LA CINEFILIA NO ES PATRIOTA

DEDICADO AL CINE PERUANO QUE AÚN NO EXISTE

Thursday, October 11, 2007

BENEDETTI MEDEM


Caótica Ana (2007), de Julio Medem


Dejémoslo claro. La inspiración viene (si es que llega) con fecha de caducidad. Es muy raro ver a un autor que logre mantener una propuesta original y deslumbrante a lo largo de su vida artística. La madurez de una obra está claramente delimitada en el tiempo. A algunos autores les llega más temprano, a otros después, a otros no les llega nunca. Pero la mayoría agota su universo y lo único que hace es volver una y otra vez sobre el mismo. Esto no tiene nada de malo. Los grandes temas siempre han sido recurrentes: la muerte, el amor, la soledad, la creación, la familia, la amistad, la violencia. Las aproximaciones son distintas. Algunos cineastas logran camuflar la pérdida de la diosa inspiración con el oficio. Otros deciden inteligentemente pasar al retiro al comprobar que su universo cinematográfico se ha agotado. Otros naufragan en el mar de su inspiración perdida. Julio Medem se está ahogando.

Medem se dio a conocer hace unos quince años con Vacas, una película ambientada en el mundo rural y que mostraba la historia de varias generaciones de dos familias, utilizando como testigo omnipresente y silencioso a las vacas. A partir de esta película, lenta y paulatinamente, el cine de Medem se ha dirigido hacia historias en donde se confunde la línea entre conciencia e inconsciencia, entre realidad y ficción, entre acción y deseo. Lamentablemente, en ese viaje Medem ha cubierto su cine de ingenuidad y cursilería. Un cine que ha dejado de sorprender, que se ha tornado predecible y prescindible. Predecible por la recurrencia de su mundo temático: la trama circular, los juegos oníricos, la inestable línea que confunde realidad con ficción, el sexo como liberación, el amor frustrado o perdido, y en esta última película la muerte. Pero este no es el problema, como menciono líneas arriba, no importa que un cineasta repita temas a lo largo de la filmografía: se dice que un director lo único que hace es filmar la misma película durante toda su vida. El problema es la ingenuidad con que Medem se aproxima a su universo temático. Aquí es donde su cine se vuelve prescindible.




Caótica Ana trata del viaje interno y externo de Ana, una chica de 18 años que pinta cuadros y vive con su padre en Ibiza. Un viaje interno que mediante la hipnosis la lleva a otras vidas pasadas, y externo que la lleva a Madrid a una residencia de artistas y luego a Estados Unidos.

A veces, una película surge con la única intención de filmar una imagen o poner una frase en boca de algún personaje. El resto se construye para dar soporte a esto que se quiere mostrar. Parece ser (y esto es una apreciación personal) que Medem quiere transmitir la idea de que hay vida después de la muerte, influido por la muerte de su hermana (a quien está dedicada la película) ocurrida hace unos años atrás. En una especie de alegato contra la muerte, expresa que ésta es sólo una transformación, que las personas continúan “vivas” como parte de la naturaleza o encarnadas en otras vidas. El resto de la película está construida con el objetivo de sustentar esta premisa, para lo que el director reúne un batiburrillo de temas: el conflicto saharaui, la guerra de Irak, la hipnosis, la reencarnación, la magia india, la vida artística, etc. Medem construye su película en base a algunas imágenes muy potentes (el oficio del director), pero que pierden completamente su fuerza cuando se encajan en el relato. La película está llena de una ingenuidad que bordea el patetismo: el padre diciéndole a la hija que ha soñado con que ella se iba a ir a Madrid; el pintor saharaui que le dice a Ana para dormir (enfatizando su única intención de dormir), la idílica comuna de artistas en la residencia de Madrid, etc. Medem hace una película en donde habla de todo, pero no expresa nada.



Otro gran problema de esta película es la enorme distancia que existe entre lo que quiere ser el personaje y lo que demuestra. Aparentemente, los personajes de Caótica Ana son complejos y con enorme mundo interior. Sin embargo, la caracterización queda muy lejos de la profundidad a la que aspira. El buen cuerpo de la protagonista es lo único que explica su presencia en la película. Said, el pintor saharahui es un ser pusilánime. Anglo, el hipnotizador, mantiene una seriedad muy de acuerdo a su personaje: una persona mayor que tiene un profundo conocimiento de la mente humana; el problema es que el actor que lo interpreta parece recién salido del colegio. Justine, la mecenas, es un ser ramplón que busca expresar sofisticación cuando lo que transmite es sosedad.

¿Qué queda de esta película de Medem? A mí me recuerda (y perdonen sus admiradores) a la poesía de Benedetti. Un chico de quince años regala a sus primeras novias poemas de Benedetti, poemas ingenuos que giran alrededor de un ideal del amor. A esa edad, el concepto de la vida está plagado de ideales: del amor, de la amistad, de la familia; que a medida que uno acumula experiencias se van desmoronando. El chico de quince años que lleve a su novia a ver Caótica Ana a la función de las seis de la tarde va ganar muchos puntos. Aparentará tener un complejo y misterioso mundo interior. Si después del cine regala el poema Táctica y Estrategia será un completo ganador. El problema es que Julio Medem sigue regalando poemas de Benedetti cuando ya bordea los cincuenta.


Lucas Chinorris




LA CINEFILIA NO ES PATRIOTA

2 Comments:

  • At 8:01 AM, Anonymous Anonymous said…

    Buen texto. Tranquilo y directo, aunque se suele centrar en el guión, personajes, etc, y deja un poco el aspecto audiovisual. Pero igual está bueno, más de estos hacen falta.

    A.

     
  • At 1:34 PM, Anonymous Manuel said…

    Estimado Lucas, leí con atención tu texto porque aprecio la obra de Medem y de Benedetti.
    No coincido contigo porque en ambos existe simplicidad y complejidad, realismo y romanticismo, medianía y brillantez.
    Tal vez se trate simplemente que tu adolescencia fue fatal y nunca te atreviste a regalar o escribir un poema, y ahora no tienes a quien.

     

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