LA CINEFILIA NO ES PATRIOTA

DEDICADO AL CINE PERUANO QUE AÚN NO EXISTE

Tuesday, November 27, 2007

ANIMACIÓN COMPROMETIDA: PERSÉPOLIS



Persépolis, de Marjane Satrapi y Vincent Paronnaud

¿Qué es lo que hace que nos sintamos más cercanos de un trazo o de un dibujo que de una persona o un paisaje? Hay películas que siendo interpretadas con personajes de carne y hueso, nos resultan distantes, fuera de nuestra realidad, con historias que suceden en lugares alejados y remotos, con gente muy distinta a nosotros, que forman parte de ese desfile de esas películas de tintes exóticos, y que quizás pueden conmover, pero que fácilmente pasan al olvido por el distanciamiento que existe entre el espectador y los personajes.

El mecanismo por el que las películas de animación llegan a conmover al espectador se basa en dos aspectos casi exclusivos del género. El primero tiene que ver con los personajes. La obtención de registros dramáticos, tales como risa, llanto, rabia, cólera, fastidio, aburrimiento; se logra a partir de la exageración de los gestos. En los personajes animados, la mirada no funciona como resorte de la emoción, más bien, la caricatura y la distorsión, son los recursos de los que se valen los directores de animación para lograr la conmoción, lo que apela directamente a la emoción del espectador. El segundo rasgo del género animado es su connotación infantil. A priori, las películas animadas se asocian a la infancia, a las primeras películas que uno ha visto, a las historietas y cómics que uno ha leído de pequeño. Esta asociación les permite incidir de una manera más directa la emotividad del espectador, ya que actúa directamente sobre los primeros recuerdos.

Persépolis es una película de de Marjane Satrapi y Vicent Paronnaud, basada en las cuatro novelas gráficas de Satrapi llamadas también Persépolis. La película retrata la niñez, adolescencia y primera juventud de Marjane, una iraní de clase acomodada y de familia progresista. A través de ella, se establece un paralelo de la evolución de la sociedad iraní desde los últimos tiempos antes de la caída del sha, momentos previos a la caída del sha hasta la revolución islámica, y la posterior "islamización" de la sociedad iraní.

Más con perspicacia que con ingenuidad, la película habla acerca de la libertad y la memoria. Libertad que se trasviste en pérdida de identidad, en discriminación, en miedo a la diferencia, en violencia, en represión. Sin caer en el victimismo (salvo por un uso abusivo de la voz en off), los directores logran transmitir un mensaje que mezcla inteligentemente la liviandad y la firmeza. Porque si en primer plano vemos los problemas típicos de Marjane protagonista, (jugarretas en la infancia, alienación en la adolescencia, curiosidad en la juventud, decepción y toma de decisión en la adultez), en el trasfondo se cuenta la historia terrible de la sociedad iraní, el paulatino enclaustramiento de la mujer, el dogmatismo, el silencio cómplice ante las atrocidades sufridas por otros, el terror estatal, la sustitución de la razón por la religión, la ley civil por el dogma y el fanatismo.

La fuerza dramática de la película se apoya en el sentido del humor y en una emotividad cuidada que evita caer en el sentimentalismo. Los dibujos de Satrapi se configuran a partir de pocos trazos para delinear los rasgos los personajes, que se contrasta con un cuidado detalle "escenográfico" que hace recordar al impresionismo alemán, sobre todo en el uso de la perspectiva para la creación de climas asfixiantes.

La utilización del contraste es otro aspecto a destacar en la película. Sin llegar a los niveles de Frank Miller, el juego de claroscuros resulta indispensable para expresar los momentos más dramáticos de la historia. El uso del blanco y negro da a ciertas partes de la película, el tono lúgubre que retrata los temas que expresa, muestra la pesadilla que significa la represión, la coacción de la libertad, los asesinatos indiscriminados; a la vez que llena de luminosidad las partes más emotivas y humorísticas de la película.



Persépolis no tiene el espíritu carnavalesco de las películas de Burton ni el aire hipnótico y aventurero de los filmes de Miyazaki, pero sí la ligereza y transgresión de la travesura infantil. Es una película en donde la reflexión no surge de la ironía, sino, proviene del absurdo, de la travesura. Persépolis nos deja con una pregunta, ¿cuánto cuesta la libertad? Libertad no como concepto abstracto, lejano, distante, etéreo, ideal. Sino, libertad para poder elegir cómo me visto, con quién me relaciono, dónde converso, cómo camino, qué pienso, qué digo, cómo me divierto. Porque en un mundo en que uno puede acceder a todo, frecuentemente olvidamos que hace unos años no podíamos salir a la calle sin el temor a una bomba, no se podía discrepar con el régimen sin sufrir amenazas; o que aún hoy, mucha gente ve restringido el uso de su libertad por las condiciones económicas en que vive. Persépolis es una historia que sucede en un país lejano, con costumbres muy distintas e incluso incomprensibles, y que, sin embargo, nos resulta tremendamente cercana, porque nos habla sobre algo que olvidamos fácilmente, que asumimos como dado, como un derecho inalienable, sin que nos detengamos a pensar qué perdemos sin ella, la libertad.


Lucas Chinorris



LA CINEFILIA NO ES PATRIOTA

3 Comments:

  • At 2:23 PM, Anonymous Anonymous said…

    sabe alguien si está en polvos?

     
  • At 12:56 PM, Blogger César Santivañez said…

    Algunas acotaciones al respecto:

    1. En nuestros días, ya no se puede hablar de un rasgo "infantil" de la animación, pues esta ya dejó de ser el inocente y feliz refugio de los niños. El artista se percatado de que, por medio de la animación, se pueden expresar emociones y situaciones que en otro soporte serían irreproducibles. Por otro lado, la asociación entre las películas animadas y (y aquí cito textualmente) "las historietas y los comics que uno ha leído de pequeño" es un recurso que no hace más que desmerecer autor de esta crónica. Una vez más, el noveno arte es segregado por un cinéfilo. No sé por qué, pero no se me hace más fácil cada vez que lo leo.

    2. No existe en la película un uso indiscriminado de la voz en off. Sucede que, al tratarse de la adaptación de una novela gráfica, se optó por respetar el uso predominante de cuadros narrativos, que traducidos al lenguaje del cine, dan como resultado la voz en off. Sólo se está capturando la sensación que Satrapi pretendió plasmar en su obra, la de estar escribiendo una suerte de diario íntimo.

    3. ¿Comparar los claroscuros de Persépolis, con los de Miller? En Sin City, el color negro ocupa un espacio, es tangible e incluso cobra por momentos ciertas texturas. En cambio, al hablar de una obra en dos dimensiones, como la de Satrapi, el mismo color es utilizado para crear distancia, y producir la sensación de perspectiva. En Persépolis, el color negro es un espacio que sólo lo llena la imaginación del espectador.

     
  • At 7:49 AM, Anonymous Elizabeth said…

    esta pelicula me encanta!

     

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