvis Bueno (2005) – 102´- Brasil Sueños y deseos, de Marcelo Santiago (2006) – 93´- Brasil
El baño del Papa, de Charlone y Fernández
El rey de San Gregorio, de Alfonso Gazitúa (2007) – 80´- Chile La edad de la peseta, de Pavel Giroud (2006) – 90´- Cuba Qué tan lejos, de Tania Hermida (2006) – 92´- Ecuador Esas no son penas, de Ahaní Hoeneisin y Daniel Andrade (2006) – 84´- Ecuador Malos hábitos, de Simon Bross (2006) – 101´- México El violín, de Francisco Vargas (2006) – 98´- México Familia Tortuga, de Rubén Imaz (2006) – 129´- México Hamaca Paraguaya, de Paz Encina (2006) – 78´- Paraguay Condominio, de Jorge Carmona (2006) – 68´- Perú El baño del Papa, de César Charlone y Enrique Fernández (2005) – 97´- Uruguay
¿Y aquí cuáles son las que llevan el timón?
El violín, de Francisco Vargas
Todo parece indicar que en la sección de Óperas Primas todo está mucho más reñido. Cannes ha alojado –y premiado- a XXY, de Puenzo, El violín, de Vargas y a Hamaca Paraguaya, de Encina, sin que nos debamos olvidar de El baño del Papa, la uruguaya. No hay favoritas.
Antes que pregunten, nos vamos a los documentales:
SELECCIÓN OFICIAL DOCUMENTAL
El tiempo que se queda, de Torres Leiva
Copacabana, de Martin Rejtman (2006) – 56´- Argentina Santiago, de Joao Moreira Salles (2006) – 80´- Brasil El tiempo que se queda, de José Luis Torres Leiva (2007) – 86´ - Chile Calle Santa Fé, de Carmen Castillo (2007) -167´- Chile/Francia/Bélgica El corazón, de Diego García Moreno (2006) – 80´- Colombia El telón de azúcar, de Camila Guzmán Urzúa (2006) – 80´- Cuba Lágrimas de Wayronco, de Jorge Meyer (2007) – 96´-España Forever, de Heddy Honigmann (2006) -95´- Holanda J.C. Chávez, de Diego Luna (2007) -79´- México El país de los saxos, de Sonia Goldemberg (2007) – 70´- Perú Alguna tristeza, de Juan Alejandro Ramírez (2006) – 41´- Perú Sueños lejanos, de Alejandro Legaspi (2006) – 52´- Perú
Tres títulos:
Copacabana, el debut en el documental de Martin Rejtman. El tiempo que se queda, del chileno Torres Leiva. El telón de azúcar, documental cubano que viene precedida de críticas contrapuestas.
Además, interesa la exhibición de Forever, de Honigmann y los documentales peruanos. Llama la atención ver una obra del hermano de Walter Salles y otra del actor Diego Luna.
OTRAS PELÍCULAS
S-21, La machine de mort Khmère Rouge, de Rithy Pahn
Dentro de las muestras paralelas, conviene prestar ATENCIÓN a los siguientes films:
En la sección Francia en el Festival, encontramos Le couperet, de Costa Gavras (2005); Le petit lieutenant, de Xavier Beavois (2005) y el documental S-21, La machine de mort Khmère Rouge, de Rithy Pahn (2003).
La soledad, de Jaime Rosales
En la sección Presentaciones Imprescindibles, hallamos películas como La vida de otros, de Florian Henckel von Donnersmarck (2006); El espíritu de la pasión, de Kim Ki-Duk (2004); La vida secreta de las palabras, de Isabel Coixet (2005); La soledad, de Jaime Rosales (2007) y la celebrada Copying Beethoven, de Agnieszka Holland (2006).
Aún tenemos mucha más información que seguiremos compartiendo en las siguientes horas. Paciencia.