LA CINEFILIA NO ES PATRIOTA

DEDICADO AL CINE PERUANO QUE AÚN NO EXISTE

Monday, July 23, 2007

CACHÉ - EL MEJOR ESTRENO DEL AÑO (aún)

Caché, de Michael Haneke (Short Version).- ¿Ese otro, al que temes, tu relación con él, no es acaso lo que define tu humanidad? ¿No eres, también tú, precisamente, ese otro, para los demás? El tema es el de la negación de una historia; personal: colectiva. Porque el centro de esta historia, ¿no es su negación? ¿su estado larvario de no-contado, de no-comprendido? Por eso lo más desesperado de lo silenciado es un chorrete de sangre, una nueva boca, abierta en un cuello inocente, gritando lo que las palabras no pudieron decir. ¿Alegría maligna, o atávica, en ese horrible acto? ¿es que no hay posibilidad de “historia” sin sangre derramada? ¿Dónde estás, civilización, si el precio de nuestra “tranquilidad” se llama la sangre del otro? Si fuera así, jamás habrá tranquilidad, es lo que te dice esta película. Vemos cómo, la vida segura y confortable de una familia se agrieta; unos videos envueltos en unos dibujos infantiles, dentro de una bolsa de plástico, y unas postales, bastarán. Alguien te mira, y mira un dato escondido en tu pasado. Que se irá revelando de a pocos. La pregunta es pertinente, brutal: los países “desarrollados” ¿responderán a problemas gravísimos, que no pueden eludir, porque también son suyos… tomándose una pastillita? (M.C).



Caché (2005), de Michael Haneke
¿Ese otro, al que tanto le temes en el fondo, tu relación con él, no es acaso lo que define tu grado de humanidad? ¿Tú no eres también, precisamente, ese otro, para los demás?
Si te fijas bien el tema es siempre el mismo, el tema es la negación de una historia, personal: colectiva. Porque, el centro de la historia, ¿no es su negación? ¿Su estado larvario de no-contado, de no-comprendido? La imagen exacta de la historia silenciada, sumergida, será un chorrete de sangre. ¿Hay una alegría maligna o atávica en ese acto? Es más (aún peor): ¿hay historia sin sangre? alguien se preguntará. Es la sangre del otro, por mediación simbólica, o, directamente derramada. ¿Dónde está la civilización (es que no está) si el precio de nuestra tranquilidad aquí es la sangre del otro?


La vida segura, protegida, cómoda, burguesa, mira cómo se agrieta. ¿Cuántos esclavos moribundos sostienen el edificio de las sociedades del bienestar? ¿El truco no consistirá en no mirar bien para no ver que estás dentro de una burbuja? Unas cuantas cintas de video, unos cuantos dibujos de trazos infantiles, suministrados en momentos precisos, bastan para que la historia escondida y negada se apodere de todo.
¿Quién te mira? O: ¿cómo le devolverás la mirada a tu propia conciencia que te acusa? ¿Quién te mira? ¿Quién entiende tu propia historia central y secreta mejor que tú mismo? Arrojándotela en plena cara.
El enigma es por qué odiamos, o somos incapaces de amar, de conocer de verdad al otro. Suena ingenuo, ya sé. Mejor. La película avanza en una sucesión inevitable de diálogos, frágiles, rotos, imposibles o casi imposibles.

¿Cómo asumir sin pastillas (y similares) nuestra curiosa condición de habitación llena de fantasmas, nuestra mala conciencia de tratar al otro como si fuera menos humano que nosotros? De usarlo, minimizarlo, pulverizarlo. Como si no tuviera el mismo derecho a la existencia que nosotros. El otro es el peligro de que descubramos que no somos lo que creemos. Si no somos demasiado pobres, siempre podemos aturdirnos de buena vida.
Haneke logra limpieza quirúrgica, nos da el aire, la distancia, la fija quietud, para observar espectáculos de devastación interior, lenta, acelerada, consciente o inconsciente, poco importa.
¿El que no es tu doble, el que no es tu propia querida imagen en el espejo, es tu enemigo?
La solidaridad entre los hombres no es una utopía, es una necesidad real que la “ideología del egoísmo ilustrado” niega con cotidiana y sorda ferocidad. Haneke, fiel a su proyecto, contempla desintegraciones esta vez acaso menos perceptibles que en otras de sus películas, descorre el abismo de la parálisis moral con total lucidez.
Su “pesimismo” nos ayuda a mirarnos con menos ilusiones, pero más conscientes del horror del mundo, que no es otra cosa que un reflejo de las fuerzas que habitan en nuestro interior. Solo que Haneke no hace del cine otra pastilla.



Mario Castro Cobos

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6 Comments:

  • At 5:02 PM, Blogger NECRONOMICON said…

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  • At 9:41 PM, Anonymous Anonymous said…

    mmm este crítico no es trashy

     
  • At 4:35 PM, Blogger Ignacio Brown said…

    Mario, haz visto el septimo continente? Si esta te parece pesimista, esa es suicida. La vi en un festival de cine hace un par de años y la gente salia con la soga al cuello..

     
  • At 12:43 PM, Blogger La cinefilia no es patriota said…

    Claro, es mi favorita de Haneke. Acabo de subir un texto que toca brevemente el tema:

    http://lacinefilianoespatriota.blogspot.com/2010/09/thomas-bernhard-y-la-cinta-blanca.html

    Hace años, además, escribí sobre las primeras películas de Haneke para la Revista Godard. Subiré ese texto pronto.


    Por último, en el ciclo que presentamos en la Cayetano hay otra película, también austríaca, que trata sobre los efectos de las religiones y sistemas autoritarios, me refiero a Angst (La angustia del miedo), de Gerald Kargl:

    Ciclo "Cuatro obras maestras (que solo verás aquí)":
    http://lacinefilianoespatriota.blogspot.com/2010/09/solo-las-veras-aqui-nuevo-ciclo-en-la.html

     
  • At 10:32 AM, Anonymous Eva Luna said…

    Me encanta tu blog, aunque a veces no logro enterder los terminos que utilizas, es que mi mente de joven burguesa de 20 años aun esta muy atrofiada.

     
  • At 10:33 AM, Anonymous Eva Luna said…

    Y me muero por ver Escondido, me gusto Haneke dese que vi La cinta blanca.

     

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