LA CINEFILIA NO ES PATRIOTA

DEDICADO AL CINE PERUANO QUE AÚN NO EXISTE

Thursday, August 16, 2007

EL SISMO - ÚLTIMA CRÓNICA

1

Para tener temas de conversación hay que asistir al Festival de cine. Para hablar del Festival de cine hay que regresar al Centro Cultural. Para regresar a esa cuna de todo el saber hay que poner buena cara y mantener la serenidad. No importa que haya que entrar al edificio y descubrir que, vaya, la persona que ahí dicta Apreciación Cinematográfica es Sandrito, director de discutida película, amigo tuyo de siempre según todos -y a quien hasta ese momento en realidad has visto dos veces en la vida-. No importa que una vez llegados a la Sala de Prensa descubras, oh sorpresa, que uno de los ya acreditados para tu página, con el permiso de sabe Dios quién, es Alberto, omnipresente personaje en cuanta función gratuita de cine ocurra, poeta y crítico que quizás se describiría a sí mismo como “espécimen no neonato de la parafernalia carnavalesca que significa el Encuentro cinemero en mención”. Tampoco importa que veas el spot del Festival y descubras que, como estrella del evento, en medio de localísimas estrellas de cine, aparezca el cocinero que recicla chicharrones con camote y cautiva a los parroquianos de siete tenedores. De veras, nada importa excepto saber qué películas se podrán ver este año. Para ti, el Festival tiene dos motivaciones y dos nada más: Uno, las películas –largos, documentales, cortos, funciones especiales y hasta películas peruanas-; y dos, los posibles encuentros con cineastas, productores, críticos y cuanta gente tenga un discurso interesante qué decir. El resto, incluso los premios por venir, no significarán nada en poco tiempo. Más severo que tú, a Mario no le cuadra regresar a la Católica y escuchar los ensayados chistes de Edgar. Tú prefieres cerrar los ojos y recitar parafraseando Festival de Lima, / dos veces me senté en tu sala azul / para mirar mi vida. / Para mirar mi vida / y no por contemplarte, / porque necesitamos menos belleza, Alicia, / y más sabiduría.
2
Las funciones de prensa son una monada. Termina una película y siete señores se detienen en la puerta a sentenciar un film. Hamaca paraguaya es atacada por varios flancos. “Se me cayó”, “pretenciosa”, “falsa”. Muchos salen con rostros de estreñimiento. En cambio a ti te gustó mucho y tratas de defenderla de manera balbuceante. Al rato detienes tu perorata: te enteras que a Ricardo, gurú de la crítica local, también le ha gustado. Basta que a él le guste una película para que la mitad de esa sala cambie su opinión antes que puedas decir mil nubes de paz cercan el cielo, amor, jamás acabarás de ser amor. Tu esfuerzo, pobre pero honrado, puede descansar por ahora. Sales caminando y revisas qué películas se proyectarán: No es que te entusiasmes, tampoco te decepcionas. La verdad, solamente te interesan tres películas: Stellet Licht, de Carlos, La soledad, de Jaime y Le petit lieutenant, de Xavier. Hace mucho rato la difusión del cine más atractivo del mundo no pasa por los centros culturales ni por el propio Festival, sino por la inacabable selección criterio collection que se encuentran en los puestos de Polvos Azules: Hsiao-hsien, Víctor, Abbas, Krzysztof, Takeshi, Mikio, Ming-liang, Stephen y Timothy, Jean-Luc, Satyajit, Theodoros, Leos, Claude, Lars, y amplia filmografía de Yasujiro, Ingmar, Michelangelo, Jean, Carl Theodor, Rainer Werner, los David, Alfred, Akira, Eric, John, Orson, Andrei entre otras extrañezas son los nombres que cualquiera puede conseguir para realizar, sin mucho aspaviento, en su salita privada, el mejor Festival que esta ciudad jamás tendrá.
3
Rodrigo está agotado. En dos días lleva medio paquete de tabaco consumido y no deja de rolear el siguiente cigarrillo. El cine latinoamericano le ha causado dolores de cabeza. ¿Qué está sucediendo?, alza la mirada. Tú le cuentas que en el Festival local hay un problema con las personas que seleccionan las películas, que pareciera que hay unas señoras ahí metidas con suficiente poder de decisión. Así como existe la categoría Ficción, Ópera prima y Documental, Pablo sugiere crear la categoría Señoras. Rodrigo levanta los hombres y dice que todo lo que ha visto hasta ahora pertenece a la categoría Señoras. ¿Qué está sucediendo? Arman una idea: basarse en el Festival de Cine Independiente de Barcelona, pocas películas, quizá no más de diez en competencia, quizá no en el rubro “independientes” pero de trascendencia a nivel mundial. Que el trofeo cobre peso. Un evento más pequeño pero mejor, y una retrospectiva amplia de un cineasta importante en la actualidad. Que las señoras se queden en la Sala Azul (¿alguna institución interesada?) Martin bebe tranquilo. Para él, ex jurado en el Festival de Rotterdam, agotarse al ver muchas películas es natural. Asegura que, aquella vez en las Europas, no más de cuatro o cinco películas valían la pena de ser premiadas, y Rotterdam, sabemos, no es Lima. Incluso algunas premiadas entonces le parecieron reprobables. Fuera de eso, en una mesa de cineastas nadie habla de cine. Conversan sobre la fiesta de anoche, sobre el cocinero japonés que es leyenda mundial y vive aquí, sobre la fiesta de esta noche y sobre la incalculable cantidad de cigarros que se fuma Klaus por minuto. Al final, regresan al cine y comentan la muerte de I y de M. Hablan del cine sueco y tú les comentas de un director, Roy, que ganó la Palma el 2000 con una película que empieza con unos versos de Vallejo. “¿Se apellidá Anderson? ¿Otro Anderson más?”, pregunta Pablo. Andersson, corriges. Rodrigo sentencia: “Si te apellidás Anderson, de frente salís y hacés cine, no tenés más.”
4
Klaus no sólo fuma demasiado. Además tiene el récord de regresar a su hogar solamente por tres semanas al año. El resto del año se rompe el lomo, pobre, asistiendo a Festivales. Klaus se reúne con Juan José y los amigos críticos de cine y les pide que respeten a Pancho. Pancho no olvida que además de cineasta es dirigente deportivo, así que se reúne con Jorge, ex técnico del Sporting Cristal, en la renovada cafetería del Festival, mientras que Juan Carlos, actual técnico del equipo mencionado, sufre para no perder la categoría. Con su diplomacia característica, Emilio expresa su desazón por el fin del blog que tanto astigmatismo te ha costado. Mientras, descubres que tu coeditor, después de semanas de sequía, prefiere publicar una crítica en otra página antes que en la de ustedes. Alicia dirige el área de Prensa y hacia ella van los periodistas para preguntarle por qué la credencial de prensa no servirá para el ingreso a las salas. Una muchacha de la organización alza la vista y dice que ella ha estado en Cannes y ha hecho su cola y pagado sus tickets y no entiende estas gollerías locales. María José te llama por teléfono: He visto una sección de Boxeo en el diario del Festival, ¿qué te parece la siguiente idea…? La felicitas y piensas que los jóvenes tienen un entusiasmo aún por descubrir. Paul Thomas ganó el Oso de Berlín y dijo que el cine era un arte para jóvenes. Según muchos dicen, la película de Augusto es una confirmación de esta cita. Luis Carlos pasea con una camarita por todos los pisos. “Te vas a convertir en el siguiente Polizonte si sigues así”, le dices. Él cruza los dedos y, esperanzado, te responde: “pucha, ojalá”.
5
A Ramos no termina de gustarle el cine. Este ambiente de Festival no ha ayudado. Las películas son realmente olvidables, incluidas las argentinas. Vaya delegación, la argentina: Ariel les ha metido el dedo a los alemanes; Ana está en el límite justo de la autoayuda y la simpatía; y Carlitos se vislumbra como futuro realizador de comerciales en la selva, tipo café Altomayo. Si Argentina tiene su película sobre el Diego, Brasil saca su postal con Pelé. El año en que mis padres se fueron de vacaciones es la obligada versión anual de la dictadura que se exhibe en el Festival. Diego deja de promover detergentes para postular por partida doble al Spondylus a Mejor Actor, pero perderá ese rubro contra Julio quien, una vez más, no ha venido a Lima, para sempiterna decepción de su club de fans. Abres un libro con fotos de películas y a Ramos le brillan los ojos. “¿Lista?”, le preguntas. “¡Ya!”, se ríe. Empiezas:
- Kurosawa.
- No.
- Al Pacino.
- Me suena… ¿El que hace de mafioso?
- Sí. Casablanca.
- No.
- Chaplin.
- Mmmm… Espérate… Creo que La quimera de oro se llamaba su película, ¿no?
- ¡Ese mismo! Ahora, la decisiva, ¿lista?
- A ver.
- Hitchcock.
- ¡Sí! Me compré un libro de él además.
Se pone feliz y te da un beso. Rodrigo y Martin le estiran la mano pero ella prefiere no saludarlos sino de lejos. No le simpatizan los cineastas y a cambio de acompañarte al cine, tú entras feliz a las clases de Derecho Penal que le dicta César, el más prestigioso abogado de la mafia, en la de Lima. Lo puedes manejar y ella también. Pero esta vez ella está asustada: ha entrado contigo a ver una película de más de ciento cuarenta minutos, el tiempo justo que le conceden en casa para salir a pasear. Ella, inquieta, se entera de la duración, pregunta si hay entradas para otro momento, mira la primera escena (es un cielo estrellado que avanza hacia un amanecer) y luego parte del cine sin importarle que todo el mundo haya estado matando por esa misma entrada. Quieres ahorcar a alguien.
6
Las estrellas reaparecen en el cielo y termina la proyección de Stellet Licht. Sin embargo, la sensación de plenitud que uno ha podido alcanzar con la toma final se rompe por la voz de Enrique, aka Chobi, voluptuoso crítico de cine que, aún con las luces apagadas, no duda en romper el silencio cósmico vociferando para toda la sala: “¡Pero si eso es Ordet, es purito Ordet!”. Te dan ganas de meterle un lapo. Arruinarle a uno así la sensibilidad debería estar castigado penalmente y buscas a Ramos con la mirada. Sin embargo, no está. Sólo ves Enrique y más Enrique. César, joven promesa de la crítica, confirma que en las funciones de prensa no es novedad escuchar gritos, frases, palabras sueltas o cualquier otro tipo de ruido nacido de las entrañas del buen señor. Guayo, productor de una-comedia-peruana, recuerda que Enrique se rió como nadie durante la proyección de esa-comedia-peruana. “Y, luego, claro, la hizo trizas en su columna”, añade el producer. Igual, sales emocionado de la proyección y por ahí vislumbras a Salomón. Te dan ganas de acercarte para preguntarle qué pasó con las proyecciones de medianoche y las funciones de a sol que prometió cuando la Filmoteca se convirtió en la Filmoteca PUCP. A la izquierda, encuentras a Ramos tomando un helado: “Mira”, te dice y no te queda sino mirar qué se trae, mientras le anuncias que nunca más desperdiciarás una entrada de esa manera. Te interrumpe mostrándote los libros que ha comprado. Las palabras se mezclan: Constitucional, Civil, Plebiscito, Jurídica, Perú, Decretos, Sociedad. Al final con una sonrisa enorme, te muestra el último libro: “¿Este es el que acaba de morir, no?”. El título dice: Para mí, hacer una película es vivir. “Te lo he dedicado”, dice mientras te abraza fuerte. Jo, cómo no quererla. Arriba, las estrellas aparecen.
7
Exceptuando las películas de Lucrecia y de Lisandro, Carlos no se entusiasma por el cine argentino. Tampoco se entusiasma por haber ganado en Cannes. Es un poco más de lo mismo, mira al suelo, solamente que a otro nivel, pueden haber personas que has admirado y cuando los ves de cerca te decepcionan. Bebe una cerveza. A su lado siempre está Natalia, novia de Carlos y editora de su película. ¿Es verdad que la última película de Béla es decepcionante? Para nada, cabrón; cuando aparecen los personajes sí la película como que pierde, pero tiene unas tomas hermosísimas, de seguro te van a gustar mucho. El niño Gabriel es amigo de la pareja, los conoció en Europa, fue testigo de cómo la película casi no llega a tiempo para Cannes y tiene su nombre en los agradecimientos del film. ¿Han visto mi afiche? ¿Qué bonito, no? En efecto, hasta en el concepto del afiche la película de Carlos toma una enorme distancia del resto. Y lo sabe. En la Sala Azul, Melania lee en un papel el nombre del director, sus películas anteriores y le da pase. Carlos presenta su película en la Sala Azul y luego sale para esperar al público. Con Batalla en el cielo salían furiosos, veamos qué pasa ahora. Dos horas y media después, los espectadores empiezan a salir pero por la puerta que da hacia la calle. Carlos se los ha perdido y reniega un poco. Quiere el contacto, la conversación directa con quienes han visto lo que ha hecho. Si pudiera, quizás haría una encuesta. Más tarde, en la fiesta, Edgar, dominador de todas las escenas, se acerca, lo abraza, le bromea diciendo que su película es malísima –no tan mala como la basura de Los muertos pero muy mala al fin- y si el Festival la programa es porque entiende que es importante. Carlos le agradece la sinceridad. Al poco rato, Natalia y él toman un taxi hacia el hotel. Antes de despedirse, sigue contando detalles sobre la película. Así es como te enteras el verdadero nombre del perro de la película: Ollanta. Ansioso, te acuestas pensando en ver de nuevo esa película y escribir sobre ella tu último texto en esta página.
8
Aldo ha hecho un spot que refleja perfectamente la mirada que tiene la organización sobre su propio festival: un encuentro interbarrial donde los vecinos olvidan sus austeridades al ver una escena donde sobra el romance melcocha. Eso es lo que muchos de adentro quieren que sea el Festival, eso y sólo eso y no, pues, no puede ser solamente eso. Hasta Pancho defendió la película de Lisandro en su momento, mira tú, sino no se exhibía. ¿Qué es el Festival? Se arma un escándalo por el afiche racista. ¿Qué hace Luppi en la fila y no un peruano? Momento, ¿es Luppi o Blume? ¿Y qué hace el cholo a espaldas del director de Diarios de Motocicleta? ¿Lo bolsiquea? ¿Revende entradas? ¿Entró a ver La gran sangre para encontrar las vivencias que no encontró el año pasado en Madeinusa? Más allá de inexactitudes, Alfredo da en el clavo: la imagen del afiche es discriminatoria. Punto. No hay floros, excusas, justificaciones. Edgar está molesto porque nadie valora las proyecciones de Oxfam, donde se impulsa la justicia social y esas cosas y en cambio acusan de racista a su festival. Gabriel Q se extraña que tú no comentes el tema en tu página. El mismo Gabriel Q que te había dicho que los textos personales, esas crónicas o esa entrevista a Luis Carlos no tenían sentido en una página seria... para luego, oh, vaya, públicamente, resultaba que tus textos sí tenían sentido, que contribuían al cine. El mismo Gabriel Q que te felicitó por cuadrar a Óscar, el que apeló al pacto de honor para exigir a su página no comentar las películas que Gabriel & Co quisieran libremente comentar. ¿Ahora viene a pedirte que te unas a la recolección de firmas antiafiche y si no tocas el tema es que te has vuelto frívolo? Kiai!!! Golpe de karate do. El único que te puede exigir que escribas un texto es tu coeditor (y él parece haber tomado interminables vacaciones), nadie más. En el afiche, el único que parece mirar al cholo es Fernando, pero más por una cuestión de estrabismo. Antes que acabe el día te encuentras con un suceso más delicioso aún. En la entrada de la película de Raúl, se lee un cartel que dice: Estimados señores: Les informamos que la película Tres tristes tigres que se exhibe hoy en la sala 7, aparentemente tiene un sonido defectuoso. La verdad no es así, el sonido se ha puesto adrede así por el Director de la película (es un “artista”), por favor entender que no es defecto de la proyección ni de la sala. Gracias por su comprensión. Atentamente, La Administración. Por la reputa madre.
9
Alberto, el espécimen no neonato de la crítica y la poesía, acreditado como miembro de esta página, sonríe silencioso ante la pregunta crucial: ¿escribirás algo para la página al menos? Lo encuentras en la clausura del Festival. ¿Cómo es que siempre puedes ingresar a estos eventos sin invitación ?, tienes la duda. Él lanza un guiño y cuenta su secreto: todo consiste en esperar el momento oportuno. Palmas peruanas. Sobre el escenario, Augusto recibe el premio a la Mejor película peruana. Más bien, habría que darle un premio al esfuerzo por filmar su película los fines de semana, a lo largo de las estaciones. Ponte de pie y propón el nombre del trofeo: La estatuilla Primavera, verano, otoño, invierno y otra vez primavera va para Augusto… Más palmas peruanas. Micky ganó el premio de la Revista Cosas por su cortometraje y le dieron una suerte de llave gigante y monolítica. Carlos ganó el premio de la Revista Tren de Sombras por su película y no le dieron ni un diploma. Quizás para ambos sería más beneficioso una suscripción anual a las benditas revistas y punto. A la organización, urgente: esas ediciones en los vídeos del Spondylus, esas imágenes aceleradas del Festival con la musiquita de mambo-qué-rico-mambo, eso ya es prehistoria, por favor. Sube de nuevo Carlos al escenario. Premio, tras premio, tras premio. Le faltó uno, piensas: Mejor actor, para Cornelio.Todo termina como empezó y veinte minutos después todos salen de ahí por unas cervezas. Rodrigo sugiere eliminar esa categoría de Ópera prima, y hacer que todas las buenas películas, no importa si el cineasta es nuevo o un habitúe, compitan entre todas. Edgar les cuenta que será el último año que ocurra esa separación. Natalia y Carlos salen volando a tomar el vuelo de esa misma noche rumbo a México. Abrazos merecidos. Alguien le bromea a Carlos: el próximo año te tocará ser Jurado. Él contesta: yo no juzgo películas, las hago. Despedida. Luego, todo el mundo entra a la súper fiesta. Bebidas, bocadillos finos, sonrisas para las cámaras. Descubres que "están los que tienen que estar". Incluso Gabriel Q, que seguro andaba vigilante ante cualquier señal de discriminación durante los bailes. Al poco rato Martín pone cara de angustia: él es vegetariano y no hay quiche de espinaca. Esta vez todos los bocaditos son de jamón. Además se siente extrañado: es primera vez que lo han invitado y su película tuvo un problema en su exhibición. Le han prometido una retrospectiva para el próximo año. Mirá vós si será verdad. Ojalá lo sea, viejo. Vaya a buscar su lechuguita y regrese rápido que se acaba la cerveza.
10
Pausa refrescante. Momento de ponerse serios –puede ser ironía-. Se terminó el Festival de Lima y se saltan a la vista varias conclusiones:

i. El Festival ha aumentado secciones, proyecciones, salas de exhibición. Hoy por hoy, abarca mucho pero aprieta poco. Hay películas que no tienen el nivel de estar en una Selección Oficial. Ver competir Stellet Licht al lado de títulos como Suspiros del corazón da vergüenza ajena. Las películas que le gustan a las amistades de Edgar deben tener su propia sección: Selección oficial para Señoras (con derecho al premio de la Revista Cosas). Tampoco pudieron reaccionar con respecto al fallecimiento de Bergman y Antonioni. Una buena película de cualquier de ellos vale media Selección Oficial –o más-. ¿No tenían espacio para una función de homenaje? Inaceptable.
¿En qué acertó la organización? Pues hay alguien que finalmente ha entendido que, a pesar de ser aún una pequeña aldea, el Festival necesita más relaciones internacionales. La muestra venida de Cannes con películas como La soledad, La petite Jerusalem, Héros, entre otras, ha sido un respiro de emergencia ante el inamovible cine latinoamericano. Más entusiasmo ha causado la presencia de la delegación del World Cinema Fund, una de las charlas más concurridas, especialmente por jóvenes cineastas. En mejorar rápidamente su selección y en cimentar las relaciones inicialmente alcanzadas es lo que debe estar en discusión entre quienes quieren que el Festival mejor. Y también, al parecer, hay que evitar la presencia de argentinos en los afiches.

ii. El cine peruano de ficción realmente existe por ímpetu individual. No he visto las películas peruanas pero, por opinión de masoquistas personas cuya apreciación valoro, entiendo que dichos filmes dejan mucho que desear. Una lástima, de veras, porque esta no es una frustración de tal o cual cineasta, sino de quienes se entusiasman por el cine peruano. Esta última línea puede sonar bastante nacionalista, pero basta ver –nuevamente- cómo cineastas tan distintos como Cuarón y Reygadas pueden no solamente coexistir sino apoyarse mutuamente –vean los créditos de Luz silenciosa- y obtener lo que, cada uno por su lado, ha luchado por alcanzar.

iii. Otra conclusión, más localista aún, es que nuestra crítica peruana no tiene mayor brillo o dedicación excepto –me da envidia decirlo- la actividad de Ricardo Bedoya. Si algo beneficioso ha traído este extraño mundo del blog al movimiento de la crítica local es reavivar a este señor, a quien hasta hace algún tiempo ya ni leía por lo repetitivo de su discurso, pero que ahora parece rejuvenecido, tras haber descubierto en su blog un medio que le permite explayarse mejor que en su columna dominical. La mejor cobertura del Festival de Lima la ha hecho él solo –con muchos puntos en los que discrepamos radicalmente- y junto a Emilio Bustamante, Mario Castro y dos o tres nombres más –todos mucho más jóvenes y ninguno de “su escuela”-, se distinguen claramente del resto de la crítica, que es más de lo mismo y hasta objeto de mofa por muchas personas.
iv. Mi última conclusión, la más feliz también, es descubrir que el cineasta Reygadas está cerca a realizar una película memorable (creo no ser atrevido si afirmo que esta última es la que quedará en los libros, hasta el momento). No solamente está por encima de casi todos los cineastas latinoamericanos –que no es gran mérito-, sino que es notoria la superación respecto a sus dos películas anteriores –que sí es gran mérito-. Como dijimos semanas atrás, este evento llegaba con un nombre propio bajo el brazo. Ojalá que llegue a buen puerto la negociación entre Mantarraya y el CCPUCP para que la cinta mexicana pueda quedarse y sea exhibida en las siguientes semanas.
11
Quieres despedirte de esta página escribiendo un texto más, un apéndice sobre Luz silenciosa. Te sientas frente al computador, pero no te sale nada. Han aparecido muchos textos, pero ninguno alcanza a expresar lo que sentiste al ver esa película. Tu propio texto seguramente tampoco lo hará. Estás agotado. O piensas que ya no te interesa escribir para los demás, permitir que los demás lean lo que escribes. Ya ni sabes por qué lo empezaste a hacer o por qué no lo abandonaste cuando tiempo es lo que más te faltaba. No sabes nada. Quieres dejar este blog. ¿Renunciar? ¿Desaparecer? ¿O solamente necesitas vacaciones temporales? No sabes nada. No crees en entelequias pero igual pides ayuda: Dios, mándame una señal. El perro se echa a ladrar. Bah, eso es lo más obvio. Otra señal. Una alarma de automóvil suena. No te convence. Una señal más fuerte, pues. El perro aúlla y, de pronto, la tierra tiembla bruscamente. El suelo se mueve como nunca antes has sentido y las ventanas se sacuden estrepitosamente. Empezaste tu última crónica en la mañana y la terminas al entrar la noche, durante un terremoto. ¿Ahora qué caraxo significa esta señal? Todo el mundo sale asustado a las calles –los hombres, antes que nadie-, y en la televisión algunas mujeres se echan a rezar. En unas horas aparecerán las terribles noticias: casi quinientos muertos, demasiados heridos, construcciones destruidas, caos telefónico, criminales de alto riesgo que han fugado de prisión. Tu corazón de periodista todavía late y te quedas viendo las noticias hasta casi el amanecer. Tu madre llama del exterior, preocupada. Contactas con unos amigos y te animan a partir a Ica para ayudar a quien buenamente se pueda. Es obra del maligno, te dice tu tía, la evangelista. Tengo la respuesta lista, en la punta de la lengua: Yo creo, tía, que es obra de Dios. La realidad, lamentablemente, es más terrible, y me callo.
Fernando Vílchez Rodríguez

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Monday, June 25, 2007

CRÓNICA SOBRE UN CINE CLUB INFERNAL (o invernal)



AVISO A LA COMUNIDAD



Por mi mala suerte, asistí el fin de semana al cine club del CONSEJO DE LA PRENSA PERUANA, ubicada en la calle Los Ángeles 211, Miraflores, pero mi mala suerte no radica en la película que pasaron, sino en la (des)organización de dicho evento. Mi manía por asistir quince minutos antes a cualquier lugar se excedió, puesto que llegué al lugar 20 minutos antes. Me recibió una chica muy amable que una de las primeras frases que me dijo fue: si gusta puede regresar. Mi sorpresa comenzó ahí. Decidí no irme, sino esperar ahí. Cuando me disponía a entrar y ver las instalaciones, la señorita nos dijo: La donación es de 5 soles. ¡Qué! Pensé yo. ¿No era entrada libre? Según el aviso que publicaron en el diario Peru21 el día viernes 22 de junio, la proyección era gratis. Mi problema no es si me pidieron 5 ó 10 soles de donación o colaboración, pero no entiendo por qué salió publicado “ingreso libre” si al final te van a pedir plata. ¿No les parece una falta de respeto? Y la noche recién empieza.


Una vez que pagué mis dos entradas, la señorita que “ya no me parecía tan amable”, nos dijo que pasáramos y que la proyección sería en el patio que estaba en la parte de al fondo de la casa. Entramos, mi enamorada y yo, y decidimos sentarnos en una banquita de cemento que estaba pegada a la pared. Cuando nos dimos cuenta, había sólo tapetes de paja en el jardín, en medio un proyector y la imagen proyectada en la pared. Me pregunté: ¿tengo que sentarme en el suelo? Mientras reflexionaba sobre mi posición a la hora de ver la película, el frío ya lo empezaba a sentir en mis pies, mis piernas, mis brazos y mi cara. Y sólo había estado 20 minutos.


Ya eran las 8pm, hora en que se suponía debería de empezar la película. Bueno, dijimos, seguro esperarán que lleguen algunas personas más. Conversamos un poco y de pronto se acerca otra señorita ofreciéndonos café. Hasta el momento, las incomodidades estaban cubiertas por una taza de café. Por lo menos. Y los minutos seguían pasando y conversábamos acerca de la vida, del amor y de mil cosas.


Los minutos avanzaron. Ya era 8:30pm. Mi desesperación empezaba a inquietar mi mente y mi mente a mi cuerpo. Ya no sólo estaba congelado, sino que se me había acabado el café y ya llevaba esperando 50 minutos. Decidí preguntarle a la señorita que me trajo el café a qué hora iba a empezar la película. Me dijo que como esto no era un “museo”, (por qué metió a un museo, no lo sé, pudo meter a una sala de cine comercial aunque sea) esto no era formal y que mientras se proyectan los video arte (me olvidé, también hubieron dos “video arte” pero sobre eso ya les contaré después) la gente iba a estar tomando su café y que al final iban a pasar la película. Mi pregunta siguiente fue: Bueno, y entonces, a qué hora empezará, ¿a las nueve? (de manera burlona y cachosa) y mi sorpresa fue su respuesta libre y desinteresada: Sí, ayer empezamos como a las nueve mas o menos, mientras iba llegando la gente y todo eso.



Asentí de manera atónita y enfurecida. Tenía que esperar media hora más. De haberlo sabido, hubiese ido a mi casa, tomaba un lonche y regresaba pero bueno, decidí quedarme para ver hasta dónde iba todo este asunto. Pero ya en este punto de la historia, mis huesos estaban fríos, mi mente caliente, y mi enamorada congelada también. ¡Qué falta de respeto! ¡Qué impotencia!
Y los minutos seguían pasando. Ya los minutos se hacían más y más lentos cada vez. La temperatura iba bajando y mi paciencia evaporándose. Llegó la hora crucial. Las 9pm. Qué hacer ahora. ¿Irme después de haber esperado una hora y veinte minutos? ¡No! Tenía que verla. Es en estas circunstancias en que la obsesión y el respeto a uno mismo se distorsionan. ¿Quién esperaría una hora y veinte minutos para irse y no haber logrado su objetivo? Bueno, mi decisión fue seguir y quedarme.
Fueron entonces las 9:30pm. Así es querido lector. Habían pasado ya una hora con cincuenta minutos desde que había llegado a ese sitio. De pronto escuché una voz que me decía: ya va a empezar los “video arte”. Pero antes que me invite a sentarme en el jardín, estos videos habían estado proyectándose una y otra vez sin que nadie nos avise. Pero bueno, nos sentamos y empezamos a ver los videos. Ningún comentario sobre estos. Repitieron los videos dos veces. No soportaba la paciencia de los “organizadores”. Había estado esperando casi dos horas y todavía repetían los video arte, que de video tenían mucho y de arte, sin comentarios.
Hora: 9:45pm. Empezó Japón de Reygadas. Pero mis sentido se habían casi opacado por el frío. Me temblaban las piernas y los brazos pero mis ojos sólo veían esa pieza de arte magistral de Carlitos. Si no fuese por este director y por ésta película, todo este sufrimiento hubiese sido mucho más doloroso. Ah, me olvidaba de un espectador arácnido que, trepándose por la pared, parecía que quería introducirse en los parajes de “Japón” porque por momentos, aparecía en el écran-pared, (DISTRAIA para ser más precisos). Fin.
Resumen:
* En el aviso del diario decía: Ingreso Libre y me cobraron 5 soles.
* No habían sillas y tuvimos que sentarnos en el suelo.
* Esperé una hora y cuarenta y cinco minutos para que empiece la película, a pesar que la hora en el diario y ratificado por la señorita que me atendió era a las 8pm y no 9:45pm.
* La proyección NO fue en un lugar cerrado, fue al “aire libre” y el “frío” podría ser contraproducente para cualquier ser humano (¿será por eso que al final de la película quedó sólo la mitad de espectadores-valientes?)
* SIN MENCIONAR LA BULLA DE CONVERSACIONES, CELULARES, ETC.
QUÉ FALTA DE RESPETO PARA UN CIUDADANO COMÚN Y CORRIENTE QUE LO ÚNICO QUE QUISO FUE QUERER VER UNA PELÍCULA. LO DIGO PORQUE YO TAMBIÉN SOY RESPONSABLE DE UN CINE CLUB Y NO ME PARECE QUE ENGAÑEN A LA GENTE DICIENDO COSAS QUE NO CUMPLIRÁN.
Y qué pena que este evento penoso haya tenido que suceder dentro de un organismo que justamente sirve como difusor de cultura mediática (El “CONSEJO DE LA PRENSA PERUANA” es una asociación que agrupa a los principales medios del país) y que no le tenga el más mínimo respeto a la comunidad.
Mi sugerencia es: NO ASISTAN A ESE CINE CLUB, Y SI QUIEREN IR, TOMEN SUS PRECAUCIONES, PERO MEJOR, AHORRENSE LAS INCOMODIDADES.
PACO PULIDO SPELUCIN

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Friday, June 22, 2007

CRÓNICA DEL MES: JUNIO


Estimado:


Termina el día del padre y la ciudad huele a parrillada con vino tinto. Por estos lares, te cuento, nadie, ni una buena almita de Dios ha tocado a mi puerta. Nadie me ha enviado tampoco una timbrada misia. Nobody / anybody. Ni siquiera el señor que vende escobas llamó a mi puerta. ¿Por qué? Elemental, mi querido Junior. Por un lado, no soy padre (de hecho, no soy padre por ningún lado). Por el otro, mi timbre no funciona. Lo que deprimiría a cualquiera, siempre termina animándome. Así que, listo. Nadie interrumpe y me hago un tiempo para escribirte.
Estar haciendo entrevistas durante meses me ha dejado una tara enorme: empiezo cada conversación llenando de preguntas inútiles a mi acompañante. Esta vez paso. No es que no esté lleno de dudas. Quisiera saber desde hoy, por ejemplo, cómo te llamarás, en qué país nacerás, qué música te gustará. Sé que serás el rey de la casa y, con un poco de esfuerzo, de la cuadra, pero no sé si nacerás con ojeras y no tengo ni idea de cuántos corazones vas a romper. ¿Cuántas bicicletas tendrás? ¿Te gustará el fútbol? ¿Me saludarás siempre con un beso en el cachete? ¿En qué momento empezarás a desconfiar de mí? ¿Me sacarás dinero de la billetera sin que lo note?
Como ves, preguntas sobran. Al término de este fantasioso día espero tener alguna respuesta más o menos clara que pueda contribuir a la amable charla que nos espera cuando me apuntes con el arma de la insolencia y me preguntes, rabioso, por qué demonios te tuve que educar de esa manera. Verás…
No creas que por ganar algún diploma en el colegio te volverás el rey de la casa. Frena tu coche: para entonces, no habrá premio que tus pundonorosos padres no hayan ganado, así que por ese lado no te emociones mucho. Tu diploma por el primer puesto en un concurso de ortografía es un diploma, nada más, nada menos. Pero seguramente serás mejor que yo en otras cosas. Hablarás el francés mejor que yo. No olvidarás tan rápido todas las variantes ajedrecísticas de la apertura inglesa. No dejarás a la mitad las clases de piano, de escultura y de marinera norteña. Habrás visto más películas que yo, habrás leído más comics que yo, habrás hecho más amigos que yo. Y en tus ratos libres serás diagramador de sistemas computarizados que yo jamás entenderé (este blog te parecerá obsoleto, aunque te cuento que hoy mismo ya lo es). Y, sin embargo, habrá áreas en las que, por más empeño que pongas, no me superarás. Mi papa a la huancaína es imbatible, por ejemplo.
Difícilmente te castigaré. El papel del policía malo se lo dejaré a tu madre. Seguramente te dejará sin postre –si hemos preparado arroz con leche, cuídate: te castigaremos por cualquier cosa-. Luego de haber sido enviado a tu cuarto a estudiar, abriré desde afuera la ventana de tu habitación y te lanzaré una soga. Bajarás sigiloso y nos escaparemos corriendo a la bodega más cercana (no te preocupes, petiso, tendré tu pequeño abrigo a la mano, verás que pienso en todo). Ahí, tú te tomarás una gaseosa con harta azúcar y yo, una cerveza light.
Pero no seamos malos con tu madre. Ella irá siempre a tus actuaciones, a tus ceremonias escolares del día del campesino, cuando te pongan poncho y sombrero y harás de revolucionario –nada de tatuajes del Che Guevara, por favor-. Cuando grites ¡La tierra para el que la trabaja!, verás en primera fila, sonriente, a tu madre. Seguro que te parecerá la mujer más burguesa de la ciudad pero hay que entenderla. Les tomaré una foto bonita y nos burlaremos de ella toda la semana. Pero para que no se resienta, le dejaré la opción de que te enseñe todas las películas del tipo La sociedad de los poetas muertos, Good Will Hunting o Finding Forrester -de esa manera, ella quedará como una mujer comprensiva, juvenil y todo eso; con el paso de las horas, ya entenderás, me conviene-.
A los siete años, durante tus vacaciones, te llevaré a conocer a todas las personas que significaron algo para mí. La lista es larga, pero prepararemos desde temprano muchos panes con atún y saldremos en búsqueda de esos alunados seres. A los caballeros, les darás la mano. A las mujeres, un besito en la mejilla. A algunas cuantas –te haré una señal-, dos besitos. Si te dicen que puedes pasar a jugar con sus hijos, resiste y hazme compañía hasta que zafemos de ahí con la frente en alto. Es difícil de explicar, pero para ese tipo de reencuentros hace falta apoyo emocional. Y si no eres tú, ¿quién entonces? (verás, tu mamá no debe enterarse jamás de esas visitas).
No intentaré hablarte de “temas serios” haciéndote ver una película para luego, en la cena, conversar sobre el tema. Si tengo que hablarte de sexo, no te pondré Kids. Si tengo que hablarte de drogas, no te pondré Requiem for a dream. La verdad, no te hablaré de sexo. Para eso tendremos internet y te mandaré a tu correo algún link interesante. Tampoco te hablaré de drogas. Quizás, te confieso, las probemos juntos alguna vez. Esa idea no le agradará a tu mamá, lo sé, pero la convenceremos y ella también las probará (y descubriremos que la muy pícara sabía más de drogas que tú, yo y toda la cuadra junta). Pero te las voy a prohibir. Será de las pocas actividades que te prohibiré, al menos hasta que te mudes. Y ya que estamos en el tema, desde ahora quedas prohibido de ver el show del dinosaurio Barney. Si te gusta el show de Barney, sabré que algo salió mal en mi rol como padre.
Tu vida será una película sensacional. Y si no lo es, la editaré de manera que parezca que sí lo fue. Te grabaré desde que nazcas. Pensándolo mejor, te grabaré desde que la noche de tu concepción (¡mira si me pongo eufemístico con esas frasecitas!) Tengo unas trescientas fenomenales historias esperando por ti, para ser contadas entre tus cinco y ocho años, en intervalos de cuatro días. Y cuando se nos acaben, te daré trescientos guiones de cortometrajes que tengo ahí tirados en algún cajón. Por ahí y te animas a sacar una película más joven incluso que la niña Makhmalbaf y ganas en Locarno a los ocho años. Por ahí y el cine te importa tanto como las calorías que puede tener una pastilla Centrum. Bah, siempre quedará la música para que la medianoche nos encuentre saltando y bailando encima del sofá.
De todas maneras, tarde o temprano te picará el vil insecto de la escritura. Probarás escribiendo algún cuento sensiblero. Normal, nomás. Lo sensiblero no está mal, siempre que no pases los quince años. Caso contrario, fíjate en Subiela. O peor, fíjate en mí. Para que no te sientas mal, mira, te cuento cómo era la primera historia que escribí, el primer guión inédito, el primer corto fallido. No recuerdo por qué no lo hice. Por falta de tiempo, de dinero, de equipo, de contactos. Quizá fue por nervios, por inexperiencia, por timidez. Al menos eso pensaba antes. Ahora creo que fue por desánimo. Dejando las excusas de un lado, te la cuento ahora, para que veas que todos tenemos malos ratos:
*
EXT. CALLE - MADRUGADA
Está oscuro. En la calle, un niño rebusca entre las bolsas de basura. Su madre hace lo propio en la esquina contigua. Por lo que recogen, entendemos que su negocio es el papel y el cartón. Dejan todo lo demás (en este universo cada individuo tiene su especialidad). Este niño es inexpresivo. Hace su trabajo con mayor rapidez que la madre. En un paquete encuentra una caja de rompecabezas, con la tapa media rota, como si le hubieran arrancado muy fuerte el scotch. Lee: 100 Piezas. Voltea a mirar a su mamá: Al diablo, decide armarlo. Al poco rato, la madre cruza la calle hacia él. Sin terminar el rompecabezas, el niño junta las piezas, las mete en la caja y guarda todo en su maletín: alrededor suyo aún hay varias bolsas vacías, falta mucho trabajo para ponerse a descansar.
EXT. DEPÓSITO - AMANECER
Seis de la mañana. Estamos en las afueras de un depósito. La calle es terrosa. La madre conversa con un hombre mientras un joven va pesando los papeles y cartones que madre e hijo han recolectado. Comparado al de la madre o del joven, el rostro del niño está completamente despierto, con la mente en otro lado.
INT. CASA DEL NIÑO - MAÑANA
Es una vivienda pequeña. Al ingresar, la mujer se mete al baño para lavarse. El niño saca el rompecabezas. Algunas fichas resbalan. Sobre su cama, empieza a armarlo. Al poco rato ya tiene tres grandes partes formadas por separado. Desde el baño, la madre le dice que se vaya a acostar. El niño se apura. La madre sale del baño y se acerca a él:
"¿Qué es eso?" El niño no responde. La madre pregunta: "¿Estaba en la basura?" El niño asiente. La madre, sin mayor emoción, se sienta en la cama y ayuda a completarlo. Al cabo de un rato advierten que, en efecto, están todas las piezas.
La imagen del rompecabezas completo es bonita: es un avión de guerra. El niño mira a la madre y dice con firmeza: "Está completo". La madre dice "Qué bueno... Entonces lo podemos vender". El niño mira de nuevo la imagen y dice, siempre inexpresivo: "Sí… vender".
Pantalla a negro. FIN.
*
Diablos, ¿ya lo leíste? ¿Qué fue eso? Parecía el cuento de un estudiante que acababa de salir de su clase de Realidad Social. Qué tal moralina. ¿Quién me juraba? ¿Un pequeño De Sica? ¡Por Dios! Como sea, era un ejemplo, nada más, listo para ser regalado al primer incauto. No seas tan malvado. Tú también tendrás tus traspiés. No hagas como yo. No compartas solamente las malas historias. Obsequia las buenas también. No creas en el copyright. No hagas dieta. No te burles de los chancones. No olvides reírte de ti. No te tomes todo tan en serio. No te vuelvas crítico antes de tiempo. No te vuelvas crítico nunca.
Mientras sigo planeando todo lo que haremos juntos, mientras sigo pensando cómo decirte que, lástima, yo también te castigaré alguna vez, mientras sigo buscando por el planeta entero a la que será tu madre… mientras, mi querido heredero, mientras me iré entrenando nada menos que con tu primo, el yanqui, cuyo nacimiento acaba de ser anunciado a toda la familia vía internet.
Mi hermana va a ser madre y tus abuelos están contentos con la noticia. Sobre todo mi papá. ¡Va a ser abuelo, caray! ...y yo tío, doble caray. Para celebrarlo, se están yendo a una playa paradisíaca y luego buscarán por todo el estado de Florida, USA, un restaurante peruano donde ordenar unos sazonados lomos saltados y tres pisco sours.
¿Lo ves, petiso? Somos una familia chévere.
ODNANREF

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Thursday, May 24, 2007

CRÓNICA DEL MES - ABRIL



LUZ SILENCIOSA
Tú no te das cuenta de los cambios, pero ahí están, cualquiera los puede ver. Cualquiera. Si tú no puedes, entonces necesitas tomar distancia. Aléjate, como los demás. Y luego vuelve, claro. Si te alejas es para regresar, qué crees. Regresa aunque sea para despedirte. Entonces vas a notar que sí hay rasgos deteriorados, acciones ya desaparecidas para siempre. Verás que ya no converso tanto. Tampoco puedo bailar –ni siquiera caminar bien-, mis rodillas me matan. Como ya viste en el almuerzo, me tienen que echar gotas cada cuatro horas al ojo izquierdo. Claro que me arde, pero es eso o, en fin. Y te duele todo, pero sobre todo los huesos. La rodilla, el pie, la mano y todas esas articulaciones. Ahora tu tía quiere que la Mary me ayude en el baño porque tiene miedo que me resbale o que no pueda hacer mis cosas solo. Le tuve que gritar y ves que hace tiempo que ni alzo la voz. Hay muchos cambios pero tú no lo ves porque siempre estás por aquí, en cambio el resto sí los ve porque nunca están. Tienen que trabajar. Y eso está muy bien, que trabajen. Que trabajen y que vengan solo en Navidad. Y, cuando vienen, algunos hablan a mi espalda de internarme en algún lado. Todo eso está muy bien, de veras. No me molesta para nada. En serio. Pero no que me acompañen al baño. Tu abuela sí necesita ayuda para eso, pero yo, ni hablar. No, señor. Primero muerto.
Cada vez la señora se acuerda menos. Se acuerda menos y se molesta más. A mí me gritó ese día que usted no vino para almorzar, el miércoles, que hicimos justo ají de gallina y usted no vino, se molestó la señora. Me gritó por todo. No se dejaba poner el mandil, decía que la sopa estaba hirviendo y cuando vino uno de sus tíos a visitarla, poco más y me pega por invitar almuerzos a mis pretendientes. Así dijo, joven, imagínese. Ya no reconoce a nadie. Ahorita está arriba con su tía porque tiene que repasar sus preguntas. Es que viene la del Seguro para lo de su examen. Si no pasa, le cambian de pastilla y ahí sí que la enfermedad se la lleva de encuentro, joven, porque el Gingko Biloba no es suficiente. No, para nada. Si le cambian el medicamento todo empeora. Lo sé. En mi familia también ha pasado. Lo que tiene que hacer es concentrarse nada más. Son trece de veinte preguntas. Si responde trece correctamente, no le cambian el medicamento. Pero uy, no, olvídelo. Vale la pena soñar, joven. La otra vez hizo trece raspando y porque el doctor de la otra vez era buena gente y la ayudó y todo. Pero las veces que ha venido esta señorita siempre la ha pasado mal doña Luz. ¡Esta señorita es más hielo! No ayuda nada y ya la vio usted a su abuelita. No creo que pase el examen. Habrá que invitarle tallarines a la señorita, a ver si por ahí, ¿no?



- Papá, ¿quién es este?
- Es tu nieto.
- ¿Mi nieto? ¿Tengo nietos ya?
- Tienes como cuarenta nietos ya.
- Ah, caramba. Acérquese joven, ¿cuál es su nombre?
- Fernando.
- Fernando, ¿hijo de quién?
- ¿Cómo de quién? ¿No te acuerdas?
- ¿Si recordara tú crees que te preguntaría? Zonzo eres.
- Recontra zonzo.
- Ah, lo admites, encima.
- Es de familia.
- Ah, qué bandido. Mira qué bandido tu nieto, papá. Guapo y bandido. Ha salido a ti.
- Es buenmozo. Todos tus nietos son buenmozos.
- Este es buenmozo pero zonzo ¿Ya comiste?
- Todavía no me sirven
- Oye, muchacha, tráele la comida aquí al jardín. Jálate una silla, chico.
- Déjalo que coma en la mesa.
- No, papá. Que coma con nosotros. Ven, oye, abrázame.
- Que nos cuente cómo va la película.
- Bien, ya pronto.
- Oye, chico, abrázame. ¿Hijo de quién eres tú?
- Es tu nieto Fernando, hijo de Nora y Juan.
- ¿Quiere ver mi DNI, señora?
- A ver, señor.
- Mire usted, señora.
- Mmm… Fer-nan-do…mmm Mira, papá, tiene tu apellido.
- A ver, dame.
- Aquí está, frente tuyo.
- …
- ¡Oye, viejo! ¿Estás ciego? Aquí está la libreta electoral, en tu nariz. ¡Coge!



No puedo con los dos. Cada uno está peor que el otro. Ella está toda pellejuda, no quiere comer y tengo que gritarle pues, para que coma. Si no le gritas,no come. Es así. Tú vieras cuando se va con tus otras tías los domingos, a ver si la hacen comer. Le compran su pescadito, su pollito, pero no come nada. ¡Nada! Lo sé porque la muchacha me lo dice. Pero acá tiene que comer y tengo que gritarle. Eso tuve que hacer ahora pero tu abuelito me alzó la voz me dice que cómo le voy a gritar a tu abuelita y nos pusimos a discutir. No, justo antes que llegaras. Imagínate, ¿cómo me va a gritar, si es por su bien? Como si a mí me gustara cuidarlos. Si yo no los cuido, ¿quién entonces? Tengo que levantarme temprano, ver que se bañen, que tomen su desayuno, llevarlos a sus citas, comprarles sus periódicos. Tengo que hacerlos almorzar, cenar. Tú has visto todo lo que hacemos, la mañana se nos va rapidísimo. ¿Tú crees que no cansa, que no quisiera irme, que no hubiera querido marcharme hace tiempo de aquí, en lugar de quedarme a cuidar de dos ancianos? ¿Nadie piensa que yo también hubiera querido hacer mi vida en otro país así como tu mamá? Pero no puedo, pues. Estoy fregada. Me tengo que quedar a cuidar de tus abuelos. Pero no porque quiero sentirme mártir, Ferni, no me malentiendas. Es porque son mis padres. Por eso y porque, yo sé, estoy segura, estoy recontrasegura que nadie los va a cuidar. Ya todos se acostumbraron a que alguien más los cuide. Hay que visitarlos el fin de semana, pero de lunes a viernes que los cuide Rebeca. Ni tú mismo que eres el que más viene. Apenas si conversas algo con ellos y luego te vas rapidito. Sus enfermedades empeoran y tengo que estar aquí todo el día. ¿Te acuerdas de la elección vecinal? Tuve que renunciar a ser la Delegada de Deportes de la unidad. No puedo pues, ¿con qué tiempo? Tengo que llevar a tu abuelito a sus exámenes. La operación no salió bien y ahora hay que pelear con el seguro. Y tu abuelita peor. Ahorita viene la asistente social a tomarle su examen y la canción.



¡¡¡No!!! ¿Eres tú? ¡Nandito! No puedo creerlo. ¡A los años, Nandito! ¿En qué andas? ¿Qué haces aquí? No me digas que la viejita de aquí es tu pariente. ¿Tu abuela? Pero qué increíble verte acá. Sí, mira, justo conversábamos todos de ti hace dos martes. Todos, o sea, todos los del proyecto. Fue cumpleaños de la señora Rosa. ¿Te acuerdas de la señora Rosa? Nos reunimos en su casa y aprovechamos para hacerle la despedida a Tula que se va a hacer una maestría a los yunaites. ¿Te acuerdas de Tula? Es la que enseñaba grafitti a los niños de la calle. Está toda regia, la maldita. Deberías… Sí, mira, anótame acá tu correo electrónico. Hemos hecho un group en Internet y todos nos escribimos ahí, así que, nada, te voy a inscribir, Nandito. ¿La señora Luz? Sí, mira, cada mes se le hace una entrevista, para saber cómo va y todo eso. La verdad no le ha ido bien en la entrevista, no te voy a mentir. La verdad le ha ido mal y eso significa que le tenemos que cambiar de medicamentos, pero eso no es gran cambio, de veras. Tu tía es una exagerada. Son casi las mismas pastillas de ahora. El asunto no son las pastillas sino el reforzarle la memoria. Si vienes seguido tienes que preguntarle nombres, datos, cositas para que su mente se mantenga despierta. Ahora tuvo problemas desde la tercera pregunta. ¿Cómo te llamas? Tal. ¿Dónde vives? En tal lugar. ¿Cómo se llama tu esposo? Este… ¿No sabe cómo se llama su esposo? Papá. ¿El nombre y el apellido de su esposo? Este… Uy, no. Cuando le preguntaba su teléfono me daba el número de seis cifras y no tiene bendita idea de quién es el presidente ni nada. Sí, mira, no hay manera. El seguro no tiene nada que ver con esto, en serio. Tengo que llegar y redactar mi informe, ¿por? ¿Si tengo hambre? ¡Claro que tengo hambre! Pensé que habías almorzado ya. Ay, no, yo encantada. Lo que quieras. Una ensalada está bien. ¿Después? Termino como a las seis, ¿por? ¿Un obsequio? ¿Para mí?



- Aló, Mary.
- ¿Sí?
- Soy yo, Fernando.
- Joven, hola. Su tía lo ha estado llamando.
- ¿No hay nadie?
- Su abuelita nomás, está con su tía Sonia.
- ¿Sabe algo?
- No, nada joven. Está jugando cartas. Se la paso.
- Mejor no, ¿tienes el celular de mi tía?
- Ay, joven. A ver si me lo recuerdo. Es nueve seis… No, es nueve dos seis…

- Aló, tía
- Ferni...
- ¿Qué pasó con mi abuelito?
- ¿Recuerdas que en el almuerzo se sentía mal? Le vino un dolor al estómago y se vino con la muchacha al hospital y lo han internado de emergencia.
- Ya, ¿pero qué pasa?
- Está muy mal, lo van a operar. ¿Te llamó tu mamá?
- Sí, dice que va a comprar un pasaje.
- Sí, a mí también me dijo. ¿Tú vas a venir?
- Estoy ahogado de trabajo hasta las diez. ¿Puedo ir a esa hora?
- Sí, van a venir tus tíos también. Búscame en el Pabellón B, segundo pasillo.
- ¿En qué habitación?
- No, Ferni. Estamos en el pasillo, todavía no nos dan una habitación.

- Aló, tía.
- ¿Quién habla?
- Fernando.
- Fernandito, soy yo, Selena.
- Hola, tía, ¿cómo estás?
- Aquí, esperando a ver qué nos dice el doctor. Tu abuelito está grave.
- Sí me contaron temprano.
- Uy y tu abuelita no sabe nada, la hemos dejado jugando cartas y hasta hace un rato que la han llamado, sigue jugando como si nada.
- Mejor. Oye, la llamaba a mi tía Rebeca para decirle que voy mañana temprano mejor, tengo mucho trabajo por hacer todavía.
- Ya, hijito. No te preocupes. Mañana la visita es a partir de las diez. ¿A esa hora tu mamá ya está acá?
- No, recién ha conseguido pasaje para mañana a las siete de la mañana.
- Entonces vamos a estar toda la familia junta otra vez. Qué bueno.

- Fernando, hola, habla tu tío Roberto.
- Hola, tío, buen día.
- Mira, Fernando, disculpa que te llame tan temprano… ¿Estabas durmiendo?
- No, no, igual ya tenía que despertarme. Dime.
- Te llamo porque hoy en la madrugada ha pasado lo que todos temíamos. Ha pasado hoy en la madrugada, como a las cuatro. ¿Me entiendes?

- ¿Hijo?
- Sí, ma, hola.
- ¿Ya te enteraste?
- Sí. ¿Cómo estás?
- …
- …
- Fernando, ¿has podido verlo?
- Todavía. Ayer no pude escaparme del trabajo y…
- …
- Ya no llores.
- Me hubiera podido esperar un día el viejo…
- Sí…
- …al menos para decirle chau.
- Sí.

- Fernando, tu mamá quiere hacerte un pedido.
- A ver.
- Ven, siéntate a su lado.
- Hijo. ¿Cómo estás? Ven, abrázame. Quiero que le hagas un favor a tu madre. Acércate donde tu abuelo y dedícale algunas palabras.
- No, no sé qué decir.
- Di unas palabras, antes que lo tapen.
- No, en serio. No sé qué puedo decir.
- Tú has estado con él cerca. Unas palabras en representación de los nietos.
- Prefiero no hacerlo, de veras.
·
La señora ya no habla nadita. Además, nadie le ha dicho pero ella se da cuenta, ni tonta que estuviera. A veces pregunta, claro. Dice “¿dónde está papá?” Al inicio le decíamos que había salido a hacerse sus exámenes, pero ya luego le dijimos que se había ido de viaje a los Estados Unidos con su mamá, justo, para una operación. Y pues, ya ni pregunta. No reniega tanto, tampoco. Está toda dócil. Le dices “póngase esto, vaya y lávese, no salga” y lo hace, tranquilita. Todo el día, recontra tranquila. Además que ni le cambiaron las pastillas. Por lo que me dijo su tía, el examen lo dio pésimo, pero ya ve usted. De hecho que la chica del Seguro se apiadó. O será que los milagros existen. Más bien, no sé cómo su abuelita se ha acordado y me dijo temprano que si hoy venía usted, le preparara ají de gallina, así que justo hemos hecho ají de gallina. Alcanza para dos platos, por si acaso.



¡Muchacho! Caramba, qué buenmozo. ¿Mi nieto, no? ¿Ya almorzaste? Pasa para que almuerces, pues. Oye, chica. ¡Oye! Sírvele su comida a mi nieto. Ven, siéntate a mi lado. ¿Qué dice el colegio? Ah, caramba, ¿ya terminaste el colegio? ¿En qué estás? ¿En la universidad? Vaya, qué despistada. ¿La universidad tampoco? Ya eres todo un señor entonces. Mira esto. Me lo ha regalado… Oye, chica, ¿quién me ha regalado esto? Tu tío Roberto, dice. ¿Qué dice acá? E-lec-tro-nic-zo-om. Tecnología de punta, dice. Ah, caray. Debe hincar entonces, si es de punta. No sé para qué me regalan estas cosas, ni sé cómo prenderlas. Tu abuelo debe saber, ¿no, papá? ¿Sabes manejar este aparato?
- Mi abuelo está de viaje. En ese asiento no hay nadie.
- Papá, dice tu nieto que en tu asiento no hay nadie. Oye, petiso, ¿eres ciego? ¿No lo ves a tu abuelo, aquí, frente a tus narices? No sé cuál de los dos tiene peor la vista.
- Bueh, si dices que está ahí, pues está ahí.
- No. No hables así, tan fácilmente. Si está ahí, pues está ahí. Oye, date cuenta. Él te ha tomado el pelo. Los ha engañado a todos. Les ha dicho que se ha ido de viaje, pero está acá. Estás aquí ¿no, papá? Ves. Todo el día está acá, en la cocina. No, no sube al cuarto. No porque no pueda subir las escaleras, sino que me ha dicho que no va a subir hasta que no saque todos los televisores de la casa. Y eso no es fácil. A ver, tú sácalos todos. Intenté mover el mío y casi se me viene encima y me rompe la pierna. Así que le dije que no se podía pero que no importaba, yo iba a bajar a cada rato para verle en las mañanas y en las tardes.
Fernando Vílchez R.

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Wednesday, April 11, 2007

CRÓNICA DEL MES: Marzo




DOMINGOS DE RAMOS


Por mi parte tengo los brazos rotos
de tanto abrazar nubes

André Gide



Primer Domingo
A Ramos no le gusta el cine. No sabe quién es Fellini y no le interesa saberlo. Hace tres años que no va a las salas –2004, Marina Park, inicio de clases, alguna de Natalie Portman- y si lo hace hoy no es un acto de enmienda por el tiempo perdido sino por una terrible obligación: escribir la maldita monografía sobre el cine mudo para el curso más aburrido de todos en la universidad –el de cine, claro-.


- Qué bueno que vengas al cine club –digo yo, iluso.
- Ci/ne/club –repite Ramos.- O sea, ni siquiera es cine.


Para Ramos, Chaplin termina como empezó: con tanto piano como bostezos. A la salida, un afanoso amigo se acerca –nos va a preguntar- sonriendo de lejos –qué nos pareció- estirando su mano –la película-. El amigo, obvio, pregunta qué nos pareció la película y, más obvio aún, no me presta la menor atención. Estoy pintadazo. No sabe que Ramos desconfía de los extraños y jamás les dirige palabra alguna. Sin embargo, me equivoco. Ramos sí contesta y de manera desafiante: Después de una película muda, lo mejor es callarse. Acto seguido, se da media vuelta, me toma la mano y me arrastra a buscar un taxi –un tico no, por favor.


Segundo Domingo
Ramos es dura con la mirada, fácil con la sonrisa, redacta estupendamente y habla aún mejor. Siempre se peina a media cola y carga su mochila sobre los dos hombros. También es pequeña, no llega a un metro sesenta, pero no me atrevo a preguntarle su altura exacta. Aunque no soy un extraño para ella, también desconfía de mí. Por mientras, me ha situado en el rubro “desconocido útil”, pues he decidido ayudarla en su monografía. Cada meeting arranca con dos cafés y su cantaleta de siempre: No me gusta el cine. Ahora me cuenta que esta vez la clase no estaba tan aburrida.

- Hubo invitado –dice sonriendo.
- ¿Cómo, perdón?

Cada vez que lanza la sonrisa, trato de estirar el tiempo haciendo que repita lo último que dijo. Cualquiera que pasa por el local se ganaría con mi cara de tarado. Ella me complace, sonríe aún más y cuenta que su profesor de la universidad invitó a un crítico de cine para dar la clase (¿encima hay gente que se dedica a ser crìtico de cine?) Le pregunto el nombre del invitado: Claudio Cordero, de la revista Pop-art.

- La revista Godard, será –le corrijo.
- Será el sereno –se encoge de hombros.

Se aburrió con la introducción, se durmió con la proyección y casi roncó con la charla posterior, pero no lo hizo porque Ramos es linda y no ronca. Antes de que me pruebe lo contrario, cambio de tema y mando al cine lejos, bien lejos, a una galaxia muy, muy lejana.


Tercer Domingo
Odio el programa de Bayly. Desde que ha empezado a transmitirse nuevamente, Ramos se desconecta del chat (primer domingo), me cuelga el teléfono (segundo) o se despide rápidamente en la calle y se sube a cualquier taxi (tercero), dejándome frío. No entiendo esa rutina de domingo en la noche. No ve los programas periodísticos –no, pues, no te pases-, no ve el programa de Bedoya -¿quién?- ni le interesa las películas de estreno... de hecho, lo último en su lista de interés son esos grandes estrenos para todo el Perú vía canal nacional; aunque a veces cede –así fue como se enteró que había una saga llamada Star Wars, con seis episodios "y muchos mutantes". No exagero.

- Tampoco veo el Oscar, me parece una ridiculez –afirma sonriendo (arcoiris, pajaritos, violines) y luego insinúa:- Pero en cambio a ti te encanta, ¿no? – sonríe perversamente (truenos, vampiros, el infierno mismo)
- Tus frases no me molestan, ¿sabes? –la reto. Cada nueva generación es más descarada que la anterior, realmente.

Tengo ganas de discutir, pero cuando ya tengo una línea más o menos original, veo cómo se va apuradísima a ver a su entrevistador favorito. Realmente no exagero. Después, a solas, en su vecindario, caigo en la cuenta: A Ramos la conozco hace un par de meses, pero hace dos años ya conocía su casa. En mi primer cortometraje hay una escena donde el protagonista camina delante de esta fachada, en busca de alguien. Increíble. Naturalmente, cuando uno está fascinado no tarda en poner cara de Sam Spade y decir en voz baja: “¿Coincidencia, señor? No lo creo…” Pero créanme, por favor. No estoy exagerando.


Cuarto Domingo
- No sé –encojo los hombros-, enamorarse de alguien cada vez se hace más complicado, más trabajoso. Cada vez el misterio es menor. Sabes qué hacer, cómo hacerlo y en qué momento. Qué escribir, qué decir, qué cara poner. Te cansas.

Traen la pizza y Ramos arrima su primera Constitución Política (364 páginas) y su primer Código Penal (603 páginas) hacia el borde de la mesa, no vaya a ser que se ensucien. Ella quiere ir a su primer día de facultad limpiecita, con los libros oliendo a nuevos y la cartuchera bien ordenada. En pleno shopping académico, me ha dicho calmadamente que este ciclo no llevará ningún curso de cine, así que… Ramos no termina la oración pero me dio unas palmaditas en el hombro y se pone a caminar feliz.

Es insólito. Cualquier otro domingo le da igual escucharme, le da igual si le escribo o no, si le cuento algo o no. Usualmente es imposible sacarle una línea, una frase, un lugar común siquiera. Únicamente me mira con cara de no más declaraciones a la prensa, señores y me deja en el aire. Pero hoy no sucede eso. Hoy está preguntona y todo parece interesarle, especialmente mis romances anteriores.

- Has tenido demasiadas enamoradas –concluye.
- ¿Y tú cuántos enamorados has tenido? –pregunto.
- Uno, y no quiero más. Ya supe lo que era tener enamorado, lo que se sentía y cómo puede terminar. No quiero estar con nadie más.
- ¿Después de uno ya renuncias a todo?
- No soportaría que la persona que más quiero se aleje de mí. No otra vez. Menos si es como tú dices, con cada vez más desencanto...

Le explico que esto no le sucede a todas las personas, que seguramente ella encontrará pronto a alguien que la hará sentir especial, que no se trata de ir buscando, etcétera, etcétera, etcétera.
- Ahora eres un maestro de la vida también.
- Claro, una suerte de señor Miyagui.
- ¿Quién es el señor Miyagui?
- ¿Cómo? ¿No sabe quién es el señor Miyagui?
- ¿El entrenador de la sub-17?


A Ramos le gusta recordarme que soy mayor, que mi generación es otra y que sus series favoritas nunca han sido las de canal dos. Pero, ni hablar, esto no es justificación para no saber quién es el señor Miyagui. Vamos, Karate Kid es una película clásica, como Ciudadano Kane o los Gremlins.


Pagamos y nos vamos al cine ahí mismo, no vaya a ser que a la petisa se le antoje fugar en una. Escojo el título más rochosamente obvio: Little Miss Sunshine. No hablamos durante la función y durante un minuto y medio (Dios es peruano) nuestros brazos se rozaron.


* * *


EDITOR: ¡Pero este texto no tiene nada que ver con el cine!
SU SERVIDOR: ¿Y?
E: ¿No habíamos quedado que en esta crónica ibas a hablar del estreno del Tunche, del rodaje de Dioses, del blog de Bedoya…?
SS: ¿Perdón? Olvídalo. Estoy en otra.
E: ¿Ni del blog de Bedoya? Nos ha dedicado toda una editorial diciendo que el cine peruano sí existe, que los que dicen lo contrario son unos ignorantes y que Madeinusa no es igual a Talk Show.
SS: Déjalo al señor tranquilo. Además, el domingo que nació ese blog, Abelardo Sánchez León declaraba en Perú.21 que el fútbol peruano no existía y no recuerdo a Lucho Puigróss saliendo a responder que el fútbol sí existía y que Guadalupe no era igual que Flavio Maestri. ¡Duh! ¿Quieres que realmente gaste mi tiempo en eso?
E: ¿Y sobre Claudio Cordero?
SS: ¿Qué sucede con Él, Claudio?
E: En una entrevista ha dicho que los creadores de Godard! ya no critican el cine peruano porque ellos ya lo dijeron todo en su momento y no hay nada nuevo qué decir.
SS: ¡Uf, tío! No te tomes todo tan en serio, ni que esto fuera el centro del universo.
E: Bueno, a mí me parece que debemos pronunciarse al respecto. Corrige tu crónica, por favor.
SS:
Ahorita mismo, señor.


* * *



...Continuación del cuarto domingo
A la pequeña sunshine le gustó Little Miss Sunshine y eso ya es bastante. En mi caso, más que las actuaciones y algunas escenas fascinantes, me quedé emocionado por esa combi vieja, obstinada en no arrancar a menos que las golpees con una piedra, tan parecida a las camionetas de Panamericana TV con las que nos transportamos para alguna trascendentalísima comisión.

- ¿No cree, joven Fernando, que trabajar en televisión vaya a afectar su imagen de chico serio?
- Niña Ramos –la miro seriamente-, ¿lo preguntas porque te interesa realmente o es sólo para conversar de algo hasta que traigan la pizza?
- Hum, ¿la verdad?

Ramos está muy feliz y eso es más que bastante. Antes era muy recelosa conmigo (su desconfianza es legendaria, casi tanto como mi voluntarismo.) Ahora no deja de preguntarme detalles muy personales. Lástima que no traje la grabadora, está bonita la entrevista. Si sus padres supieran... pero no, no saben que nos vemos, aunque no hagamos nada criminal. Aún.

- Entonces, si seguimos saliendo, una niña como tú se va a llenar de fantasmas alrededor –le digo.
- No, ni hablar –deja de sonreír.
- ¿Segura?
- No creo en fantasmas, además.
- ¿No crees en los fantasmas, Ramos?
- Ay, Fernando -¿dijo mi nombre?-, no creo en mí misma y voy a creer en fantasmas.


Quinto domingo
- ¿Qué te traigo de Buenos Aires? –pregunto por teléfono, esta vez sin tartamudear.
- Cualquier tratado sobre Teoría del Derecho.

El avión parte en exactos cuarenta y siete minutos. En el café del segundo nivel, escribo sin detenerme, antes que hagan la llamada. No quiero colgar, Ramos. Tratando de imitarte, hago tres cosas a la vez: tomo café, converso contigo y escribo. Quisiera decirte que, aunque no tengo tiempo de revisar este texto, sé que, a mi manera, esto también es un tratado de derecho, de un derecho mío, del inalienable e intransferible derecho que tengo para delatarme así.

Claro que todo es un bluff. Para beneficio de mi pudor, Ramos tampoco gasta su tiempo leyendo blogs de cine. Por ahora puedo, tranquilamente y sin pavor, recordar nuestras pocas horas domingueras y fantasear con una presencia creada a su imagen y semejanza. En la librería del aeropuerto, un póster lleva la siguiente frase: Nadie nos pertenece, salvo en la memoria. En la mía, puedo imaginar los pensamientos más impuros esta noche.


Ramos: tienes razón en desconfiar de los extraños.



Fernando Vílchez Rodríguez

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Thursday, February 22, 2007

CRÓNICA DE FEBRERO

Todo te molesta, en el mes del Amor

Crónica del mes

El tráfico está invivible, el calor asesina en serie, tu conexión a internet se va de ñata a cada rato, tu equipo de fútbol es humillado por Municipal. La ventana cochina de la combi no se abre, tu página en blanco sigue en blanco, la botellita de yogurt que guardaste contiene aire, Chichi Valenzuela es elegida como el rostro más popular de la tele. La sala proyecta una película doblada, descubres que tu ópera prima acaba de ser pirateada con material extra que ni tú mismo poseías, los críticos de cine rajan de una película que a ti te gustó (o aun peor, alaban una que aborreces). Tu coeditor corrige un texto tuyo. Luego, no te lo publica. Luego, te da golpe de estado. Todo, todo, todo te molesta. Que nadie se cruce contigo y te diga pachotadas porque tú no estás para comprender ni ensayar sonrisitas educadas. Lo que quieres, por el contrario, es armar la bronca con el primero que se te cruce en la oficina, en el cine club, en un blog. Pobre sujeto de aquél...

Si organizas una campaña para que el Estado Peruano suelte el dinero a los cineastas, te van a mirar mal. Pero si hablas mal de la campaña, te mirarán peor. Si participas, posero. Si no lo haces, egoísta. Si la campaña se va al diablo, Caballo Loco y sus ministros son unos malditos por no apoyar el cine. Si la campaña hubiera sido un éxito, no podrías dormir haciendo cálculos: ¡cuántos osos golosos aparecerán por su tajada! Si Perú en Pantalla ya no existe, tú dices que en realidad nunca tuviste mucha fe. Si resurge, no te harás de rogar para la foto. Si convocan a una marcha, mandarás un e-mail de aliento –con DNI y todo– pero no asistirás por comodón. Si vas a la marcha, eres un paterazo divino que le quiere meter letra a Josué, a Melania o a Chicho.

Defender la Ley del Cine es típico de los Jurassic Park del subsidio. Defender la Ley del Audiovisual es de amateurs televisivos. Si sólo ruedas o estás dispuesto a rodar en celuloide, pituquito argollero. Si te afanas con la High Definition, eres un misio sin moviola. Si eres de la APCP, cómo, debería darte vergüenza el no haber permitido que los de SPIA participaran en las últimas elecciones del CONACINE –igualito ganaban–. Si eres de la SPIA, debería darte más vergüenza aún, por no haberte inscrito en las mismas elecciones tras torpeza recontra conocida. Si eres joven, y no crees en los gremios, resultas ser el despojo individualista y parasitario de la generación menos que X. Si ya estás calvito, ¡sonaste!, eres el creador de esa generación. Ah, y si el nombre CO-NA-CI-NE te suena a súper institución de lujo (ja-ja), toma nota: en el Presupuesto Nacional, el CONACINE aparece en el rubro Subvenciones, junto a organismos tan respetables como Fe y Alegría o la Unión Nacional de Ciegos del Perú. Si te preguntas qué tenemos en común con dichas instituciones... ¿es que no captas la ironía?

Ser crítico de cine te convierte en un plomazo sin un poco de imaginación y otro poco de fantasía (Yola Polastri dixit). Ser crítico de críticos no te hace original, sino doble plomazo, y sin hielo. Escribir en una revista que se publica cuando la película que comentas ya está en el cable, te oxida las ideas (y leer esa revista es síntoma de que eres el tipo más aburrido de la ciudad: get a life!). Escribir en un blog todos los días con la prisa de Canal N, te hace intrascendente (y leer ese blog es síntoma de que quieres ser el nuevo y mejorado Brunito Pinasco: get a life, too!). Sentarte, cada semana, a parir un texto para el apéndice de fin de semana de un diario, te vuelve predecible (pasar corriendo las páginas de ese suplemento, obviando a Maitena o a Gonzáles Vigil –dependiendo de si es sábado o domingo–, para llegar a la página de la crítica de cine mismo oasis, es definitiva e irreversiblemente un síntoma de que nadie te quiere: get a life, right now!). Tener un blog sobre cine peruano es aberrante, presumido, ocioso y falsamente cachaciento (leerlo afanosamente es fehaciente síntoma de que te juras el futuro salvador del cine nacional: just kill yourself).

Agua fría, buen desayuno, respiración honda. Señoritas y caballeros, únicamente por este año no hay que molestarse tanto. Es cierto: los concursos de CONACINE siempre causarán sospechas en todos (obvio, con tanto dinero metido en un país tan misio pero en pleno crecimiento…). También es cierto: Cada nueva película peruana hace que la popularidad de la pena de muerte crezca. Y, oh, lo olvidaba, también es cierto: Escribir un texto anónimo te vuelve un canalla. Publicarlo, canallaza. Pero fotocopiarlo, reenviarlo, hacerlo cadena y luego hasta tiras cómicas, eso ya merece el destierro.

Y, sin embargo...


Todo es pajita, en el mes del Amor


Bajaste de peso, resolviste un sudoku, conociste a Luciana León, perdió el Barza. Yes. Ganaste una beca, tus inquilinos se fueron, se suspendió la reunión del blog, se acuerdan de ti en España. Yes, again. A tu gata no le importa que la patees, la dejes sin comer dos días, le eches globazos de agua o la encierres en el baño nueve horas: igual te ronronea despacito y se echa a dormir dulce y amorosamente en tu panza. Yes tres.

Programar Stalker en un cine club y que la sala no esté vacía es tranquilizador. Que media sala esté llena es alucinante. Y que la copia sea una maravilla, en dos discos y sin comprimir, hace que llores en silencio. Te cambia el humor, las perspectivas y el trato. Ahora puedes ver a Gonzáles Iñárritu como un nostálgico de sí mismo y a Stallone como el último romántico.

Que las revistas de cine sigan discutiendo de Madeinusa te parece encantador. Que en una de esas revistas hablen de “Basin” y no de “Bazin” no lo tomas como un error grosero, sino como una provocadora trasgresión del lenguaje. Que Magaly Solier no te acepte una entrevista lo ves como un gesto de tierna timidez. Que Isaac León sí acepte una entrevista para ayudarte en un trabajo universitario, es fenomenal. Que luego de la entrevista recién se entere que editas un blog medio antipático, es graciosísimo. Que al final no se enfade por eso sino te dé consejos, es de gentilhombres.

Estar enamorado de una persona es genial. Estar enamorado de varias es angustiante pero genial también. No estar enamorado es genial porque no te angustias. Ver buenas películas es paja. Ver buenas películas a solas es, literalmente, paja. Ver buenas películas acompañado... no está mal. En un mes como Febrero no hay de qué quejarse, todo va de maravillas, buenos deseos para todo el mundo.

Buenos deseos para la nueva Mesa Directiva del CONACINE. Buenos deseos a los de la Mesa saliente. Buenos deseos para Ronnie Temoche, Josué Méndez, Jorge Carmona, Landeo Brothers y todo cineasta que empiece pronto su rodaje. Buenos deseos a Micky de la Barra que se fue a Cuba y a Raúl del Busto que se va a Buenos Aires.. Buenos deseos para las nuevas páginas de cine, la de Los Cinerastas...y Toma Uno. Buenos deseos a las novedosas secciones de la Ventana Indiscreta Digital -sobre todo a la que se llama, oh coincidencia, “Crónica del Mes”-. Buenos deseos a los que creen en gremios y a los que no, a los que creen en el Ministerio de Cultura y a los que no, a los que creen en el cine peruano y a los que no.

Para qué amargarse, para qué renegar. Prendo velas -y cruzo la piscina- para que ninguna tormenta nos ahogue en este nuevo año, ni a usted ni a mí. ¡Es tan fácil calmar las rabietas! Y si, aún así, tiene una aflicción que soltar, cuide ese hígado que este servidor se ofrece a soltarla por usted. Es un sacrificio que alguien tiene que hacer. No importa que la amargura se la ocasione esta misma página.

Fernando Vílchez Rodríguez

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Monday, December 25, 2006

CRÓNICA NAVIDEÑA


UNA PELÍCULA PARA DANAE
Crónica del mes

La primera vez, no le caí bien. Su hermana mayor había aceptado ser la protagonista de mi primer cortometraje y la mitad de la historia se la pasaba besando a un chico malvado. Eso no le gustó a Danae. Dicen que cuando vio a su hermana dando besos, se puso a llorar y se encerró en su habitación. Al rato tuvo que abrir porque le dio hambre, pero le hizo el hielo a la hermana por diecisiete horas. Cuando visité su casa, la primera vez, me miró de lejos y solamente se acercó cuando ya me despedía de todos. Estiró la mano y dijo algo que no entendí: Muy danés. Quizá me comparaba con uno de sus nueve perros. Se dio media vuelta y desapareció. Eso fue hace un año.

La segunda vez habló conmigo por dos horas. Jugamos ajedrez tres veces y en una casi me hace tablas. Me contó que tenía una idea para un cortometraje, sobre una niña y su perro. La desarrollamos y de pronto teníamos cuatro pequeñas historias. Los títulos fueron fáciles de encontrar: La niña, La pinta, La santa y María. Como no podía hacer que actuara en todas, le propuse que abandonara la idea del perro y mejor protagonizara la última, donde la niña tendría que matar a una iguana. No quiso ni negociar. Como no esperaba el rollo de defensora de los animales, lo dejamos ahí. Eso fue en abril.

Pasaron varios meses sin que nos veamos. Me perdí su cumpleaños número diez. Hace tres semanas pasé nuevamente por su casa. Estaba medio resentida porque yo había abandonado la idea del cortometraje para avanzar otros proyectos. Tenía razón en enfadarse y no ofrecí ninguna excusa. Le dije que la llevaría al cine a ver uno de esos dibujos que salían cada quincena. No se mostró muy interesada pero tampoco se hizo de rogar. Eso fue hace una semana.

HAPPY FEET - G. Miller

Antes de la función, me salió con una de las suyas: “¿Has visto ese chiste de dos tipos hablando por celular, uno al lado del otro, y una vez que cuelgan sus celulares resulta que estaban hablando entre ellos? Pues ya es un chiste viejo, estoy pensando la manera de renovarlo”. Estuve a punto de reírme pero ella estaba muy seria, así que callé. Hay que respetar siempre la seriedad de los niños. Empezó la película y a los pocos minutos dijo: “No me gusta el inicio.”

Sin embargo, poco a poco fue cediendo a las risas… sobre todo cuando aparecieron los pingüinos con voz de caribeños. Al resto los ninguneó. En un momento volteó a decirme que no estaba bien que yo me riera más fuerte que ella. Cuando aparecieron los créditos se paró con prisa: quería ir rápidamente a darme sus opiniones. Nos sentamos en un café y no le dejaron pedir un capuccino. Le pregunté si preferiría irse a otro lugar y dijo que estaba acostumbrada a esos desplantes. Pedimos dos milkshakes de fresa.

Dijo que no le había gustado mucho la película, que los pingüinos no eran pingüinos sino humanos y el final era muy optimista. Confesó que, como el protagonista, ella también había nacido con una rareza: el cuerpo completamente chiquito y verde; y dijo además que sus padres siempre recordaban este suceso para justificar algún nuevo acto bizarro. Le pregunté de qué tipo de acto bizarro estaba hablando y dijo son cosas personales.

EL MAGO DE OZ – V. Fleming

Apenas entré, su madre me advirtió que estaba inquietísima. Y era cierto. Ni me saludó siquiera. Se la pasó correteando con los perros unos veinte minutos, mientras yo la miraba desde la terraza. Demoré un poco en entender lo que pretendía decirme… ¡vaya si se pasaba de lista! Finalmente se acercó para saludarme y a partir de ahí entendí que no iba a ser una buena tarde. Estaba con un estribillo insoportable: “soy la vieja bruja, soy la vieja bruja”. Entramos a la habitación para ver al wonderful wizard of oz, pero ella andaba de un lado para el otro, no quería sentarse y solamente repetía “soy la vieja bruja, soy la vieja bruja”. Pesadísima.
- En esta película aparece una vieja bruja –le dije.
- Ya lo sé, estuve averiguando en Internet –contestó.

Puse la película y me pidió que la detuviese. Parecía que quería orinar, pero me salió con otra payasada: "¿Sabes que hay un disco de rock que tiene sus canciones basadas en la película?" Le dije que sabía de un disco cuyas canciones estaban sincronizadas con líneas y escenas de la película. "¿Podemos ver la película y escuchar el disco a la vez en lugar de ver la película solamente?" Eso me incomodó y le dije que era una falta de respeto a la película. Se quedó muda un rato y luego gritó ¡Ajá! Después se resignó: "¡Qué demonios! Ponla nomás." Ninguno sonreía.

Como se preveía, la película le interesó tres pepinos. Ni los munchkins, ni los monitos voladores… nada. Yo esperaba terminar de verla para salir saltando por algún imaginario sendero amarillo cantando Weeee´re off to see the wizard... pero ella encontró la película aún más irritante (eso dijo, irritante) que Happy Feet. "¿Podemos ahora sí ver la película con el disco?" Ya ni siquiera esperó a que le respondiera. Sacó una copia original de The Dark Side of the Moon, lo puso en el equipo, subió y bajó los volúmenes y se sentó tranquilita y sonriente a ver qué pasaba… Aunque no era novedad para mí, esta vez la experiencia fue muy divertida. Me pidió que le vaya traduciendo toda la letra, que le hablara de Pink Floyd y que bailara como el espantapájaros. Nunca la vi reírse tanto. ¿Tan mal bailo, Danae, vieja bruja? Me hizo jurar que jamás la sacaría a bailar en una fiesta. Lo juré por mi patria.
LOS CUATROCIENTOS GOLPES – F. Truffaut

¿Es en blanco y negro?, fue lo primero que dijo. Su hermana se sentó esta vez con nosotros para verla. Estuvimos callados buen rato, los tres. La hermana no dejaba de decir “ese Doinel es igualito a Danae y hasta tienen el nombre parecido”. Danae permanecía muda, no sé si orgullosa o rabiosa por esa comparación. De pronto soltó: “El colegio apesta” ¿Por qué, Danae, qué es lo que no te gusta? Pues, TODO. Su hermana me pidió con los ojos que no le preguntara más. Seguimos viendo la película, pero la niña ya estaba embalada: “Los profesores no saben nada”. ¿Y los padres? Tampoco, ningún adulto sabe nada. ¿Y los niños? ¡Menos pues! Saben menos de nada. ¿Alguien sabe algo? Nadie sabe nada de nada, todos estamos en las mismas… Su hermana le pidió que se callara y viera la película. Accidentalmente, Doinel acababa de prender fuego en su casa.

Cuando terminó nuestra función, salimos al jardín. Danae caminaba distinto, como si estuviera imitando al pequeño francés. Se había contagiado de esa mirada melancólica. Me contó que en los recreos del colegio nadie jugaba con ella y que a estas alturas del año ya no tenía amigas. ¿Por qué? Una vez golpeé a tres compañeras. ¿Por qué? Porque son unas taradas, no saben nada de la vida. ¿Y tú sabes mucho? No tanto como un sabio pero más que ellas, sin duda. ¿Qué sabes tú que tus compañeras no saben? Que la religión es una mentira y que Jesús no pudo resucitar. ¿Y ya no juegas con nadie? No. ¿Qué haces en los recreos? Esperar a que terminen. ¿Haciendo qué? Nada, nada… solo esperar.

Me enseñó a silbar el himno de su colegio. Cuando le conté que existía toda una saga con Antoine Doinel me preguntó si lo capturaban de vuelta. Su mamá la llamó y entonces la hermana aprovechó para acercarse. Pregunté si, en efecto, Danae no tenía amistades. Dijo que no, que era muy belicosa y que en su cumpleaños tan solo vinieron dos amigas, y casi a la fuerza. Danae regresó y dijo que le había gustado el peinado de Doinel y que pensaba cortarse así pronto. Le dije que era muy pronto para hacerse pasar por la hija rayada de la familia y se enfadó. Bien hecho.

DECÁLOGO 7 : NO ROBARÁS – K. Kieslowski

Mientras veíamos la película, noté algo que no había pasado con los films anteriores: su interés aumentaba cuando reconocía elementos de su propio mundo. La cuna, jugar a las manitas, las obras de teatro con palabras mágicas, todo eso le despertó rápidamente el interés y al mismo tiempo la angustiaba. ¿En qué año se filmó esta historia? Hace casi veinte años, le digo, y se lamenta: Pensaba que las manitas era algo más nuevo. Rápidamente descubrió el misterio alrededor de los verdaderos padres de la niña y estaba tan identificada con la protagonista que, al verla caer dormida, ella misma empezó a bostezar.

Pero Danae no se durmió. La única vez que habló fue para decir “esto se pone bueno” y apenas aparecieron los créditos, se puso de pie y se encerró en el baño. Regresó a los cinco minutos diciendo que odiaba llorar... Nos quedamos en silencio. Dos minutos después reclamó: “¿Qué? ¿No hay preguntas hoy?” ¡Pero claro!, y saqué una grabadora de mi mochila, muy seriamente. Eso le hizo mucha gracia. Luego nos pusimos a conversar sobre los adultos y después entró su tía sirviendo helados. Danae esperó que se fuera para decir algo que me entristeció bastante: Es imposible no juzgarlos.

Antes de despedirme dijo que le había gustado mucho la niña, sobre todo porque sintió que no había actuado, y que parecía que de veras le estaban arrancando a la madre en la escena final. Le conté que muchos directores trabajaban de esa manera, retando a sus actores, haciéndolos vivir el estado de sus personajes. “¿Todavía quieres participar en un cortometraje?”, le pregunté. Hizo que sí con la cabeza. “Entonces tendrás que matar a la iguana”. Respondió que no tenía deseos de ser una actriz sino de ser filmada tal cual era, y en ese sentido jamás mataría una iguana. Me molesté y le dije que entonces se olvidara de cualquier rodaje. Confundida, se alejó sin despedirse.

LA INFANCIA DE IVÁN – A. Tarkovski

Estuvo de mejor humor, ya no le incomodó el blanco y negro y permaneció muy atenta; e incluso me sentí avergonzado pues por momentos caí preso del sueño y tuve que ir al baño para echarme agua, como cuando de niño el estudio resultaba agotador. En cambio, ella estuvo pendiente de todo. Lanzó un gritito cuando el primer sueño de Iván terminó tan bruscamente. Después no dejó de comentarlo todo. Se quejó de la desconfianza que le tienen a Iván cuando recién llega, se molestó porque en un momento la película abandona a Iván para concentrarse en un triángulo amoroso (esas son sus palabras), también aprobó vivamente los bombazos de la guerra y la reparación del gramófono pero los últimos veinte minutos se la pasó sin hablar. Al final de la película, estaba fastidiada.

¿Qué la había puesto así? Dijo que había estado a punto de llorar cuando hacían el repaso de las ejecuciones porque sospechaba lo peor, pero cuando finalmente aparece la foto de Iván, notó que era la cara de un niño “malvado”. Le respondí que no era así, sino simplemente era el rostro de una persona herida en lo más profundo, como un animal salvaje que guarda rencor. Con esa cara no puedo llorarle. Dije que estaba muy bien, que Iván no hubiera querido que lo lloren, sino algo más. “No está mal esta película, me gustó”, dijo y luego abrió los ojazos: "Tengo algo que contarte: he leído tu blog”.

Nos sentamos en el jardín y me dijo que el color rosado era un color difícil pero que, por otro lado, le gustaban las fotografías. Le agradecí los comentarios. Después dijo: "Creo que puedo hacer la historia de la iguana, pero tú tendrías que matarla y luego habrá que editar para que parezca que yo la maté." Le dije que Nikolai Burlyayev, el niño que había representado el papel de Iván, no habría tenido problemas en matar a una iguana si Tarkovski se lo hubiera pedido. Respondió al instante: Ya, pero tú no eres Tarkovski. Nos reímos de lo lindo.

La petisa continuó:
- Está bien, mataré a la iguana, pero a cambio tengo que pedirte algo.
- Lo que sea, Danae.
- No me interesa mucho la Navidad, los regalos y todo eso… de veras, no me interesa… pero quería saber si es posible pedirte un regalo.
- Vaya contigo… a mí no me interesa la Navidad tampoco, Danae.
- Si ya lo sé…
- ¿Qué quieres de regalo?
- Que hables de mí en el blog.


Querida Danae, Feliz Navidad.
(Fernando V.R.)

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