LA CINEFILIA NO ES PATRIOTA

DEDICADO AL CINE PERUANO QUE AÚN NO EXISTE

Sunday, December 10, 2006

VER O NO VER - HOU HSIAO-HSIEN


THREE TIMES
de Hou Hsiao-Hsien


HIPNOTÍZANOS. La debe haber pensado por mucho tiempo. No es simplemente una tarjeta de presentación ni un pretexto para lucir a su director de fotografía. La escena inicial de Three Times, que empieza con unas ramitas sobre fondo blanco y continúa con la cámara paseándose por la mesa de billar, y luego encontrarse casi sin querer con los rostros y cuerpos de Shu Qi y Chang Chen, todo sintonizado con una song of the sixties, no es únicamente resultado de una extrema sensibilidad cuidadosamente planificada (¿acaso puede ser de otra forma?) sino se trata de un no muy pequeño rastro de metatexto que el cineasta ofrece sobre su propio cine. Su universo: la mesa de billar, espacio que permite el juego, pero en un límite estrecho. Sus personajes: esas esferas rojas y amarillas que van chocándose agresiva o muy suavemente, que parecen dirigirse a algún lado, para luego rebotar y salir disparados sin rumbo, siempre encerrados en un color.

ENAMÓRANOS. Si tú has vivido un amor adolescente (angustiado-tímido-pobre-pero-honrado), entonces terminarás de ver la primera sinfonía de esta película con una alegría inusual. Estamos en el año 1966, Kaoshing, y el pobre Chen que, a raíz de los conflictos bélicos, está haciendo la milicia obligatoriamente, queda prendido de la chica del billar y empieza a seducirla con cartas conmovedoramente torpes ("Señorita… ¿recuerda la letra de una canción que se llama Enamorados?"). En esta historia de amor es él quien la pierde, y es él quien va a buscarla, de ciudad en ciudad, de billar en billar y no la encuentra y la música suena y pasa el tiempo y tiene que volver a la milicia.

Finalmente logra dar con ella. El reencuentro. Puede verla nuevamente a los ojos… Y la cara de felicidad que ella no puede ocultar… Qué bonito, caray. No importa que se vayan a comer tallarines en la carpa de la esquina, ¡a ella no se le va la sonrisa! La Guerra Fría importa un comino, pero él ya tiene que partir y la voz (¡qué hermosa!) de Shu Qi cuando dice inocentemente “pucha, ya no hay trenes…” La sensación de toda una época, de un momento muy preciso en la humanidad (por lo mismo, un momento de nuestras vidas) está poderosamente presente en el instante final en que, por fin, la pareja se anima a cogerse de las manos. Puedes terminar con la certeza de que ese músculo tan gastado que uno lleva en el pecho aún puede conmoverse.

LIBÉRANOS. Segunda historia de amor hecha sinfonía visual, teniendo a los mismos actores como protagonistas. Ahora estamos en 1911, Dadaocheng, y el noble Chen es un intelectual que visita regularmente a su encantadora cortesana. Mucho se ha escrito sobre la razón por la cual este es un capítulo mudo (aunque vemos a los personajes conversar, no los oímos, pero entendemos lo que dicen por carteles que se van insertando en el film). En la ficha que el Festival entrega en la puerta a cada visitante está el texto que Emmanuel Burdeau escribió en los Cahiers du Cinéma, una lectura valorativa sobre la escritura en cada parte de la película, texto claro y puro; sin embargo, una vez que la propia película me ha llevado por los caminos de la nostalgia, es mejor interpretar desde ahí un nuevo sentido, así que es mejor dejar el tono impersonal para aclararme:

Si primero sentí la historia de mis padres, ahora retrocedo a la de mis abuelos, y en este tema no puedo recrear sus momentos de crisis –o cualquier otro- sino viéndolos hablar entre ellos… pero sin oírlos, en silencio, como en una vieja película muda. No puedo imaginar la voz de mi abuelo décadas atrás. Únicamente logro esbozar simplemente una imagen de él. La voz no engaña, la voz revela, la voz define. Y esta es una época que no deseo definir, es una evocación, un imaginario. No son sueños (vaya si los sueños hablan y hasta gritan) sino apariciones a las que les sobran las palabras y les basta una sonata de piano. Desde esta subjetividad, es una decisión muy acertada. El amargo final, producto del cinismo del intelectual y el silencio de la cortesana, empiezan a dar un sentido a la película.

DESENCÁNTANOS. ¿Por qué la última sinfonía es la menos espiritual, la más errática, la más áspera? ¿Solamente porque se trata del 2005, Taipei, una época extraviada y desconfiada? En esta historia de ¿amor? la pareja ya no es una pareja y la neurosis de los celos, la bisexualidad y las enfermedades convierten a nuestros protagonistas en dos seres extraños, sin mayor comunicación que el contacto corporal. Ambos se aferran al otro por unos instantes, luego simulan estar vivos. El segundo capítulo, aunque mudo, no resultaba silencioso. En cambio ahora, el silencio es real y permanente, no hay sonata de piano ni baladas en inglés. No hay el romance de inicio, tampoco la tragedia de la segunda historia. Todo ha ido depurándose hacia el vacío que se vuelve pregunta y salta para atacarnos: ¿te das cuenta ahora?

Shu Qi y Chang Chen somos nosotros, que no fuimos testigos de los cambios sino nacimos inmersos en ellos. ¿A quién queremos? ¿Por qué engañamos? ¿Hay algo que nos interese? Desde luego: acostarnos con alguien y luego escuchar música electrónica. Sin embargo, ¿acaso somos tan distintos de nuestros antecesores? ¿No será que HHH nos está dando lecciones de sociología? Porque las cosas han cambiado, sin duda: los rostros ya no están iluminados por focos de billar (1966) o por lámparas de querosén (1911), sino por luces de neón, el amarillo y el naranja ha mutado en un color frío. Cada época tiene un tratamiento diferente, y sin embargo la luz está. El amor ha mutado, pero continúan las canciones y las cartas, aunque ahora escritas con amenazas, en lugar de promesas. El pasado no es sino una fantasía, el sueño de Hou que es ahora Shu Qi con epilepsia y que trata de encontrar en el pasado una respuesta al existencialismo (o la carencia de éste) de nuestro tiempo.

ESTIMÚLANOS. La Muestra de Cine empieza bien. La sala del Cinematógrafo estuvo casi llena con no solamente los cinéfilos de siempre, sino con jóvenes músicos, escritores, filósofos y pintores. Si todas las películas mantienen algo de Three Times, el público es el correcto. Al repasar varias escenas, uno se encuentra con la idea de siempre: ¡Esto se pudo hacer aquí tranquilamente! Lástima que en la proyección los colores se pierdan.

De todas formas: Salir del cine con ganas de escribir, dibujar, trazar líneas, imaginar escenas de guiones inéditos, imaginar colores, el movimiento de la cámara, el sonido que aparecerá y se perderá, recordar otras películas…. Han pasado pocas horas desde que oí decir a un crítico local que el oficio de la crítica y el del cineasta es incompatible, que se anulan mutuamente, que son bandos irreconciliables. Felizmente, existe un cine estimulante que nos inspira no solamente a escribir sino también a filmar. Que venga más en la semana.

(Fernando Vílchez)

6 Comments:

  • At 10:08 PM, Anonymous Anonymous said…

    me emocioné tanto con la primera parte del artículo que no pude terminar de leerlo... porque primero tengo que ver la película! y me perdí la muestra... demonios, ojala vuelvan a pasarla en el cinematografo

     
  • At 10:40 PM, Blogger La cinefilia no es patriota said…

    Guarda las lágrimas para cuando nos confirmen que esta película no se exhibirá nunca más en la ciudad.

    De ahí no se quejen de la piratería.

     
  • At 7:24 PM, Anonymous Anonymous said…

    Hou Hsiao Hsien. Genio, genio, genio, genio, genio, genio, genio, genio, genio, genio, genio, genio, genio, genio, genio, genio, genio, genio, genio, genio.............................................................

     
  • At 4:13 PM, Anonymous mariocastro said…

    cierto, cierto, cierto, cierto, cierto, cierto, cierto, cierto...

    me quedé tan embriagado y destrozado que no pude escribir un sola palabra sobre esa película...

     
  • At 10:11 AM, Anonymous Anonymous said…

    ¿Creen que pueda encontrar esta película en el puesto de Polvos Azules?

    Espero verla pronto

     
  • At 3:50 PM, Anonymous Anonymous said…

    es la pelicula mas fome que he visto en mi vida

     

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