LA CINEFILIA NO ES PATRIOTA

DEDICADO AL CINE PERUANO QUE AÚN NO EXISTE

Sunday, July 22, 2007

EL CINE TRASH, según el Dr. Vértigo (2da parte)

Segunda parte de la conversación que sostuvimos con el Dr. Vértigo, a raíz del debate que tuvo con el crítico de cine José Carlos Cabrejo. Vale la pena hacer dos anotaciones: Primero, se entiende la mirada desconfiada de Vértigo sobre aquellos que incluyen bajo el mismo concepto (cine bizarro) a películas tan disímiles como las realizadas por Buñuel y las realizada por el matrimonio Findley -mencionado líneas más abajo-, solamente por ser films extraños, de tratamientos inusuales en su momento.
Es la queja que cualquiera escucharía de un estudioso de filosofía cuando alguien confunde metafísica con teología o, al indicar de Ortega y Gasset, creer que el término poesía se aplica igual para Homero y para Verlaine. Y, dicho sea de paso, también hace bien en desconfiar de aquellos que para expresar una idea, se justifican en lo pensado anteriormente por un "intelectual", como acabo de hacer con Ortega y Gasset (para defender mi posición no necesito de un apoyo intelectual y, sin embargo, rezago de escuela, lo hago).
De otro lado, pensar que un crítico debe ceñirse a evaluar la película como objeto cerrado, autónomo, desde su primer cuadro hasta el último de sus créditos y nada más -como defiende Cabrejo-, es una posición que no solamente parece frenar cualquier entusiasmo cinéfilo, sino que bien visto resulta inconsistente si pensamos que, a menos que su fin sea solamente pasar el tiempo, una obra nace y regresa al contexto particular donde pertenece, proyectando sentidos que van más allá de lo que el entendimiento del empeñoso crítico pueda alcanzar.
Por ejemplo, uno puede disfrutar a solas, tranquila y apaciblemente, siguiendo los gustos personales, del film Caché, de Haneke. Sin embargo, el análisis encontraría nuevos sentidos, más allá de sus gustos, si el crítico conociera el trasfondo de la relación Francia-Argelia. No digo que disfrute más la película, sino que la riqueza de interpretaciones aumentaría seguramente. Me pregunto si la siempre mencionada El triunfo de la voluntad, de Riefenstahl, hubiera causado el mismo aparente placer en caso de ser una obra completamente ficcionada, lejos del contexto nazi -y no sabiendo que la multitudinaria disciplina alemana era real y, por lo mismo, aterradora-.
En todo caso, el Dr. Vértigo parece tener un romanticismo exacerbado con las películas basura y, como cualquier cinéfilo, tiene derecho a defenderlo, así como cualquier crítico tiene derecho a interpretar, conceptualizar y esquematizar las obras de su interés a su interés. Con justificación, claro.
Fernando Vílchez R.
*
Flesh, la trilogía del matrimonio Findley
Siempre he sentido que el mal cine es, y tengo contrajejemplos que contradicen lo que te voy a decir, es un fenómeno muy americano. El mal cine comenzó a existir a medida que el cine se hacía espectáculo de masas. No se puede hablar de mal cine al principio, los primeros años, cuando el cine aún era un espectáculo populachero y el medio estaba probando cómo se iba a expresar y a qué público iba a llegar.
Pero a medida que el cine empezó a hacerse espectáculo, apareció la censura en Estados Unidos, y empezó a aparecer gente que se preguntaba cómo hago plata sacándole la vuelta a la censura. Entonces ahí fue labrando su carácter el mal cine. Digo esto porque estoy tratando de encerrarlo en un acto: la reversa a la gran industria, estéticamente, económicamente, físicamente. No circulaba por los mismos circuitos. No era pornografía. Era una pandilla a veces criminal que se reunía en las calles y a veces una misma película tenía rollos con desnudos y a veces cerraban el teatro y proyectaban todo esto. Y además mezclaban striptease con cine, así que imagínate el espectáculo. Algo, ahí sí, bizarro.

Yo voy a ver estas películas con angustia. Con la angustia con la que vas a ver una película de terror, por ejemplo. mis favoritas son las de temática sexual, la mayoría de los sesenta. Como las películas de un matrimonio, Michael Findlay y Roberta Findlay, que hicieron la tendencia más cruda y más desagradable del cine sexual. Mezclaban mucha violencia con el sexo. Hay una trilogía que es un recague de risa: Flesh. Se trata de un tipo que es atropelado en la calle, pierde un ojo, se queda una silla de ruedas y el resto de esa película y las otras dos películas se dedica a matar mujeres. Y de la manera más absurda. Esas películas me gustan mucho.

El público de las películas trash era una especie de población marginal, que también era llamada “la brigada del abrigo”. ¿Quiénes son? Los hombres que iban con abrigos al cine para poder masturbarse viendo las películas. Además, en esos cines había prostitución, como ha sucedido con algunos cines de Lima. Los productores de esa porquería de películas no conseguían actores para esas películas. Se notaba que no eran actores y no sabías si eran chicas que se divertían un rato haciendo esas estupideces o qué. No eran gente normal. O sea, eran normales, pero no eran personas comunes y corrientes. Eso me parece encantador de las películas.


Quentin, hombre de culto


En el debate que sostuvimos, Cabrejo dijo que él solamente analizaba las películas sin tener en cuenta lo externo a esa obra. Decir eso siempre es falso porque en ningún caso los críticos dejan de reaccionar emocionalmente en un nivel a la vida del cineasta ni en el contexto en que se sitúa su película. ¿Crees que hacer Roma, Ciudad Abierta ahora sería igual a hacerla cuando se hizo?” Rossellini cobró una importancia fundamental también porque existió una cercanía entre Ciudad Abierta y la presencia alemana en época de guerra. Era un tema sensible, evidentemente. Es falso que no haya crítico que reaccione a lo que rodea a la película. Como sea, a mí sí me interesa mucho saber sobre los cineastas y saber en qué ambiente se proyectó la película en cuestión.

Si los críticos intelectuales ahora valoran estas películas... no sé. La palabra clave de eso está en una palabra que usó el crítico Cabrejo: “por si acaso nosotros, los críticos, hace tiempo que estamos al tanto de esto y, es más, hay libros serios que tratan el asunto”. Ese es un problema para mí. Han tenido que aparecer libros “serios” de críticos convencionales, que tratan con una limpieza este cine, buscando definiciones académicas para no quedar ridículo viendo esas películas.

Y no solamente eso, la cultura pop ya ha asimilado lo feo, lo grotesco, y ha convertido esto en producto y además lo adocenta. La consecuencia: ahora se habla del cine “bizarro”. Por eso desconfío el 99% de las intenciones de las personas que ahora se ponen a analizar o elegir sus escenas de cine “bizarro” o de “cine de culto”. Ahora cualquier cojudez es “cine de culto”. Hasta Los 4 fantásticos puede ser una película de culto ahora. Los críticos consideran muchas películas de la industria como “cine de culto” cuando jamás una película del mainstream va a ser una película de culto.

Originalmente, la película de culto no vencía sus límites. Tú podías conocer a las veinte personas que la veían -y posiblemente sabías que en otra parte del mundo habían otras veinte personas-. Cuando esto empieza a crecer, uno empieza a desconfiar. Yo cuando vi las películas, ingenuamente, me dije “pero qué cagada esta película, pero qué divertida". Así es como se veían estas películas. No las veías porque alguien te decía “oye, esto es basura, pero es interesante”. Ahí empieza mi duda. Y ahí empieza a crecer el número de espectadores y deja de ser una película de culto.

Es debatible creer que un cineasta desea que lo vean millones de personas, porque hay gente que hicieron -y hacen- películas que, por donde las veas, no van a llegar más allá de veinte personas. Para mí, una de las premisas de una película de culto es que no hay una intención de crear una película de culto. Al crearla, no existe la intención de hacer algo comercial ni chocante para ser visto por mucha gente. Son películas que poca gente las recuerda y mucha menos gente les tiene aprecio. Entonces, cada vez es menor la gente que la va a ver, pero son personas que la van a ver más intensamente. Por eso, cuando llaman ahora el cine de Tarantino como un cine de culto, me pregunto: ¿cuándo ha sido desconocido Tarantino? Ese señor jugó todas sus cartas a la fama desde el principio. Mainstream total. Reservoir dogs es una estupenda película, pero es de la industria. Y de ahí, cada vez más arriba. Su intención ha sido así.



Waters, el más popular

John Waters no es así, su sistema de institucionalización no arrancó ahí. Él llevaba largo tiempo con su banda de locos alrededor, pasando sus películas de pueblo en pueblo. Él quería hacer comedias americanas. Y las hizo. Sus películas son comedias americanas pero tan retorcidas que el pueblo americano no las veía sino la veía otra ente. Y luego, él ha seguido un camino. En algún momento dijo: “ya no está el circuito underground donde yo me movía, ya se terminó. Para bien o para mal me hice conocido. Todas las porquerías que pude decir, como poner aun gordo comiendo caca, ya las hice. ¿Qué sigue? Seguiré haciendo comedias. Ya no tengo que venderle a la nueva productora las porquerías que hice, ¡porque ya las hice!”


Él decía que luego de Pink Flamingos él tenía que luchar contra el logro de porquerías. Su extremo de suciedad era imposible de superar. ¿Qué podía hacer después de eso? Despedirse de lo que había hecho y pasar a otra cosa. Se jubiló de la porquería y pasó a trabajar con Hollywood de manera consciente. Ahora, que las funciones de Barranco se llenen, ya es pintoresco. Hoy, las películas trash son pequeñas moditas, movidas temporales, chiquilladas que no duran muchos años.

La pregunta es ¿cómo se interesa la gente hoy por esas películas? Recuerdo haber encontrado una entrevista a John Waters justamente sobre su primera película normal, Polyester. La revista me la prestó un amigo: era una la revista sobre buen cine, cine fino y de pronto aparece una nota sobre John Waters. Es que hoy a los jóvenes se les educa para captar esas películas. En los sesenta había gente que las veía con otra intención y a los intelectuales que iban al cine, que se cultivaban con otras películas, no tomaban en serio estas películas. Era una curiosidad, y eso. Era como ver Risas y Salsas. Era como ver la televisión más pobre.
Dr. Vértigo
Primera parte en:

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Tuesday, July 17, 2007

EL CINE TRASH, según el Dr. Vértigo

Doris Wishman en pleno rodaje.



MIS PELÍCULAS BASURA (I)


Las veo porque me producen una angustia extraña de describir. Es, digamos, una sensación incómoda. Y dentro del placer está el descubrimiento de toda una época. Percibes cómo vivieron el sexo las personas del sesenta y, a partir de eso, descubres mucho del estado mental de esa generación en ese lugar.

¿Fascinación por las escenas sexuales? No lo creo. A estas alturas, más parecen sketches cómicos. Es que ha pasado el tiempo y ya nos hemos acostumbrados a la televisión. Nuestra TV es suficientemente grotesca en muchos aspectos que las películas trash ya no alcanzarían. Su grado de exhibición o de mal gusto hoy es impensable en Norteamérica. Así que, en ese aspecto, estamos mas malcriados que los gringos.



*



Al heredar los nombres de siempre (Ed Wood Jr., Waters, etc), estamos perdiendo muchísimos otros nombres. Sobre todo de los años treinta, las historias son increíbles. Por ejemplo, había un director de los treinta que hizo unas porquerías deliciosas. Se llamaba Dwayne Esper.
Ese tipo era un hombre de negocios: organizaba freak shows, estas exhibiciones de gente peculiar, cuando el explotar a una persona deforme todavía no era totalmente mal visto en Norteamérica. Ahora es un crimen, pero entonces era un espectáculo en los pueblos pequeños. Todo circo tenia al lado su exhibición de freaks. Y el gran secreto de este tipo de espectáculos era el de ofrecer muchísimo más de lo que ibas a presentar. Anunciabas una “monstruosidad de dos cabezas” y finalmente era un enano con otra cabeza de plástico. Ese entrenamiento casi publicitario lo llevó al cine. Sus películas son grotescas, torpes y muy graciosas, pero el montaje publicitario que hacía era parte del espectáculo. Los trailers eran pieza clave en este universo. Eso era genial y lo hemos perdido. No nos quedan referencia de eso. Solamente quedan las películas.


Maniac, un film de Dwayne Esper




Como Esper, hubo muchos personajes. Había también una mujer mayor, Doris Wishman que hacia películas de corte erótico en los sesenta y luego hardcore en los setenta. Tenia una manera de filmar muy extraña. Tenia una fijación de, en el momento menos pensado, mover la cámara hacia una pared o hacia un teléfono. A todos estos realizadores los llamaban Los Cuarenta Ladrones, una banda de productores de cine de ínfima categoría, quienes compartían estos códigos. Produjeron activamente en los treinta, los cuarenta.

En una época, en los drive inn -que eran los lugares que recibían mayoritariamente las películas de mala categoría, ahí empezaron a pasar muchas películas con escenas de partos. O sea, los adolescentes iban a los drive inn iban a ver partos. Veían en toda la pantalla la vagina que se extendía y luego la cabeza que aparecía. Es que era la única manera de ver una vagina en el cine. Y esto se podía justificar, porque eran tomas médicas, porque era educativo, etc. Como experiencia, todo eso es irrepetible. Tu me puedes decir que hoy, en tu casa, puedes disfrutar esas películas, pero no la verás con la intensidad como se veía en es a época, como se vivía en esa época.


*
Había un tipo que a mí me parecía el rey de la escena. En el año ochenta publicaba un boletín. No era un crítico, sino un tipo que iba al cine, nada más. Iba a ese barrio que se llamaba entonces el Barrio Rojo, el lugar mas sórdido de New York aquellos años. Esos cines eran los que pasaban cine de explotación y además, en las salas, había comercio sexual, drogas y todo eso. Y este tipo iba ahí porque era el único lugar donde pasaban esas películas.
Fascinado por lo que veía, escribía sobre el asunto en una máquina de escribir. Luego la llevaba al impresor, sacaba un boletín y lo regalaba en los pasillos del cine. Con el tiempo, llegó a ser, primero proyeccionista, luego administrador de un par de cines. Tan involucrado estaba que terminó siendo un adicto a las drogas. ¡Es que ensuciado por su ambiente! Era el tipo que proyecta las imagines, el tipo que conoce a los productores, a las prostitutas que trabajan durante la proyección, a los enfermos sexuales, a los borrachos, a otros tipos como el. Se convirtió en un experto en estas películas. Y hace unos años, todos esos boletines los ha recogido, los ha seleccionado y ha publicado un libro llamado Sleazoid Express.




*


Hay muchos aspectos que lo críticos, tan interesados en este cine, no creo que hayan tomado en cuenta. Ese fue un punto que ya recalqué, porque Ricardo Bedoya me sacó toda su lista de todos los libros que no había leído yo(*). Le dije que qué bien, que lo felicitaba por todas sus lecturas, pero a mí, que los críticos escriban sus libros no me interesa en absoluto.

Yo prefiero mil veces a ese loquito que escribía sobre los cines estando adentro. Los puedo leer, como de hecho lo hago, pero me distancio de la manera en que llegan a sus conclusiones. Además, ¡con qué discurso académico suavizan, adocentan este suceso! Yo no quiero que suavicen nada. Y no me lo comparen con Buñuel, maldita sea. Que tienen que ver Cronenberg, Buñuel, con estas películas. Que hagan cosas raras, mostro. Pero no estamos hablando de lo mismo.



Dr. Vértigo
(*) Esta referencia al crítico Bedoya hace referencia a un debate que se originó días atrás y que expusimos en el link:

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Saturday, April 14, 2007

GUÍA DE CIENCIA FICCIÓN, según EDMUNDO PAZ SOLDÁN



HABLA NOMÁS (No hables como crítico)
Invitado: Edmundo Paz Soldán


Verne
Si tuviera que hacer una lista de las películas, libros y revistas de ciencia ficción que han influido en mi visión del mundo, tendría que comenzar con Julio Verne. No leí las novelas de Verne, ¿quién lo ha hecho? No tengo idea del estilo de Verne, ni siquiera en traducción, pero en este caso importa más el vuelo imaginativo que el lenguaje con que está descrito. Cuando tenía nueve, diez años, llegaba a los kioscos de Cochabamba una colección argentina de revistas ilustradas con las novelas de Verne. Así fue como leí Veinte mil leguas de viaje submarino, De la tierra a la luna, etc. Él había soñado ciertos artefactos con tanta fuerza que había terminado por imponerlos a la realidad. Primera lección importante para un escritor: la literatura proyecta modelos de mundos posibles. Si la realidad no los lleva a cabo, la culpa es de la realidad.
Star Wars
Yo fui otro de los adolescentes que sucumbió a la trilogía original de La guerra de las galaxias. Han Solo era un modelo para mí. Con los años, me fui olvidando de él y fui atraido por el lado perverso de la fuerza. Es cierto, es admirable lo de George Lucas, esa paciente construcción de una vasta mitología dentro de un esquema simple sacado de las ideas de Joseph Campbell; y sí, puede haber creado mucha basura en los últimos quince años, pero su existencia se justifica por haberse animado a ser ambicioso y, sobre todo, por Darth Vader. Para asustar a los enemigos sólo bastaba respirar con el toque asmático impaciente de Darh Vader.
Alien
No he sido un gran lector de las novelas de horror, ni amante de esas películas onda Drácula. Pero sí me ha gustado el cruce que a veces ocurre entre la ciencia ficción y el terror. Allí debo mencionar otra película que me sacudió: Alien. Primera vez que tenía como modelo a una hermosa heroína: Sigourney Weaver.
En el espacio, nadie puede escuchar sus gritos”, proclamaba la propaganda, y era cierto: en esa película, la ciencia ficción se mostraba capaz de conjurar al mismo tiempo vastos universos y un reducido y claustrofóbico espacio en el que nos jugábamos la vida a cada instante. El miedo era primitivo, salido de las entrañas de un chiquillo en la oscuridad de un cine de provincias. Pocas veces he vuelto a sentir ese miedo.
Blade Runner
Entré a un cine a ver Blade Runner y cuando se encendieron las luces yo era otro. Quizás porque disfrutaba de las novelas policiales y me identificaba con Deckard, un policía noir –con voiceover y todo- con la misión de eliminar replicantes infiltrados en ese paisaje decaído de Los Angeles de luces de neón abusivas y una sobrepoblación multiétnica. Pero el genio de Ridley Scott hacía que también nos identificáramos con Roy Batty, el replicante que vuelve a la tierra en busca de su Creador, rebelándose ante ese destino injusto que apenas le da cuatro años de vida. Todos nosotros somos Batty en algún momento de nuestras vidas, y quisiéramos confrontar al Creador y pedirle explicaciones por ese corto espacio de tiempo entre la cuna y el cementerio que nos ha sido dado vivir.
Cuando escribí Río fugitivo, mi novela sobre la adolescencia en Cochabamba, la única certeza que tenía era que Blade Runner debía entrar de alguna manera, como un motivo recurrente. Musil dijo que debía escribir novelas muy largas para incluir en ella la única frase que en realidad quería escribir. Algo así me pasó con Río fugitivo y Blade Runner. Algunos lectores perspicaces se han dado cuenta de eso; los críticos, por suerte, no.
Philip Dick
Y ya que hablamos de Blade Runner, hay que mencionar a Philip Dick. La novela no me impactó tanto como la película, acaso porque mi inglés no era tan bueno, pero recuerdo que sí pude entender el por qué del título original del libro (¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?)
De Dick aprendí dos preguntas cruciales para el siglo XXI: ¿qué es la realidad? Y, ¿qué significa ser humano? Los robots irán poco a poco haciéndonos cuestionar qué es lo que somos. De hecho, ya lo están haciendo. En las novelas de Dick, las máquinas pueden actuar como seres humanos y los seres humanos a veces son más fríos que una máquina. He leído otras novelas de Dick. Me quedo con una magistral: Ubik. Y he visto todas las adaptaciones cinematográficas de su obra: la mejor, hasta ahora, es Total Recall. Tengo mucha fe en la que se viene de Linklater (Through a Scanner Darkly.)
Dark City, Gattaca, Minority Report
No han sido grandes películas, pero su imaginería, su estética, merece que se las rescate: Dark City, de Alex Proyas; Gattaca, de Andrew Niccol; y Minority Report, de Spielberg. Cuando se trata de cine de ciencia ficción, a veces no importa tanto la historia que se nos narra como el mundo que se nos describe. Lo ideal, claro, es que una vaya con lo otro: ya Freud lo dijo mejor que cualquiera, la forma de nuestros sueños es su contenido.
Cuando quiero ambientar un relato en un mundo urbano latinoamericano donde se cruzan las pulsiones del futuro con nuestros paisajes premodernos, pienso en esos detalles que hacen que funcionen estas películas: En Minority Report, esas propagandas que nos siguen cuando pasamos junto a ellas nos dicen más del futuro diseñado por Spielberg que su relato con innecesario final azucarado.
El cine no ha sidojusto con el cyberpunk, excepto en la primera parte de The Matrix, esa trilogía de los hermanos Wachowski que fue perdiendo fuerza en los siguientes capítulos hasta desaparecer not with a bang, but with a whimper.
La ciencia ficción que consumo hoy –el anime, la novela gráfica, los videojuegos- me arrastran a esas tardes largas de mi niñez en Cochabamba, cuando la literatura era tan sólo una novela gráfica de Julio Verne comprada en un kiosco. Ahora sí me doy cuenta: para mi formación como persona y como escritor, la ciencia ficción ha sido mucho más importante de lo que pensaba.
“La vida son las cosas que nos ocurren mientras estamos ocupados haciendo otras cosas”, canta John Lennon en Starting Over. Puedo decir algo similar: mientras leía literatura seria –Dostoievski, Flaubert, Mann- me ocurrió, por suerte, la ciencia ficción. Eso era la vida.

Edmundo Paz Soldán. Bolivia. Escritor. Su obra ha sido traducida a ocho idiomas. Enseña en la universidad de Cornell (Nueva York.)
Agradecimientos: Juan Manuel Robles.

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Monday, April 02, 2007

MIS ESCENAS ERÓTICAS, según BETO ORTIZ



NO HABLES COMO CRÍTICO (Habla nomás)
Invitado: Beto Ortiz


Desde luego, tengo escenas de cine que me han excitado muchísimo.
En orden cronológico, podría empezar con el beso de William Hurt y Raúl Juliá, en El beso de la mujer araña. Yo estaba aún en el colegio y recuerdo haber visto esa película en el cine Julieta. Fue impactante porque entonces tenía en la cabeza el estereotipo de “homosexual" como las locas que llamaban a los puestos de picarones en la Costa Verde. ¿Nunca los viste? Eran unos maricones bastante feos, muy sórdidos, con pinta delincuencial que se ponían en los puestos de anticuchos allá abajo. Para mí, ser maricón era ser uno de esos. Después de la película, ya no pensaba así.
La escena inicial de Betty Blue, a pesar de ser un coito heterosexual, me pareció sumamente turbadora, muy excitante. En la versión Director´s cut el polvo es mucho más largo todavía. He visto muchísimas veces esta escena y ahora estoy convencido de que están tirando de verdad. No hay manera de actuar así.
Después, Birdy, que acá se llamó Alas de libertad. También tiene una historia medio solapa de amistad ambigua y además con el añadido que Matthew Modine está desnudo en bastantes escenas así que también estuvo interesante. Así es, interesante.
My own prívate Idaho, desde luego. Sobre todo por el tema del fleterío. Fue durante la universidad, tendría diecisiete o dieciocho y recién estaba entrando en el universo del fleterío. Como cliente, por supuesto.
Un actor: Gael García en Amores Perros. Y en cualquier otra de sus películas.
Cine peruano
El cine peruano no es muy pródigo en escenas de sexo memorables, aunque sí hay una escena que me ha excitado, claro: la pelea del Jaguar con el Poeta a correazos, cuando están encerrados, en La ciudad y los perros. Pura energía erótica. Sobre todo porque Pablo Serra y Juan Manuel Ochoa tienen memoria emotiva en el tema. Mírala bien, parece una pelea de pareja, no era una pelea de dos machitos de colegio.
También hay películas que han pretendido ser adrede excitantes y la chispa nunca prendió, como No se lo digas a nadie. Todo es demasiado irreal. ¿Christian Meier y Santiago Magill se levantan luego de tirar y están los dos en calzoncillos Boston? ¡Hello! ¿Cuándo pasa eso? Totalmente falso. Y el beso con Ciccia es una coreografía. Parece una escena inicial de un espectáculo de Íntegro: los dos arrodillados exactamente igual, iluminados exactamente igual, besándose púdicamente, no se tocan nada. Pura danza moderna.
Películas para seducir
Más que las películas, lo que me ha servido es el cine, como lugar. Recuerdo que cuando regresé de la cobertura de la guerra del Cenepa –en la que ocurrieron varios hechos inconfesables en aras de defender a la patria-, me seguí viendo con un comando que había sido herido en la línea de fuego. Luego nos hicimos amigos y cuando nos volvimos a ver acá en Lima nuestro encuentro fue muy emotivo.
Pero digamos que mis intenciones no estaban del todo claras porque yo era reportero de Panorama y él era un soldado a punto de ser condecorado que no había ido al cine nunca y que nunca había comido una pizza. Así es, él tenía la ilusión de comer pizza e ir al cine. Esa misma noche lo llevé a ver Fresa y Chocolate y luego lo llevé a la calle de las pizzas. Entonces el mensaje quedó claro. Ya no tuve que preguntarle nada. En ese caso funcionó.
Beto Ortiz

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