LA CINEFILIA NO ES PATRIOTA

DEDICADO AL CINE PERUANO QUE AÚN NO EXISTE

Tuesday, July 17, 2007

UNA TURBA ENFURECIDA HECHA PELICULA



Furia, un film de Fritz Lang
Huyendo del nazismo, quedándose en Francia para filmar Liliom (1934), y considerándolo como su mejor filme, Fritz Lang es contratado por la Metro Goldwyn Mayer, para realizar, dos años más tarde, Furia (1936). Con esta película regresa con éxito a sus inicios como “sociólogo” observando y analizando, desde el núcleo mismo de las masas, a la sociedad americana en años siguientes a la Depresión Económica que azotó a ese país, con comunidades resentidas por leyes políticas, despidos masivos y una falta de confianza en la estabilidad económica, política y social.

Estoy hablando específicamente de la sociedad americana de los años treinta. Hace más de setenta años que sucedió esto, hace más de setenta años que Lang filmó esta película en la cual, centra el tema de la justicia social deformada y abstracta, crítica y deficiente, extrema y violenta.

¿Podemos comparar esta situación con lo que estamos viviendo nosotros? ¿Podemos comparar a la sociedad americana, justo unos años después de la Depresión Económica con el Perú? Pues, ciertamente, la idiosincrasia y los elementos coyunturales no son exactamente los mismo pero sí podemos relacionarlo con eventos sucedidos en nuestra provincia de Puno, hace tres años.

No podemos considerar ni relacionar los elementos externos porque no son los mismos, pero sí podemos relacionar, precisa y exactamente, el comportamiento humano frente a extremas medidas de justicia social. Linchamiento por falta de confianza en los procedimientos judiciales. El culpable: todos.

En el caso peruano, me estoy refiriendo específicamente al caso del distrito de Ilave, provincia El Collao, en el departamento de Puno, en donde una turba de pobladores estuvo tan perturbada por las injusticias y supuestos actos de corrupción, que asesinó al alcalde, Fernando Cirilo Robles Callomamani y al regidor de esa misma localidad, Arnaldo Chambilla Maquera.

Algunos de nosotros decimos: esto sólo sucede en el Perú, y ya vemos que no es así. El maltrato, la ignorancia y la violencia son elementos inherentes al ser humano y la podemos observar en cualquier lugar del mundo con elementos similares influyentes como la pobreza, la injusticia y la desconfianza.


Regresando al tema que nos compete y dejando la comparación (caso Ilave), en el tema de la película Furia de Lang, es necesario observar también la transformación del personaje principal Joe Wilson interpretado por Spencer Tracy. Un hombre común y corriente, trabajador como todos, mantiene a sus hermanos, tiene una novia preciosa y la pureza de su alma está aún intocable, intacta, imperturbable. Una injusta presión e inhumana situación lo convierte en otra persona. Su ira, su impotencia lo convierten en un ser humano capaz de cualquier cosa. La textura de su rostro se nota tensa. Sus músculos se endurecen. Sus ojos miran a la nada. Su voz es pesada y el ánimo indeciso y prendido en lamentos. Una penosa transformación por culpa de un malentendido, una confusión.

Por otro lado, los pobladores, culpables del linchamiento, se ocupan de no dejar rastro y de olvidar. De pensar en que ellos no tuvieron la culpa de nada. En deshacerse de su conciencia culposa. Aquellos que sentados en la corte parecen no matar a una mosca. Y que con sus expresiones inocentes podrían engañar hasta al más duro de los jueces, pero Lang incorpora algo novedoso. En esa escena, lo que impera son las evidencias y qué mejor que un video que muestre todo.

Según el comentario del cineasta Peter Bogdanovich en el DVD de Furia, Lang utilizó los videos de manera incriminatoria durante el juicio, en donde se mostraban los rostros extremos, violentos, indescifrables de los acusados, a pesar de mostrarse inocentes y sosegados en ese momento del juicio. Y este recurso no había sido previamente utilizado ni en el cine ni en la realidad con anterioridad y fue a partir de esta película, que se pudo utilizar este elemento para una nueva legislación y convertirla en evidencia válida.

En el filme, Fritz Lang no sólo nos muestra la radicalidad, violencia e ignorancia humana, sino un ejemplo de nuestras intermitentes fallas políticas que aturden y afectan a la comunidad, a las masas ignorantes que son intolerantes.
Paco Pulido Spelucin

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Monday, June 11, 2007

BESOS ROBADOS, DE TRUFFAUT


Besos Robados
« Ce soir le vent qui frappe à ma porte
Me parle des amours mortes
Devant le feu qui s' éteint »
Charles Trenet

Antoine Doinel, Antoine Doinel, Antoine Doinel, Antoine Doinel, Antoine Doinel, Antoine Doinel, Antoine Doinel, Antoine Doinel, Antoine Doinel, Antoine Doinel, Antoine Doinel, Antoine Doinel, Antoine Doinel, Antoine Doinel, Antoine Doinel, Antoine Doinel, Antoine Doinel, Antoine Doinel, Antoine Doinel, Antoine Doinel, Antoine Doinel, Antoine Doinel, Antoine Doinel, Antoine Doinel, Antoine Doinel, Antoine Doinel, Antoine Doinel, Antoine Doinel, Antoine Doinel, Antoine Doinel, Antoine Doinel, Antoine Doinel

Antoine Doinel (frente al espejo)


¿Qué es lo que permanece de nuestros amores. Es el título de una canción impresionante. Es así cómo comienza Baisers Voles (Besos Robados) de François Truffaut. Pareciera como si Antoine Doinel (Jean-Pierre Léaud) pensara en voz alta sobre el amor que dejó años atrás por haber entrado al ejército. ¿Valió la pena dejarla y quedarse sólo con su recuerdo y una pluma y papel para escribirle? No creo que haya valido la pena escaparse de las llamadas reiterativas para anexarse al militarismo para luego dedicarle algunas palabras bonitas, otras no tan bonitas causadas por el ánimo de estar sin ella. Sin Christine Darbon (Claude Jade), sin tu amor, Antoine, sin la joven preciosa de ojos curiosos y piel de ángel.

Y es que el ejército no es lugar para personas como Antoine Doinel. Su irreverencia, su desfachatez lo mantienen alejado de las filas militares para, y con mucha razón, encontrarse con la mujer que siempre amó. Christine Darbon, representante de la joven francesa, inquieta y muy coqueta. Otro personaje importante aparece: Fabienne Tabard (Delphine Seyrig) y como dice Antoine: no es una mujer, es una aparición.
Antoine es excesivo en algunas ocasiones. Su obsesión por Christine lo hizo escribir cerca de 14 cartas en una sola semana, y encima exigía que le respondieran a cada una de ellas. El resultado: no mandó ni una sola más. Pero claro, cómo querías que alguien se dedique todo el día a responder cartas. Antoine, a veces me pregunto, cómo es que encontrabas tiempo para escribirme tantas cartas. Yo también me lo pregunto.


Muchos odian tu peinado y tus gestos exagerados, pero quién podría decir algo acerca de tu forma de actuar y no me refiero a Jean – Pierre, sino a Doinel, porque sus acciones son tan naturales y simples que parecen perfectas. Quizás no estás actuando y sólo representándote como un fantasma dentro de una película. Antoine es ingenuo pero su habilidad por descubrir y lanzarse al mundo es envidiable.


Tener en cuenta

Las relaciones amorosas siempre tienen que pasar por un proceso largo. Quien no tiene paciencia, este lapso de tiempo lo tendrá que aceptar, hasta con resignación. Pero quien comprende este momento de “pre-relación”, entonces tendrá que usar todas las herramientas posibles para lograr su objetivo. Me refiero al enamoramiento. Al encubrir la frialdad y egoísmo que todos tenemos para representarnos de la mejor manera y atraer al mismo tiempo a nuestra mitad “perfecta”. Antoine, es de aquellos que comprende esta situación. Christine es la mujer que ama cada paso que da y cada movimiento que hace Antoine. Esto sirve para que toda la relación fluya naturalmente. Nada de presión. Sin forzarlo. Como si el agua del río recorriera cada centímetro con tan sólo la fuerza del viento.

Anoto esta apreciación meramente subjetiva y personal porque es necesario remarcarlo, puesto que al final de este pequeño artículo, expondré mis ideas finales con respecto a este “proceso de enamoramiento”.



Entonces, en qué iba…

Antoine es un hombre común y corriente. Truffaut es un hombre común y corriente. Yo soy un hombre común y corriente. Y para sentirme atraído por esta película, el personaje, el director y el espectador deben de ser una persona común y corriente.
Recuerdo que durante la película, Doinel se topa con un par de amigos en la calle. Lo reconocen, él los reconoce también, intercambian un par de palabras, se desean buena suerte, y adiós. Me preguntaba, después de ver la cinta, con cuántas personas me he topado últimamente en la calle. Y la última vez me encontré con un amigo mío con el cual formamos un grupo de rock. Ahora estaba con esposa, suegra e hijo. (¿no le pasó algo parecido a Antoine?). Bueno, la vida está llena de esos encuentros. Te hacen pensar sobre tu vida. Qué has hecho durante todos estos años. Si no te has metido al ejército como Doinel, ¿has perdido tu tiempo en otras cosas? ¿Has formado una familia? ¿Es ese tu objetivo? ¿O has estado buscando a tu Christine? Si es eso, me uno a ti, estimado lector o lectora, porque si has estado buscando a tu amor, entonces no has perdido el tiempo.

Cambiando un poco de tema y volviendo a Francia, la vez pasada le contaba a “mi Christine” mis experiencias cuando viajé para allá, precisamente sobre los desayunos insípidos de los franceses (sólo desayunos, porque los almuerzos son todo un ritual). Sólo leche, tostadas y mantequilla. Eso mismo podemos observar en las últimas escenas de la película. Pero mientras Christine unta mantequilla en la tostada (debajo de esa tostada hay otra más para que no se rompa la primera), le dice a Antoine (que rompió una al untarla con mantequilla): Yo te digo lo que sé, como esto de la tostada y tú a cambio me enseñas todo lo que sabes. Muy bien, responde Antoine. No existe frase más dulce y amorosa que esa.



Christine, eres todo lo que un hombre necesita. Una mujer que sepa lo que es la vida y que sepa cómo funciona. El intercambio de conocimientos, es un hecho del que no todos estamos concientes. Nuestro ego nos hace retroceder en vez de avanzar y nuestra incomunicación nos hace cometer muchas cosas innecesarias. Por qué no enseñamos y dejamos que nos enseñen.

Otro tema completamente diferente es el contacto que tiene Antoine con Fabienne Tabard. Quizás sea un poco exagerado, pero para nada inverosímil. En Francia más que aquí por cierto, esto puede ser algo mucho más natural. La conexión y la atracción física entre ambos suponen un deseo incontrolable. Doinel trata de evitarlo pero lo único que hizo fue reforzar la situación. El querer fugarse de su responsabilidad, lo convierte en víctima de “acoso”. Un acoso, valga decirlo, sujeto a normas de acuerdos mutuos. Un pacto que le será imposible romper. Su “aparición”, se le aparece en su departamento. Quién podría decirle que no a Fabienne. Con esa sonrisa cautivadora y esa mirada atrevida. Y no es necesario mostrar algún desnudo para mostrar lo sensual que una mujer puede ser con tan sólo una frase excitante.

Para terminar...

Y regresando a un tema que quedó inconcluso en párrafos anteriores, el “proceso de enamoramiento” debe y tiene que ser un proceso de largo aliento. Quiero decir, que dure algunas semanas o días por lo menos, pero nunca que se resuma todo en una sola proposición.

Mientras Antoine y Christine consolidan su relación y establecen formalidad, pasean por las calles parisinas con la más soltura y libertad que nunca. Se sientan en una banca vacía a descansar. Es cuando Christine observa, de nuevo, al hombre que ha estado siguiéndola los últimos días con mayor frecuencia y sin tratar de ocultarse. Christine le cuenta esto a Antoine y esperan con cierta impaciencia que el hombre desconocido se les acerque.


Después que este hombre desconocido le dedica algunas palabras a Christine, diciéndole que está enamorado y que la ama como a nadie en la vida y que pasarán la vida juntos y que todo el mundo engaña y él es diferente, al final le dice: Yo soy muy feliz. Luego que se retira, la joven dice: ese tipo está completamente loco.
Truffaut nos ha expuesto dos puntos de vista. El primero es el de Doinel que trata de caminar lentamente en los terrenos desconocidos del enamoramiento. El segundo lo representa el desconocido. Qué pasa si uno se acerca a una mujer y le dice exactamente esto: Cásese conmigo porque soy sincero y la amo. Nos tildarían de locos seguramente. Pero no necesariamente tiene que ser ese el resultado de tal afirmación. Uno, y esto es estrictamente personal, se puede enamorar con tan sólo ver a una persona.
Por qué no.

Paco Pulido Spelucin

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Sunday, May 13, 2007

- LOS MUERTOS -




PARALELO SPELUCINE: Los Muertos (2004)
Una película de Lisandro Alonso
"Verano en Argentina. Verano en el cine.
Verano en las pupilas. Verano en la mente.
Verano en las palabras. Verano en la muerte.
Verano en la selva. Verano en el mismo verano”.
El Verano
Una caminata borrosa, sedienta de inexplicables sucesos empaña la primera escena. El verde de la selva se mezcla y se “deja asomar una punta de verano”, como diría mi socio Martín Adán, entre las ramas de los árboles, mientras que la tierra fangosa hace más pesado el paseo intermitente entre lo oscuro y lo brillante.
Unos cuerpos en el suelo, extendidos en el suelo mojado y negro. Una mirada dubitativa, extraña, entendemos que el personaje está comprometido con eso y con todo, con el verano y con el sol y con las hojas y con todo. El aire es el cómplice y nosotros, los espectadores lo vemos como un espectáculo macabro, interior, permitido para ser distracción imperturbable, sin aliento para más. Luego, una mancha verde sobrepasa las fronteras entre el lente y la pantalla y nos volvemos verdes como la selva misma. La música de los insectos, el color de la naturaleza, escuchamos con nuestros ojos y sentimos la expansión de los sentidos. Todo acaba luego de unos largos minutos. Todo acaba.
Vargas, el pelucón Vargas
Un día antes de que Vargas saliera de la cárcel, el director de este filme, Lisandro Alonso, nos muestra cómo este personaje vive entre su pasado, entre otros convictos, entre cuatro paredes, entre sus actividades y entre el encierro. Pasar varios años en una cárcel carcome las profundidades de la carne y de la mente. Un encierro te hace perder el sentido del tiempo mientras que éste sigue su camino como si no le importara absolutamente nada.
Vargas tenía actividades simples pero importantes. Un taller de carpintería hacía trabajar sus músculos, que por cierto necesitan ser ejercitados para hacerle sentir vivo. Tomar mate con sus amigos y conversar mientras observan juntos el atardecer, momento en el cual ellos deben de regresar a su celda y esperar, echados en su cama, el día siguiente que viene con el mismo sol, con el mismo calor, con las mismas actividades, con la misma monotonía de una cárcel.
Pero este día para Vargas es diferente. Aunque parezca el mismo, es diferente. Y es diferente porque saldrá en unas pocas horas en libertad. Ya todos en el penal saben de su destino. Ya todos lo felicitan, suerte Vargas, que te vaya bien, gracias, gracias y todo parece hendirse en una naturaleza eternamente completa y feliz. Vargas no rebosa de felicidad pero quiere empezar a disfrutar cada segundo que le resta en aquél lugar.
Vargas se afeita, se corta el cabello, recoge sus pocas pertenencias, se tiñe de regocijo interior, claro que sí, claro que está contento, claro que quisiera bailar y beber y ser como siempre lo fue porque va a salir, será libre por fin y todo será como lo fue antes. Podrá sentir la naturaleza con sus manos, podrá escuchar el agua del río y el calor de la tierra seca. Vargas saldrá muy pronto. Él sabe que se siente bien y sabe también que todo será como antes.
Vargas, el ser humano


Antes de ser puesto en libertad, Vargas es llevado por un guardia de seguridad a la oficina en donde firmará un oficio, burocráticos papeleos que siempre hay en la vida. Cuando llega, el oficial le lee el oficio. Me firmás aquí. Bueno. Y también me firmás aquí. Bueno. (El oficial le da el peculio correspondiente por ley, Vargas agradece.) Quedas en libertad. Bueno. Vargas es imperfectamente perfecto. Su calidez de hombre común y corriente, su sincero arrepentimiento lo retrata en sus pocas palabras. Su madurez y resentimiento se ha esfumado para converger en una especie de ser estupefacto por la sentencia del destino.

Su libertad lo asombra. Mientras espera la camioneta que lo llevará al paradero más cercano, su mirada no puede contenerse al dirigirla afuera, a la calle, al “aire libre”. Cada acción y cada movimiento es ingenioso, su naturaleza lo atrae a lo consecuente y extrae de sí mismo una coraza empleando resignación y calor interno.

Vargas, simplemente Vargas



Al llegar al pequeño pueblo, Vargas va en busca de elementos perdidos en el tiempo. El hecho de comprar en una bodega le significa algo intenso no sólo al personaje sino al espectador al escuchar su voz. Su voz ronca, escueta y parca. Sus palabras empleadas las escuchamos como si salieran desde el fondo de su pecho, como si el oxígeno utilizado para pronunciarlas hubiese pedido permiso al corazón. El vendedor es tan natural que pareciera que fuera un documental y no una película de ficción. Luego, se dirige a comprar ropa para su hija.

¡Qué genio eres Lisandro! Colocas pureza y magia en sus palabras. Te has puesto en las venas de su respuesta y has mirado con inteligencia. ¿Qué talla es su hija? Es chica, es grande, es mediana. Y la verdad que no tengo idea cómo puede estar ahora… ¿Y le digo los precios? Ah, sí dígame, Ésta vale quince pesos, ésta vale doce y esa vale nueve pesos, Ésta déme… ¿Algo más señor? No, eso no más, es que ando corto de plata, Ah, tiene poco dinero. ¡Maestro Vargas! no sólo tienes la intención, sino que eres humano como todos nosotros. Has padecido infiernos, seguro que sí, pero eres padre y eres tú con tu honestidad, tu poco dinero, tu cabello corto y eres tú con tus inmensas ganas de incurrir en el deseo de todo ser humano: seguir viviendo.
Después de tener un encuentro fugaz y antiestrés con una prostituta y de conversar con algún viejo amigo o conocido, que además le hizo recordar su pasado y él velozmente responde: ya lo olvidé, ya me olvidé de todo eso, se sube a la balsa, una balsa “musardina” como decía mi bisabuelo Alcides, con agujeros, despintada, maltratada por la vida. Los dos, se unen en un viaje, un interminable viaje.
Vargas y el camino interminable


Un par de remos, un poco de vino, un maletín pequeño, esperanza a borbotones, fe en la continuación, libertad en las partículas de oxígeno que tocan su piel arrugada, y una naturaleza que lo acompaña. Estos elementos dispares y comunes encienden la mecha de la tranquilidad. La película se vuelve contemplativa aún más que al principio. Estos minutos que restan se la dedica exclusivamente a Vargas, este señor arrepentido y viejo que observamos mientras que la balsa lo arrastra por la corriente del río manso y la claridad subyugante.

Vargas, señor, usted que es libre y sosegado, vaya a ver a su hija, sí, tranquilo, no desespere, yo sé que ha esperado muchos años y ahora que tiene la oportunidad, camine lentamente por el tiempo. Vargas no se detiene ni un instante y continúa. Lo único que quiere es ver a su hija. Llevarle algo. No ir con las manos vacías. Sentirse como en casa. Imaginarse despertando en la selva junto a sus nietos. Bañarse en el río, enseñar el arte de sobre vivencia a sus nietos y contarles algunas cosas del pasado. Vargas, señor, continúe ese trayecto que todos esperamos algún día hacer. Vivir sin remordimientos, vivir tranquilos, vivir en paz.


Paco Pulido Spelucin

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Tuesday, May 01, 2007

PARALELO SPELUCINE: DOUBLE INDEMNITY (1944)




A Honey


Walter, conciencia subterránea
Double Indemnity


Cómo será mi piel junto a tu piel,
… cómo serán mis despertares
…”
Cardo o ceniza


“La primera impresión
siempre implica todo.
La estatura, el cabello, los ojos,
el cuerpo completo,
los movimientos, la risa y la palabra.
Todo importa
en esos pequeños segundos de la vida
en donde precisamos y decidimos
con quién pasar la vida entera
y de quién enamorarse
hasta los huesos.”
Walter piensa y nosotros escuchamos. Nos presenta a su alma en el mismo instante en que mira a Phyllis semi – desnuda, cubierta con tan sólo una toalla y se le derrite el alma. Sus palabras quedan cortas. Su mirada lo dice todo. Recordamos al mismo tiempo cuando, alguna vez, se nos presentó una hermosa mujer delante de nuestros ojos con amabilidad y dulzura y nosotros sólo atinamos a sonreír, al igual que Walter, que el genial Walter.
Al día siguiente, Walter comienza su camino a la perdición. Aquella en la cual está implicada toda su vida. Ya sabe lo que pasará, ya sabe que la desea y que su pensamiento animal, conjugado con ese perfume que le dejó impregnado en su piel, decidirán su tortuosa muerte, poco a poco, lentamente. Los ángeles no existen, se repite una y otra vez, pero no le importa porque tampoco el demonio y Phyllis no puede ser ni uno ni otro.
Todo se sabe y todo se sabrá algún día. Walter lo sabe. Insiste en seguir imaginando cómo será su piel y cómo será despertar a su lado. Está completamente seguro que lo que quiere es estar con la rubia intrigante y atrayente. Además, ella lo busca, lo llama, le deja mensajes en su oficina de seguros. Walter piensa, ya sabe qué es lo que quiere pero no le importa. Sigue con ella y aún más, le hace caso, la comienza a amar y a querer.
¿Quieres que mate a tu esposo? Está bien, planeemos y luego nos quedamos juntos, juntos para siempre. ¿Moral? ¿Honor? ¿Ética? ¿Valores serios y sobrios? Walter se ciega absolutamente y no se arrepiente el más mínimo segundo, al contrario, se anima y se convence de su innata capacidad de engañar hasta a su propia sombra. – ¡Walter, no desistas!
Las cartas están sobre la mesa. El hecho sucederá sí o sí. Los protagonistas están preparados. Walter ama a Phyllis y viceversa. ¿Quién no ama en esta vida? Todos amamos, nos comportamos como amantes cercanos o distantes, da lo mismo. Pero el amor que profesa Walter nunca lo hemos imaginado, ni siquiera lo tenemos como posibilidad. Porque Walter es amante de la vida, tanto como lo es de la muerte.
El plan cae, se levanta, se vuelve a caer y se vuelve a levantar y como a un niño de dos años hay que alimentarlo pero de secretos, estafa, miedos, suposiciones, imaginación y una buena porción de perversidad.
El secreto se convierte en una piedra pesada y puntiaguda que no logra quedarse en la mente de Walter. Phyllis es hipócrita y él lo sabe. Se desvanece la sociedad, el mutuo acuerdo. Walter se entera que Phyllis está viéndose con otro hombre. Qué indignación y qué impotencia. Traicionar a Walter, a aquél hombre que lo dio todo, su profesión, su amor, su vida.
Esto tiene que terminar y como dice Walter: yo me bajo del tranvía en esta esquina, y no seguir hasta la última parada: el cementerio. Phyllis está sentada, fumándose un delicioso cigarrillo y Walter despidiéndose. Ambos se miran, se explican cosas, se torturan con palabras hirientes y con palabras inocentes. Walter no puede más y su enojo lo convierte en ira. Phyllis no acepta que nadie le diga qué hacer y menos Walter, una persona que nunca amó. Sí, Walter, nunca te amo y te lo está diciendo. Tú ya lo sabías pero no quisiste darte cuenta.
Phyllis saca el arma que tenía escondida debajo del sofá. Apunta sin dudar. Dispara y Walter se sorprende pero ya sabe qué hacer con ella. Manejar su desesperación. Se acerca. Deja de respirar. Le duele demasiado su brazo pero aguanta. La enfrenta sin pistola. Ella no vuelve a disparar porque le dice que lo ama. ¿Qué? ¿Estás diciéndome que me amas?- lo siento no te creo, le dice Walter - adiós nena-. Se oye un disparo. Phyllis cae al suelo. Walter malherido sale de la casa.
Walter, intenso, increíblemente desquiciado por amor. Locura incontrolable. Su conciencia asquerosa lo destroza y decide contarle todo a su jefe. Lo deja grabado en su máquina grabadora. Se desangra cada vez más. Amanece, la oscuridad, el frío, la culpabilidad. Todo ha acabado Walter, ya no puedes salir ni escapar. Walter tiene esperanzas. Todos tenemos esperanzas pero Walter ya no tiene oportunidad. Se desangra, se desangra y no puede hacer nada. Su jefe lo encuentra. Se fuma un cigarrillo. Oscuridad. Frío y culpabilidad. Fin.
Paco Pulido Spelucin

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Saturday, April 21, 2007

PARALELO SPELUCINE: "LOS AMANTES DEL CÍRCULO POLAR" (1998)




Naturaleza = Coincidencia
Los Amantes Del Círculo Polar
Estoy seguro que todos, alguna vez, hemos creído que la vida está llena de coincidencias -en todo caso, por qué no creer en ellas-. Pero hay algo que está más allá de una simple coincidencia y eso es la simple naturaleza de las cosas.
Los Amantes Del Círculo Polar es una película llena de la “naturaleza de las cosas”, valga decir, de coincidencias. Los primeros minutos son intensos. Julio Medem, director del filme, nos muestra la personalidad de los personajes, Otto y Ana, desde que eran niños. Y son su ingenuidad y su pureza la que nos sorprende y enternece. Para esto, el director tiene una peculiar forma de contar la historia. Podríamos estar viendo dos películas en una. Una es desde el punto de vista de Otto, con voz en off que completa sus acciones y la otra desde el punto de vista de Ana.
Existen tres momentos marcados en Los Amantes…: La niñez, la adolescencia y la juventud. La niñez de Otto nos revela situaciones claves para entender luego sus posteriores reacciones. Pero su adolescencia también es tan dramática como su juventud que es cuando pierde a su madre. Los sentimientos y sensaciones que ambos personajes viven son intensos y diferentes. Y existen escenas que no se borran de la mente fácilmente.
La escena que comentaré a continuación, se da lugar en el jardín de la casa en donde vivían Otto, Ana, la mamá de Ana y el papá de Otto. Todos como una familia se iban a tomar una foto pero mientras esperan que el papá de Otto cuadre la cámara en el trípode, Ana le da un pequeño papel a Otto en el cual decía: Esta noche te espero en mi cuarto, salta por la ventana ¡Valiente!
Otto la mira. La cámara en contrapicado lo observa. Ana lo observa y la cámara en picado la observa a ella. De pronto la cámara de fotos está lista y empieza a sonar una alarma avisando que faltan pocos segundos para que salga la foto. Otto arruga el papel en su mano para que nadie lo viera. El papá dice: Venga chicos, poned la mejor sonrisa de vuestra vida. Y se escucha salir de los labios de Ana, como susurrándole al oído dice: ¡Va - lien - te! Va - lien - te!
En la próxima escena, Otto, sin ningún tipo de expresividad en el rostro, decide ir la habitación de Ana. La atmósfera es muy oscura, azul, el ruido de las ramas de los árboles suenan gracias al viento que sopla muy fuerte, Otto intenta despertarla pero ella no logra hacerlo. Él la destapa un segundo y la ve desnuda. Le pone el papel con el mensaje en su mano, para que cuando se despierte por la mañana, se entere que estuvo en su cuarto y no despertó. Y se va.
Cuando sale de la habitación de Ana, se queda un rato afuera en la intemperie, mirando las ramas moverse. Se mete la mano al pantalón y se masturba por unos segundos. Se vuelve a meter a su habitación. Se desnuda frente a su ventana y empieza a masturbarse de nuevo. Haciendo eso se echa en su cama de espaldas. Se demora cinco segundos para darse cuenta que Ana lo estaba esperando echada en su misma cama. Se sorprende. Ella se voltea, le da la cartita y se empiezan a besar desnudos.
Una escena muy íntima. La composición de la luz la convierte en secreta. El sonido de las ramas que golpea el viento son sus únicos cómplices. La pureza de sus almas se juntaba después de muchos años de conocerse. Se expuso al fin el amor de unos adolescentes frente a nuestros ojos. Y sin embargo...
A pesar que el sueño de Otto se hizo realidad, no mostraba signos de alegría. ¿Acaso su pasión y excitación consistía en la imagen inalcanzable, en lo imposible y ahora que lo tenía, poco importa? Recuerdo una frase de Oscar Wilde: hay dos grandes tragedias en la vida, éstas son: la conquista de la persona amada y la pérdida de la persona amada. Medem, parece seguir el consejo de Wilde utilizando a Otto como elemento principal. La conquista de su “media hermana” lo mantiene sosegado y triste, mientras que la pérdida de su madre lo transforma en algo insano y dañino. La excepción es Ana, que en su mirada y su sonrisa reflejaba todo el amor que se brindaron por mucho tiempo.
Otro tema que muestra Medem en esta película es el tema de la familia. Desde que empieza la película, Otto va perdiendo a su familia. Su padre deja a su madre. Y el padre de Ana fallece y su madre encuentra a otra persona (en este caso, el padre de Otto). Luego la madre de Ana se va con otra persona que, valgan las coincidencias, se llama igual que el padre de Otto y de nuevo una familia vuelve a desaparecer.
¿Acaso no existen las familia felices en estos tiempos? ¿La fidelidad de las relaciones maritales es tan irreal, inverosímil y exigua que no pueden sobrevivir más que sólo algunos años? Existe el amor -eso sí se puede apreciar-, pero ¿por qué no existe la familia con amor?
Otto y Ana, después de ser una familia y ser amantes en la intimidad de las noches, se separan. El destino los hace cruzarse sin que ambos se den cuenta. Pero el Círculo Polar hace que se encuentren de manera subjetiva para Ana, y de manera objetiva para Otto. Medem siempre diferencia los puntos de vista entre ambos.
Una coincidencia más (y valga las verdades, una bastante forzada) hace que los protagonistas, que los amantes terminen en uno de los lugares más maravillosos de la tierra. Maravilloso no sólo por la naturaleza virgen, sino porque el astro rey, el sol, no desaparece en verano y en invierno se oculta siempre. El circulo de la vida se rompe en este lugar (Finlandia), es por este motivo que los personajes terminan un circulo de coincidencias y de amores y de pasiones.
Esta película cae en sus coincidencias, y su extrema reflexión del protagonista lo eleva a un nivel diferente al de la realidad. Pero, a pesar de estas objeciones subjetivas, la fotografía resplandeciente en casi toda la cinta, las perfectas actuaciones, tanto de los niños como de los adolescentes, la música sosegada y el movimiento de cámaras, el cual le daba el sentido de los puntos de vistas explicados al detalle, hacen que esta historia sea digna de apreciarla y de sostenerla en la mente, extrayendo de ella la esencia, esa esencia que los protagonistas nos hacen notar a cada palabra, a cada acción y a cada segundo en que van creciendo y en que van sometiéndose a la vida.
Paco Pulido Spelucin

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Tuesday, April 03, 2007

PARALELO SPELUCINE: LEAVING LAS VEGAS (1995)



Amores perfectos
Leaving Las Vegas
Escribe Paco Pulido Spelucin
“Have you ever had the feeling
That the world's gone and left you behind
Have you ever had the feeling
That you're that close to losing your mind…”
Angel Eyes - Sting
Las Vegas posee en sus entrañas elementos perniciosos para todo ser humano. Nació, dicen algunos, gracias a un pacto eterno entre el diablo, el hombre y el vicio. Además en esa ciudad, el dinero, la prostitución, la soledad, el egoísmo y el alcohol son inmunes al aniquilamiento, a la extinción. Sumados a la maldición constante de la apuesta y el color intenso que por las noches se recrea una y otra vez con sus figuras llamativas parpadeantes de neón, aparece en contraparte una celestial unión de fuerzas contrarias: la noche y la luz, abasteciendo de inmoralidad la mente de los asiduos y permeables visitantes.
La primera escena es desagradable, tenebrosa y repugnante a pesar de la trivialidad que muestra. La cámara persigue a Ben (Nicolas Cage) por el supermercado, y mientras él llena su carrito de compras con muchas botellas de licor, lo vemos bailar, mover los brazos, silbar y pasarla muy bien. Pero sabemos que en el fondo, su vida no vale nada y que lo único que quiere hacer, es matarse lentamente.
¿Alguna vez hemos pensado como Sting en su canción que el mundo nos está dejando y que estamos muy cerca de perder la razón? ¿Cuánta amargura podríamos resistir antes de decidir matarnos poco a poco?
Su mujer lo dejó pero él no sabe si fue antes o después que decidió matarse bebiendo alcohol. Tuvo una familia y tuvo un hijo. Tuvo un gran trabajo con mucho éxito. Todo esto lo tuvo y ya no lo tiene. Todo se le vino abajo. Y simplemente ya no quiere seguir luchando ni seguir recordando. Su suerte se terminó y la clausuró al decidir no seguir viviendo.
Ben se despide de su trabajo, de sus amigos, de su casa... y aquí es en donde me voy a detener. Pero antes de entrar a describir esta escena “de su casa” con toda su majestuosidad dramática y trágica, busquemos la razón por la cual Mike Figgis, director del filme, nos sumerge, juntos con las imágenes, con la música de Jackie Wilson, cantada por uno de los integrantes de Doobie Brother, Michael McDonald.
Figgis, así como encontró a Sting para la primera escena en donde claramente, el jazz y la voz suave del cantante de The Police, nos enternece, deleita y describe a Ben, encaminado a perderse en la muerte, encuentra, para esta escena una canción perfecta.
“My heart is cryin',cryin'
Lonely teardrops
My pillows never dry of
Lonely teardrops
Come home, come home
Just say you will, say you will (say you will)
Say you will (say you will)
Hey, hey (say you will)…”
Lonely TeardropJackie Wilson
La voz de McDonald y su estilo es preciso pero no debemos de olvidar que esta canción es de Jackie Wilson, y que llegó al número 7 en la lista TOP de Estados Unidos, a pesar que en el 59’ los cantantes de raza negra no eran muy solicitados ni populares ni nada, a pesar de eso, eran los que llevaban el ritmo y la genialidad por adentro.
McDonald pinta la escena con su voz un poco grave, pero con mucha fuerza y muy entonada, justo en el momento cuando Ben quema todo lo que le queda dentro de su casa, pero también embolsa las que se pueden botar, y decide viajar a Las Vegas. En su impotencia de desaparecer de su vista todo lo que posee y recuerda, se encuentra con la bicicleta de su hijo. Es azul, pequeña y reluciente. Se detiene frente a ella y se le derrumba el mundo mientras que McDonald sigue cantando: “Ven a casa, ven a casa, sólo di que lo harás, sólo di que lo harás…”
Pero lamentablemente también hay otros recuerdos como las fotos que alguna vez se tomó con su familia. Ben a la izquierda, con sus lentes oscuros que no los deja en toda la película, su hijo pequeño y su esposa, rubia y muy simpática. Todos sonríen, la foto quemándose lentamente, McDonald sigue cantando: Sólo dame una oportunidad para nuestro romance, ven y dime que un día retornaras, porque cada día que te has alejado de mi, mi corazón no hace nada más que quemarse, llorando….”
De pronto amanece, y parte rumbo a Las Vegas. La música sigue sonando, el cantante de Missouri sigue con su jazz – pop - R&B. La autopista sigue llevando a Ben a la ciudad del vicio. De pronto llega la noche con las luces de neón de la ciudad. La música parece que llega a su final, mientras el suicida sigue tomando licor. Y gracias a la perfecta edición de Figgis, la orquesta de música se detiene con una nota aguda de trompetas al mismo tiempo en que Ben frena al seco para no atropellar a Sera (Elisabeth Shue), que se le cruza por el camino cuando éste se pasa la luz roja. El silencio de algunos segundos ahora es reemplazado por la dulce voz de la prostituta y la del alcohólico. Sera le recrimina por pasarse la luz, él dice: ok. Y luego Sera se va alejando, moviendo las caderas, con su minifalda de cuero, y con los últimos acordes de Lonely Teardrops, la canción que acompaña todas estas fabulosas escenas.
Lo que viene a continuación es una historia de amor de las que NO se ven muy a menudo. Casi todas las parejas, por no decir todas, tienen su conflicto con el qué dejar hacer y qué restringir a su compañero o compañera. Aquí es donde Figgis y O’Brien (escritor de la novela autobiográfica de la cual se basa la película), tienen un punto de diferencia con las demás películas.
La aceptación de la pareja es el punto más difícil de sobrellevar en una relación. Pero también tiene un punto en contra. Mucha “aceptación” se puede mezclar con la irresponsabilidad y el egoísmo. Sin confundirnos ni entrar en temas complejos, describiré la relación extraña y profunda de los protagonistas.
Uno de los puntos críticos de Leaving Las Vegas es cuando la pareja decide vivir juntos. Todo empieza cuando Sera invita, de manera casi obligatoria a Ben para que se mude con ella y vivieran juntos. Es aquí cuando Ben le pone la única condición que vale y sirve en su condición de suicida. Le dice puntualmente: Nunca me pidas que deje de beber, ¿has entendido? A lo cual, ella le responde: Sí, he entendido.
Luego vendrá la de Ben cuando se refiere al trabajo de prostituta. Le dice: no me disgusta, pero tampoco es indiferencia. Tenemos dos afirmaciones que nos resultan, utilizando nuestra lógica “normal”, absolutamente desquiciadas, excéntricas y hasta imposibles.
Es aceptar que la persona que amas se autodestruya –moral (ella) y físicamente (él)- mientras lo sigues amando, noche tras noche. Se trata de una exageración, pero ¿el amor, acaso, no es aceptar a la otra persona con sus defectos y errores, con las exageraciones que esto implica? ¡Cuán posible será que nosotros aceptemos que la otra persona sea feliz, haciendo lo que quiera hacer, sin que nos afecte a nosotros también!
Pero existe un quiebre en esta promesa. Llega un punto en que Ben simplemente se molesta y se incomoda. Y Sera lo odia y él también a ella y ambos se molestan por unos segundos. Pero dudan y se dan otra oportunidad. Ben no es Dios como para aceptar que su mujer se vaya a trabajar con su cuerpo sin que le afecte. No puede con su machismo ni con su ego.
Ben hizo que Sera se sintiera muy incómoda. Le regala uno aretes y le dice: “y podrás sentirlo afilado y caliente debajo de tu oreja cuando algún tipo te ponga boca abajo con la cara hundida en la almohada”.
Un silencio inunda la pantalla.
Ella se sonroja, se avergüenza, sus ojos se muestran llorosos, un gesto suyo nos perfora el corazón porque quiere que la tierra se la trague. Ben la mira, se da cuenta que lo que le dijo estuvo muy mal, se para y se dirige a la salida del restaurante. Ella le dice: Ben, espera, deja su orgullo a kilómetros de distancia y parte detrás del alcohólico suicida.
Acaso en algún momento se nos cruzó por la cabeza reflejarnos en alguno de esos personajes. Nos dan pena y sentimos remordimiento ajeno, pero a ver si nosotros podemos ser tan “valientes” como ellos. Aceptar a la pareja, sea lo que sea, y además autodestruirnos a nosotros mismos. Es una situación tan compleja que al mismo tiempo la convierte en ejemplar.
Un amor perfecto: aquel que deja ser feliz al otro, pase lo que pase.
Esas pocas semanas que están juntos, Sera y Ben viven momentos inolvidables. Se ríen y se besan y la pasión se exalta con mucha calidad visual y sonora. La pasión por el sexo está siempre presente en ellos. Pero esos pequeños momentos duran muy poco. Casi nada. Se disuelven como la sobriedad en Ben, y como la reflexión moral de Sera.
La muerte de Ben dura pocos segundos. Mira a Sera que está a su lado, emite un gemido, y su mano la deja caer unos centímetros. Todo acabó para él. Ella reflexiona. Recuerda con amor a Ben, pero antes que la película muestre al hombre sonriendo por las calles en flashback, surge, acompañado de unos acordes de piano, la voz de Sting con My one and only love (Mi primer y único amor) y con un melodioso swing de jazz, con altos, bajos, medios y una ternura absolutamente pura y fascinante.
“The very thought of you makes
My heart sing
Like an April breeze
On the wings of spring
And you appear in all your splendor
My one and only love

The shadows fall
And spread their mystic charms
In the hush of night
While you're in my arms
I feel your lips so warm and tender
My one and only love…”
My one and only loveSting
Así termina este gigante drama de amor, alcohol, prostitución y sobre todo “Aceptación”. Así como todo cambia en esta vida, este “Perfecto Amor” no pudo durar para siempre y es por eso que ella, en la última escena, pareciera continuar su vida, pero con la huella de Ben en su corazón, así como Ben murió a su lado, mirándola y sintiéndola hasta el final.

Paco Pulido Spelucin

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